CON BIDEN Y TRUMP AMÉRICA ESTÁ ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

Written by Adalberto Sardiñas

20 de febrero de 2024

Mientras noviembre 5 se acerca para decidir su futuro rumbo político, América se encuentra entre la espada y la pared. Dos ancianos, ambos impopulares, hasta el momento, al parecer, representan “la única esperanza” para la estabilidad política y social del país. Nada convincente, ni conmovedor. Nos afecta una crisis no experimentada por la extensión del último siglo. La nación está polarizada. Se ha perdido la confianza en las instituciones y en la clase política. Vivimos, pues, en tiempos inciertos. Y nada seguros.

Los dos grandes partidos políticos del país no son capaces de ofrecernos figuras con limpios y claros expedientes de probidad, competencia, y proyectos atractivos para el bienestar nacional; y nos presentan, como inapetente alternativa, al actual presidente Biden y al ex Donald Trump.   

De la parte demócrata, tenemos a un presidente incumbente con evidentes síntomas de fragilidad, física y mental, cuyos múltiples frecuentes lapsos resultan altamente preocupantes, pero que, no obstante, esos impedimentos, insiste en que el electorado le elija por otros cuatro años.

Hace pocos días, un esperado reporte del consejero especial Robert Hur sobre la desautorizada posesión por Biden, de documentos clasificados, reveló que, durante las cinco horas de la entrevista, éste, mostró notables fallos en su memoria, incapaz de recordar hechos básicos de su vida y actuación como funcionario público y eventos personales. Momentos después, en una breve conferencia de prensa, el presidente, hablando sobre el conflicto de Gaza, confundió al presidente de Egipto con el de México. Y en otra ocasión, pocos días antes, igualmente confundió los nombres de los presidentes de Alemania y Francia, con mandatarios de esas naciones fallecidos largo tiempo pasado. 

Estos episodios, por su continua secuencia, obviamente son típicos de alguien con una debilitada y fallida memoria corta. Entendemos, todos debemos entender, desde un elemental principio de solidaridad humana, que estas son condiciones que la vida nos impone, y no son, en modo alguno, culpa del presidente Biden. Pero, lo que sí es culpa suya, es decirle repetidamente al pueblo americano, que es capaz de servir otro término de cuatro años con plena efectividad.

Sin embargo, el votante americano, bien informado, sabe que esa posibilidad no existe. El personal de la Casa Blanca más allegado al presidente, también lo sabe, y es la causa por la cual no le permite al presidente sostener entrevistas individuales, cara a cara, con miembros de la prensa, ni le confían, sin permanente monitoreo, sostener delicadas discusiones sobre asuntos críticos como la ayuda a Ucrania o Israel. 

Teniendo en cuenta las sabidas precarias condiciones del presidente Biden, se asoma la inevitable pregunta: ¿es su redenominación inevitable? ¡No!, en lo absoluto. Nada se puede contar por seguro hasta que un voto formal se produzca en la convención demócrata, que tendrá efecto en Chicago el próximo agosto, de donde emergerá el ganador del trofeo. Hasta entonces, todo quedará en el aire.

Allí, los demócratas confrontarán la cuestión sobre nominar a Biden, ignorando la realidad, tan plenamente visible, y asumir el riesgo, nada menor, del ascenso a la presidencia de Kamala Harris, cuyas aptitudes no son nada impresionantes, o, esperar, que, para entonces, otros demócratas, más aptos y aceptables, lancen el sombrero a la arena buscando la nominación. 

Por el lado republicano, no andamos nada mejor. Seguimos la misma ruta, pero con diferente paisaje, y la misma, o parecida, incertidumbre. El candidato que en el momento controla los destinos del partido, y su más probable nominado, como candidato a la presidencia, si las cosas mantienen su presente curso, es Donald Trump, que ya ocupó la silla de la oficina oval y que desempeñó una buena labor en el oficio, para, después de su derrota en el 2020, encapsularse en una conducta errática, surreal a veces, y absurda siempre, comenzando con su intervención, directa, o indirecta, en los fatales sucesos del Capitolio Nacional, en su irracional insistencia de que la elección le fue robada, sin un ápice de creíble evidencia, y sus intentos de cohechar a miembros del departamento de Estado de Georgia, para hallarle votos inexistentes que le ganaran la presidencia. 

No hay duda de que, en el aspecto de la salud, física y mental, Donald Trump, sin ser mucho más joven, (cuatro años) aventaja, por largo trecho, a Joe Biden. Pero, al margen de esta comparación, no deja de tener muy serios problemas, aunque de índole diferente, que no lo hacen un candidato ideal.

El ex presidente confronta varias docenas de enjuiciamientos, civiles y penales, que podrían poner en peligro las posibilidades de su nominación, independientemente de la votación de los delegados republicanos. En el caso, enteramente posible, de que fuera encontrado culpable, o responsable, fuera de los cánones de la ley, ¿le impediría tal veredicto obtener la nominación de su partido? Tal vez. O quizás no.  Eso pertenece al mundo de las hipótesis, lo imponderable, y la opinión de las cortes.

El ex presidente, comparte con el actual, la indiferencia del 69% del electorado, que prefiere otros nombres en la candidatura de ambos partidos. 

Sigo creyendo que todavía es temprano para la cita del 5 de noviembre. La cronología en política no tiene medida exacta. Y muchas cosas pueden cambiar en el curso de este 2024 para que, al final, aparezcan otros nombres en la boleta oficial de noviembre.

De lo contrario, para entonces, la nación estará, por virtud de estos dos candidatos, entre la espada y la pared.

BALCÓN AL MUNDO

Después de una vergonzosa derrota en su primer intento, el grupo republicano diz que llamado conservador, que más bien debería ser llamado perturbador, logró, en su segundo intento, impeach al secretario de Homeland Security, Alejandro Mayorkas. Por supuesto que ésta será una victoria pírrica, puesto que la pantomima caerá en derrota en el Senado, donde la inteligencia y el sentido común abundan, mientras que en la Cámara Baja escasean.

En el orden personal, Alejandro Mayorkas me es indiferente. Nació en Cuba, como yo, pero no lo conozco. Pertenecemos a diferentes partidos políticos. Sin embargo, en honor a la justicia, creo que el acto de la Cámara es improcedente. El procedimiento de impeachment es justificado ante la ocurrencia de un acto criminal, pero no por errónea aplicación de medidas administrativas o de otro orden. Además, la escuálida diferencia de la votación (un voto) significa que aún queda un poco, no mucho, de sentido común en esa ala del Congreso. 

La medida de la Cámara, que afortunadamente será rechazada en el Senado, establecería un fatal precedente para el futuro donde ningún funcionario gubernamental estaría seguro por la aplicación de medidas, de cualquier índole, si al partido de la oposición no les satisface. 

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¿Se recuerdan de aquel avión 747 que Venezuela, ignorando las sanciones existentes, le compró a Irán y que fue detenido por litigios legales en Argentina?

Bueno, a la espera de dos años, parqueado en Argentina, aguardando una final resolución, fue liberado la semana pasada, y entregado por el gobierno de Javier Milei a Estados Unidos, su legítimo dueño.

Este avión, que ya está en Miami, servía de transportación de armamento de toda clase, de Irán a sus aliados terroristas del Medio Oriente. Maduro conocía estas actividades y no se sabe por qué, le compró el avión a Irán.

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El ligero ascenso en el CPI elevó mínimamente la inflación, posiblemente retrasando la reducción en la tasa de intereses en un 0.25 que se esperaba para marzo. Tal vez, si las cosas no se empeoran, el corte tendrá efecto en junio.

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El Senado, en contraposición a sus compadres de la Cámara, aprobó un paquete de $ 95.3 billones que contiene ayuda y fondos para Ucrania, Israel y Taiwán. Pero el paquete va a la Cámara, donde nada es previsible, sino la desorientación y el caos, comenzando por su Speaker. 

Setenta senadores votaron por la proposición, y 29 en contra, en una votación que debe considerarse como un paso en el fortalecimiento de América y la democracia en un mundo que confronta el mayor peligro en muchas décadas.

¡A ver qué dice y hace la Cámara Baja!

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Pese a todos los cuestionamientos acerca de su capacidad mental, la Casa Blanca anunció, que el presidente Joe Biden no tomará una prueba de su capacidad cognitiva.

¡Umm! ¿Por qué será?

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