Carlos Manuel de Céspedes: De Yara a San Lorenzo

Written by Libre Online

17 de enero de 2023

La Lealtad y la perfidia. 

El brigadier de Cambute. El Médico de Jiguaní

Esta obra aporta datos concretos sobre actos, algunos censurables; los más, admirables, de los hombres que participaron en aquella gloriosa gesta.

Reuniones conspirativas

(VI de VIII)

PLANTEAMIENTOS DE MORALES LEMUS Y JOSÉ MANUEL MESTRE AL

 GOBERNADOR LERSUNDI

Varios telegramas de aliento le han enviado los ministros Prim y López de Ayala al Capitán General Lersundi que mostraba poca inclinación a mantenerse al mando de la isla, cuando, «para su sorpresa, -y copiamos textualmente al integrista Justo Zaragoza— al ver reunida en los salones de su palacio la más escogida sociedad  habanera, insulares y peninsulares tanto de los que pertenecían al partido de los buenos españoles como al de los reformistas y, aún, al de los conocidos por su desatisfacción a España» porque había creído que la visita se reduciría a media docena de personas.

«¿No había de demostrar extrañeza al encontrarse delante de  Morales Lemus, Mestre, Echevarría y Cisneros, y, confundidos con ellos, los peninsulares más reputados?». «Aunque demostrando en los primeros momentos alguna contrariedad en su semblante le concedió (la palabra) a José Manuel Mestre».

Y sigamos citando al testigo ocular: «Intentando (Mestre) hacerse intérprete de los sentimientos de todos los presentes, indicó al general la conveniencia de que autorizase en la isla reuniones donde se pudiera tratar los asuntos públicos que a todos importaban; que se iniciara una marcha pública, franca y sinceramente liberal, en consonancia con la conquista de la Revolución de Septiembre (la de Prim en España); que se plantease la libertad de imprenta y cuanto correspondiera al nuevo orden de cosas… no pretendía más, en suma, el orador, sino que el representante de España se entregase atado de pies y manos a los compañeros de los rebeldes, que en el Departamento Oriental estaban asesinando a nuestros hermanos al grito de «¡Muera España!». Al concluir Mestre su exposición habló el Coronel Juan Modet quien solicitó que le consultara al gobierno provisional español lo que debía hacerse para dar una perfecta asimilación a las provincias de Cuba y Puerto Rico con las demás de la península». Aquí Lersundi dio por terminada aquella sorpresiva, y para él, muy desagradable reunión.

Otro hecho preocupaba aún más a los peninsulares residentes en Cuba. Ocho días antes de la visita que hemos mencionado se habían reunido los reformistas de Madrid firmando «una exposición pidiendo al gobierno provisional libertades para Las Antillas, en la forma autonómica o en la de asimilación a la metrópoli, prefiriendo esta última siempre que se confiriese a aquellos habitantes el derecho de elegir diputados para las próximas Cortes Constituyentes» (Justo Zaragoza).

Si al tomar Bayamo, Céspedes hizo publicar en el El Cubano Libre, el Manifiesto de la Junta Revolucionaria, el 25 de octubre el Gobierno Provisional Español de Juan Prim daba a conocer su Manifiesto a la Nación, en el que «al conceder con el sufragio universal las más amplias libertades, se indicaban las bases en que debía fundarse el código que elaborasen las futuras Cortes Constituyentes». Dos días después el Ministro López de Ayala «enviaba una circular a los gobernadores superiores civiles de las islas españolas en la que se indicaban las ventajas que de la Revolución (de España) podían esperar los habitantes de aquellas posesiones al considerarlas como provincias» (Justo Zaragoza).

Había sido el 4 de enero (1869) que Zaragoza, como Secretario y Asistente del General Domingo Dulce, que ya había sido designado para sustituir a Lersundi, arribaba a La Habana. Para recibir al nuevo Capitán General, Lersundi fue acompañado de su segundo, el General Ginovés Espinar. Se convertirá Ginovés Espinar -como lo veremos en próximas páginas- en uno de los más violentos opositores del nuevo gobernador de la isla al pretender éste aplicar algunas medidas moderadas en abierta oposición a los extremistas Voluntarios.

FLOR CROMBET Y 

JOSÉ LACRET MORLOT

Estamos en noviembre. En el Cobre. Donde muchos combates habían de librarse.

Tres grandes figuras de nuestra historia habrán de unir esfuerzos en aquella región.

Apenas 17 años habrá cumplido Flor Crombet cuando el 20 de noviembre de 1868 presta juramento de fidelidad a la causa de la independencia y pasa a formar parte de la Brigada Cambute de José de Jesús Pérez, y sólo 22 años tiene José Lacret Morlot cuando también, aquel noviembre, se incorpora en El Cobre a la columna que mandaba el respetado brigadier.

Orgulloso se sentía el jefe de la Brigada de estos dos jóvenes que habrán de formarse, militarmente, bajo su estricta pero amable tutela. En el combate de El Cobre, el 23 de noviembre de 1868 Lacret está combatiendo en las fuerzas del Coronel Jesús Matías Vega, Jean Pierre, Francois Pavot y Simón D’Spaigne (Rolando Álvarez Estévez: «General José Lacret Marlot»). Sobresalió Lacret en el combate de El Cobre el 23 de noviembre de 1868 donde una bala de fusil se le incrustó en el tobillo. Fue capturado, quedó en libertad. Fue a Jamaica. Regresó a Cuba. Fue nombrado prefecto de Guanimao donde estaba enclavada la finca San Lorenzo.

El joven Crombet  comenzó su carrera militar de soldado raso. ¿Quiénes son sus superiores al inicio de la guerra?: El Brigadier Ángel Bargaza, el Comandante José de Jesús Pérez de la Guardia y el Comandante Coureau, jefe de la compañía «La Francesita». Pronto, al morir el comandante Prudencio Coureau a «La Francesita» se le cambia el nombre por «Compañía La Criolla». Antes de un año Flor ha ascendido a sargento y a las órdenes del General Máximo Gómez toma parte el 22 de julio de 1869 en el ataque al cafetal La Aurora, en cuya operación es promovido a sargento primero. A las pocas semanas, bajo las órdenes del Brigadier Pérez, participa en la toma de Tío Juan. Por su bravo comportamiento obtiene el grado de teniente.

Ya ha tomado parte en distintas acciones de la brigada comandada por Jesús Pérez: Nueva Málaga, La Dolorita, La Matilde, La Simpatía, La Perla; y, el 3 de septiembre, en el ataque al fuerte El Cristal, Máximo Gómez lo asciende a capitán.

Luego de ingresar en «La Criolla» había ascendido Flor a cabo segundo en el ataque de Nueva Málaga; a cabo primero en la toma de la Dolores; a sargento segundo lo asciende el Brigadier Pérez en el enfrentamiento de la Matilde; a sargento primero en el ataque a la Aurora, a las órdenes del General Thomas Jordán, en cuya acción dirigía Crombet la vanguardia. En el ataque y toma del Cristal el General Máximo Gómez asciende a Flor a capitán sobre el campo de batalla. Su oficial superior, el Coronel José de Jesús Pérez en el Parte Militar de la acción deja constancia de este encuentro, así como del enfrentamiento del 16 de septiembre de 1869:

«…al grito de «Cuba Libre» intentaron los voluntarios de Hongolosongo sorprender el campamento del Capitán Coureau en «Suena del Agua», cuya gente estaba casi toda enferma; a pesar de esto lograron los nuestros rechazarlos con algunos heridos…»

Después del ataque de Sama el 6 de Julio de 1872 el presidente Carlos Manuel de Céspedes asciende a Crombet a teniente coronel. (Fuente: Martín Morúa Delgado, nota reproducida por la revista Bohemia, octubre 7, 1957).

Otro indomable combatiente que habrá de alcanzar las estrellas de general participando en todas nuestras guerras emancipadoras ingresa también, como soldado raso,» en aquella escuela militar en que se habrá de convertir la Brigada de Cambute. Quintín Banderas formará, más tarde, parte de la columna del entonces capitán Antonio Maceo.

El 13 de octubre ya Quintín Banderas era Cabo ascendido por el entonces Capitán Limbano Sánchez; participa en la toma de la villa de El Cobre. Recibió a los expedicionarios del Perrit; en 1870 era Alférez. Lucha en Caoba y Rejondón. En 1873 fue ascendido a Capitán y en 1876 a Comandante. Participará en las acciones de Turiguano, María Jigüe, Hongolosongo, La Yaya, y el ataque a Guisa. Terminará la Gran Guerra con el grado de Teniente Coronel.

El ingreso del Brigadier Pérez en las filas insurrectas había llenado de temor al comandante español Julián González Parrado quien, al frente de un destacamento de 250 hombres y varios voluntarios se encontraba atrincherado en el Santuario de la Virgen de la Caridad. Los insurrectos le concederían al comandante español camino libre para retirarse hacia Santiago de Cuba si rendía la plaza del Cobre.

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