Carlos Manuel de Céspedes: De Yara a San Lorenzo

Written by Enrique Ros*

7 de febrero de 2023

La Lealtad y la perfidia. 

El brigadier de Cambute. El Médico de Jiguaní

Se extiende la insurrección

(I de VIII)

LA DICTADURA DE 

MÁRMOL. QUIÉNES LA 

FRAGUAN, LA PROPONEN 

Y LA IMPULSAN

En la acción el Saladillo, en las profundas vertientes del Cauto, Donato Mármol había sufrido una aplastante e inesperada derrota al desobedecer las órdenes de Céspedes de no cruzar el caudaloso río y esperar a que lo hiciese Valmaseda. La derrota permitió al militar español reconquistar Bayamo produciéndose un natural desánimo en las incipientes fuerzas libertadoras.

La derrota era imputable, muchos lo sabían, a Donato Mármol por su desacertada decisión de cruzar el río tal vez con el ánimo, como muchos expresaron, de quitarle a Marcano la gloria de derrotar a Valmaseda. Pero los adversarios de Céspedes, abiertos unos y encubiertos otros, responsabilizarían a Céspedes con el desastre del Saladillo y facilitar, así, su destitución. Varios participarían en propagar la innoble y falsa imputación al hombre de la Demajagua, y en promover, luego, su destitución: Eduardo Mármol (primo de Donato), Francisco Maceo Osorio, Leopoldo Arteaga y el Dr. Félix Figueredo.

Otras tentativas habían ellos antes realizado para convencer a Francisco Vicente Aguilera que aceptara asumir la presidencia cuando destituyesen a Céspedes. El noble patricio no aceptó ser cómplice de la conjura. Se pensó, entonces, en Donato Mármol.

Será, ahora, su primo Eduardo Mármol «culto y funesto» quien impulsa la idea de proclamar a Donato dictador de la república facultándole para que asumiera todos los poderes. Contactarán los conjurados a Máximo Gómez en su campamento del Caney para que apoye el plan concebido por Eduardo Mármol y el Dr. Figueredo, pero el insigne dominicano se excusa de tomar parte del mismo. No será esto un serio obstáculo. Leopoldo Arteaga, Eduardo Mármol y el médico Figueredo convocan en el ingenio «El Caney» a los jefes y oficiales de las fuerzas de Cuba, el Cobre y Jiguaní los que, careciendo de suficiente información, aceptan la proclamación de Donato Mármol como dictador.

Pero alguien, más osado que todos, había concebido un plan para colocarse, bien alto, en la línea de sucesión.

Dejemos que el propio Dr. Félix Figueredo, utilizando como narrador a su amigo y confidente Antonio Pirala, describa el tercer eslabón de aquel plan:

«Pasados los primeros momentos después de la proclamación, Félix Figueredo pidió silencio y dijo que si por desgracia el General Mármol sucumbiera luchando contra el enemigo ¿quién debía sustituirlo en el mando? A lo que los allí presentes respondieron que el General Gómez. Continuó Figueredo diciendo: Y si por desgracia también sucumbiese el General Gómez, ¿quién le sustituiría? Contestaron que Figueredo y así terminó la sesión».

El médico de Jiguaní, hábil manipulador, se situaba en la línea sucesoria de la dictadura.

Era conocido el distanciamiento personal entre Carlos Manuel de Céspedes y el médico Félix Figueredo. Este último no se encontraba entre los 37 sublevados de la «Demajagua» ni firmó el «Manifiesto del 10 de Octubre». Por el contrario el Dr. Figueredo es uno de los firmantes de un documento dirigido a la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico, fechado el 22 de marzo de 1869 en el que se pretendía ignorar al Manifiesto firmado por Céspedes, Bartolomé Masó y otros que fue publicado en el primer número de El Cubano Libre y en el cual Céspedes informaba la razón de ser de la insurrección.

LA REUNIÓN DE TACAJÓ

Los que influían sobre Donato Mármol comprendían que para éste asumir la posición de dictador necesitarían el apoyo de un amplio número de jefes prestigiosos en la región de Oriente. Uno de ellos, el más importante, Francisco Vicente Aguilera pero éste, lejos de sumarse a la conjura, avisó de inmediato a Céspedes y, conociendo que Mármol se encontraba en Tacajó partió hacia allá para hablarle a los jefes insurrectos del gravísimo error que estaban cometiendo. En el camino Céspedes se unió a Aguilera en la marcha hacia Tacajó.

Ya están cerca de la finca. Aguilera se adelantó para parlamentar con Donato y Eduardo Mármol, Félix Figueredo y demás conjurados. Luego, todos se reúnen con Céspedes. Poco después se produce el 9 de febrero una extensa entrevista, entre Céspedes y Mármol, a solas, «que duró todo un día».

Quedó sentado que el mando de Céspedes quedaba en pie; se convino en la reorganización del gobierno y Mármol desistió de su actitud. El peligro de división en Oriente quedó conjurado.

Al referirse en su Diario de Campaña a la proclamación de la dictadura el generalísimo Máximo Gómez dice que Mármol «tuvo que aceptarla a pesar suyo, pues se había formado una camarilla a su alrededor de individuos de no muy buenas condiciones…».

Así lo considera el historiador Griñán Peralta al afirmar que «Donato fue dúctil instrumento y nombre amparador, pero no el jefe inspirador del proyecto político que lo proclamó dictador».

Sobre la feliz solución al conflicto creado por «la camarilla formada alrededor de Mármol» Máximo Gómez afirma, también, que «todo se arregló… por medio de una conferencia en Tacajó» . Superada la crisis Gómez y Mármol recibían órdenes de Céspedes de atacar a Jiguaní y emprenden marcha al día siguiente.

Veinte y seis años más tarde Gómez, cabalgando junto a Martí por las sabanas de Tacajó, le va narrando el episodio de la dictadura y le explica como Félix Figueredo le había pedido a él (Gómez) que apoyase a Donato. Petición que arrancó del generalísimo un duro calificativo: «Félix Figueredo es una víbora».

En esta trama, el brigadier José de Jesús Pérez se ha mantenido, siempre lo estará, fiel al presidente de la República en Armas. No secunda el movimiento sedicioso. Algunos de los conjurados no se lo perdonarán.

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