Con el corazón rebosante de alegría

15 de septiembre de 2021

Y aquel puñado de hombres –cubanos y dominicanos- que habían jurado que Cuba sería libre,- abandonan la “playa de piedras y espinas” a donde acababan de arribar, e inician, tierra adentro de la patria, la ingente lucha por la libertad; urgido el Apóstol -como dijo a Gonzalo y a Benjamín- “de concertar las voluntades, para los golpes primeros, y dar a la guerra forma y significación”. Embriagado por el ambiente patrio, que tanto idealizó en sus amargados destierros, pinta el estado de su alma, desde las montañas de Baracoa, con estas sublimadas expresiones:

“… Refrenaré mis emociones. Hasta hoy no me he sentido hombre. He vivido avergonzado, y arrastrando la cadena de mi patria, toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo. Este reposo y bienestar explican la constancia y el jubilo con que los hombres se ofrecen al sacrificio…”

“Solo  la luz es comparable a mi felicidad…”

El Generalísimo Máximo Gómez, en su diario de campaña, el día 14 de abril de 1895, escribe:

“El camino es difícil, trepamos por montañas largas y empinadísimas; la marcha es terriblemente fatigosa y cargados como vamos todos, caminamos a puros esfuerzos. Nos admiramos, los viejos guerreros acostumbrados a estas rudezas, de la resistencia de Martí  que nos acompaña sin flojeras de ninguna especie, por estas escarpadísimas montañas.”

El Delegado lo fija en su Diario, como el Día Mambí y lo trasunta en esta breve escena de la campiña en tiempos de guerra:

“..Salimos a las 5. A la cintura cruzamos el río, y recruzamos por él, bayás altos a la orilla. Luego, a zapato nuevo, bien cargado, la altísima loma, de yaya de hoja fina, majagua de Cuba, y cupey de pina estrellada. Vemos acurrucada, en un lechero, la primera jutía. Se descalza Marcos, y sube.  Del primer machetazo la degüella: “Está aturdida”: “Está degollada”. Comemos naranja agria, que José coge, retorciéndolas con una vara. “¡qué dulce!  Loma arriba. Subir lomas hermana hombre. Por las lomas llegamos al Sao del Nejesial: lindo rincón, claro en el monte, de palmas viejas, mangos y naranjas. Se va José. Marcos viene con el pañuelo lleno de cocos. Me dan la manzana Guerra y Paquito de guardia. Descanso en el campamento. César me cose el tahalí. Lo primero fue coger yaguas, tenderlas en el suelo. Gómez con el machete corta y tira hojas para él y para mí. Guerra hace un rancho; cuatro horquetas: ramas en colgadizo; yaguas encima, todos ellos, unos raspan coco, Marcos, ayudado del General, desuella la jutía. Las baña con naranja agria, y la salan.  El puerco se lleva la naranja; y la piel de la jutía, en la parrilla improvisada, sobre el fuego de leña.”

Cuando de pronto, un ruido extraño surge en medio de la vereda y saltan hombres gritando:

“¡Hermanos!” “Ah, hermanos!” oigo decir, y nos vimos en brazos de la guerrilla baracoana de Félix Ruenes…”

Es el primer contacto de Martí con una fuerza libertadora organizada, en cuyos “50 hombres armados de buenas armas” nota él, complacido, la presencia de “un asturiano y un vizcaíno”, cual para dar fe de la efectividad de su fraternal llamamiento a los liberales españoles para que sirvan, como en otros países de América, a la independencia de Cuba.

Poco después continúan hasta el rancho de Tavera donde acampa la guerrilla. Ruenes los presenta y allí hablan el Generalísimo y el Delegado. Poco después “volvemos hablar” consigna el Apóstol, porque ambos son hombres que no ven “en el sacrificio de la palabra hablada, seductor para otros, más que el servicio de concordia y fundación que con ella pueda prestar a su pueblo”; oradores “cuyo afán único es hacer al discurso vehículo eficaz de la idea oportuna y útil en los instantes de la oración”. En varias oportunidades, además de las dos antes referidas, habló Martí, hasta cinco veces, con el mismo empeño de fijar en la mente de los soldados libertadores su pura, inmortal doctrina

republicana.

Al caer la tarde del 15 de abril, estando en fila la gente, sale a la cañada Máximo Gómez con Paquito Borrero, Angel Guerra y Félix Ruenes. Deseaban estar a solas los cuatro. Y desconfiando de algún próximo peligro del que lo desean ocultar se resigna el Delegado algo mohíno. Pero, poco después:

“Sube Angel guerra, llamándome y el Capitán Cardoso. Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer en mi al Delegado, El Ejército Libertador, por él su Jefe, electo en Consejo de Jefes, me nombra Mayor General.  Lo abrazo. Me abrazan todos…”

..y en el abrazo notaron todos que a Martí, las ampollas del remo y del bote que haló a tierra cuando el desembarco, ya se estaban secando.

Sería difícil destacar en aquel grupo, cual era el veterano, cual el soldado debutante y cual el Delegado que había preferido las iniciadas inquietudes de la guerra a su cómodo lugar en New York. Pero Martí, siempre realista y atento a la composición de los elementos de la contienda, el mismo día 15 escribe a Tomás Estrada Palma estas inquietadoras palabras:

“Vamos a marchar, a encararnos con las dificultades, a resistir la primera campaña de estancamiento e intriga”…

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