CÓMO ACOMETE LA SERPIENTE DE CASCABEL

Written by Libre Online

13 de diciembre de 2022

Por   WALKER   VAN   RIPER (1953)

Cuando una serpiente de cascabel acomete, ¿sus colmillos muerden a la víctima o la apuñalan? Este problema más bien de menor cuantía, pero no carente de interés ha intrigado a muchos herpetólogos, en parte porque las opiniones difieren agudamente y parte porque la cuestión no es fácil de investigar. 

Las serpientes inofensivas, según concuerdan la mayor parte de los peritos en la materia, muerden: los observadores han visto a menudo las marcas de sus dientes superiores e inferiores. Empero respecto de la principal serpiente venenosa de los Estados Unidos, las 

víboras de fosas (serpientes de cascabel, y mocasines de agua), la evidencia es ambigua. Según algunos escritores médicos, las únicas marcas que dejan estas serpientes en una víctima son dos punciones hechas por los dos colmillos de la mandíbula superior, lo cual indica que no muerden sino apuñalan, clavan los colmillos en la carne con la fuerza de la acometida sola.

Por otra parte, cierto número de experimentadores y conservadores de culebras insisten en que han visto a víboras de fosas morder como lo hacen las serpientes inofensivas.

El problema es de difícil solución porque la acometida de una víbora es en extremo rápida —demasiado rápida para que el ojo humano la analice. Hace varios años que a mí se me ocurrió que problema podría resolverse captando la acción con la fotografía de alta velocidad por medio del destello electrónico inventado por H.E. Edgerton del Instituto de Tecnología de Massachusetts. La investigación resultó ser menos sencilla de lo que parecía después de cierto número de experimentos y cambios de táctica para vérnoslas con nuevos problemas que seguían saliendo a la luz a medida que se desa-rrollaba la investigación, yo pude sacar algunos resultados netos y claros.

Las víboras de fosas son así llamadas porque tienen dos fosas faciales sobre las ventanas de la nariz. Esas fosas parecen un segundo par de ventanas nasales. Son órganos detectores del calor y, al parecer, estimulan a la serpiente a acometer contra un blanco caliente. Los colmillos de la víbora de fosa son dos largos dientes, huecos como agujas hipodérmicas conectados con glándulas venenosas que se encuentran situadas detrás de los ojos.

En reposo los colmillos están doblados, hacia atrás, contra el cielo de la boca. Cuando la víbora acomete, abre mucho sus mandíbulas y los colmillos apuntan directamente hacia adelante. Los sujetos de mis experimentos eran serpientes de cascabel de las praderas, la única especie que se encuentra en los alrededores de Denver. Al fotografiarlas, advertí que algunas de las historietas populares respecto de las serpientes de cascabel son meras patrañas. Por ejemplo: existe la noción de que una serpiente de cascabel no puede acometer hacia arriba; en realidad algunas de las mías dieron en un blanco situado sobre sus mismas cabezas. 

A la serpiente de cascabel se la pinta convencionalmente enroscada en casi toda su longitud. Desde esta posición tendría mucha dificultad para acometer, porque su cabeza daría vueltas y vueltas al desenroscarse. En realidad  la serpiente enrosca solamente la parte posterior de su cuerpo, en una o dos roscas, y su parte anterior acomete desde una postura entrelazada. Esta posición limita el alcance de la acometida de la serpiente a la mitad más o menos de su longitud total

Y ahora el problema principal. Lo primero era hacer que la serpiente acometiera para que la cámara pudiera captar su acción. Advertí que tenía que trabajar con serpientes salvajes recién capturadas, porque la serpiente de cascabel de las praderas se torna mansa bastante pronto en cautividad y entonces apenas si puede hacérsela acometer contra nada. Esto limitaba los experimentos a cortos periodos a principios del verano y a fines del otoño, cuando las serpientes emergen de sus antros de invierno y retornan a ellos. 

A mediados del verano raras veces ve uno una serpiente de cascabel a la intemperie, porque el cálido sol pronto la mataría y ella tiende a salir sólo de noche.

Comencé procurando fotografiar la acometida por el método de la instantánea, pero me resultó fútil; el tiempo de reacción humana es demasiado lento para captar un movimiento tan rápido como el de la serpiente de cascabel. Para mejorar, pues el tiempo del destello aparejé dos circuitos eléctricos que sacudieran con una descarga a la serpiente haciéndola acometer y que dispararan la cámara y la luz inmediatamente después. 

Los dos conmutadores para los circuitos podrían cerrarse en rápida sucesión con un rápido movimiento de la mano. Un conmutador administraba la corriente, por medio de dos electrodos situados cerca de la cola de la serpiente, el otro disparaba la cámara. El blanco era un bombillo de luz eléctrica (para proporcionar el calor) cubierto con algodón absorbente. Moví el blanco frente a la serpiente hasta que ésta parecía lista para acometer, luego puse a funcionar los conmutadores y alejé de un tirón el blanco.

Este sistema funcionó muy bien. Conseguí algunas excelentes fotografías de la serpiente de cascabel en medio de su acometida, las mandíbulas muy abiertas. Pero la exposición de alrededor 1/20,000 de segundo captó sólo una lasca extremadamente delgada de la acción total; era imposible decir, viendo las fotografías individuales, exactamente qué etapa de la acometida aparecía en dichas fotos o si la serpiente cerraba sus mandíbulas en un mordisco.

Un naturalista amigo mío, R. Niedrach, sugirió entonces que usara como blanco un balón de goma con el cual podía hacer contacto la serpiente y que al estallar se quitaría de delante de la cámara tan pronto como lo alcanzara la serpiente. Esta vez preparé un circuito que hacía que la propia serpiente se sacara su fotografía. Un alambre del circuito de proyección se ataba a un lecho conductor en que yacía la serpiente, el otro a la superficie del balón, tornado en conductor al mojarlo en una solución salina caliente que contenía un detergente como agente humedecedor. Cuando la serpiente alcanzaba el balón, cerraba el circuito y disparaba la cámara. 

Incidentalmente diré que esto ilustra una gran virtud del disparador de Edgerton para la labor experimental. El circuito lleva alto voltaje prácticamente sin corriente, de suerte que puede penetrarse mucha resistencia sin apreciable conmoción o quemadura en los contactos. Las aplicaciones del artefacto son limitadas solamente por el ingenio humano. Cualquier cosa que se mueva puede tirar su propia fotografía en el preciso instante predeterminado.

Todas las fotografías tomadas por este medio demostraron la misma cosa: que la serpiente alcanzaba el balón con sus mandíbulas muy abiertas y sus colmillos apuntando hacia afuera. Aun cuando se sacase la fotografía con un dispositivo de tiempo demorado, un instante después de alcanzar el blanco, no había prueba alguna de mordedura. Esto, sin embargo, no era una prueba concluyente. Yo había estado trabajando sobre la suposición de que la acometida era una acción refleja que se completaría tuviera o no la serpiente algo en que morder. Pero uno de mis amigos objetó que la desaparición del balón perforado podría detener la mordedura de la serpiente. El próximo paso, pues, fue proporcionarle a la serpiente de cascabel un blanco mordible.

El blanco que finalmente preparamos fue una ampolla de tres pulgadas con una cubierta de látex y un relleno de lana de aluminio. El circuito podía cerrarse sólo sí los colmillos de la serpiente penetraban la cubierta y, hacían contacto con la lana de aluminio que tenía dentro. El blanco quedó montado sobre una varilla aislada de latón para darle a la serpiente algo rígido que morder.

Haciendo uso de cierto número de serpientes como sujetos, hice una serie de fotografías, con exposiciones instantáneas, demoradas y dobles y triples. En ninguna de estas fotografías las serpientes mostraron acción alguna de morder.

Cuando circulé estos resultados entre mis amigos herpetólogos, algunos se mostraron aún escépticos. Con frecuencia habían visto a las serpientes asir y retener pequeñas presas. Tal vez, sugirieron, mi blanco era demasiado grande. Por consiguiente, el próximo verano probé con blancos más pequeños de varios tamaños. 

Descubrí que sosteniendo baja a una serpiente por medio de un lazo a unas pocas pulgadas detrás de su cabeza podía hacerla morder un objeto. Así conseguí una fotografía de cómo luce una verdadera mordida. Hice entonces una prueba libre de mis sujetos, de los cuales, por desdicha, solo tengo en este momento disponibles dos. 

¡Uno de ellos resultó ser un mordedor! No sólo mordió blancos pequeños sino también grandes. Sólo puedo llegar a la conclusión de que las serpientes de cascabel exhiben diferencias individuales, y que el experimento proporciona una muy buena demostración de la validez de la Ley Harvard sobre la Conducta Animal; «Bajo condiciones cuidadosamente controladas los animales se comportan como les place”.

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