Carlos Manuel de Céspedes: De Yara a San Lorenzo

Written by Libre Online

28 de noviembre de 2023

La Lealtad y la perfidia. 

El brigadier de Cambute. El Médico de Jiguaní

Destitución de Céspedes 

(X de XI)

GRADOS MILITARES A LOS QUE HAN 

COMBATIDO

El Dr. Félix Figueredo, el médico de Jiguaní, es un hombre resentido y vengativo ¿Por qué entre tantas pueriles peticiones, también le pide al Padre de la Patria que informe la fecha en que han otorgados determinados grados militares? La explicación es sencilla.

En los primeros días de iniciada la cruenta y larga lucha, Carlos Manuel de Céspedes fue pródigo, generoso, otorgando los más grados militares. Los más probaron con el filo del machete, la confianza depositada en su valor y su pericia. Otros, fallaron miserablemente la prueba.

Se le había concedido al médico Figueredo, en aquellos primeros días, el grado de General, pero no participó en batalla alguna. Entró al Cobre cuando ya había terminado la lucha y el pueblo estaba pacificado.

Para hacerle justicia a aquéllos que, de veras, habían combatido en las fuerzas mambisas envía Carlos Manuel de Céspedes a la Cámara de Representantes para su aprobación, la relación de los ciudadanos que consideraba meritorios para obtener los grados del ejército. He aquí esa relación:

“Mayores Generales a los ciudadanos Tomás Jordán, Francisco V. Aguilera, Manuel Quesada, Mateo Casanova, Donato del Mármol, Máximo Gómez, Modesto Díaz, Luis Marcano, Vicente García. Manuel Boza.

Para Generales de Brigada, los ciudadanos Luis Figueredo, José María Aurrecoechea, Calixto García, Francisco María Rubalcaba, José Inclán, Manuel Peña, Francisco Javier Céspedes, Cornelio Corro, Bernabé Varona.

Para Coroneles, los ciudadanos Eduardo Suástegui, Carlos Manuel de Céspedes y Céspedes, Mariano Loño, Ángel Barzaga, Isidro Benítez, Juan Hall, Manuel Calvar, Manuel Codina, Rafael Rufino, Luis Bello, Loreto Vasallo, Francisco Vega, Francisco Cortún, Juan Luis Pacheco, Manuel García, Manuel Torres, Andrés Uztoa, Jesús del Sol, José González, Juan Spotorno, Pedro Recio Agramonte, Julio Sanguily, Margén Díaz, Alejandro Mola, Cristóbal Mendoza. 

Para Jefe Superior de Sanidad el ciudadano Don Serapio Arteaga Quesada.

Para Jefe de Sanidad de Camagüey, ciudadano Don José R. Boza.

Para Jefe de Sanidad de Oriente, ciudadano Don Antonio L. Luaces.

Para Jefe de Farmacia del Camagüey, ciudadano Manuel Valdés.

Para Jefe de Farmacia de Oriente, ciudadano Pedro Maceo Chamorro”.

No aparece el nombre de Félix Figueredo. No ha estado entre las combativas huestes que han luchado. Sólo aparecen aquéllos que han derramado su sangre o que han corrido ese riesgo al frente de las fuerzas que comandan.

Pero el Dr. Félix Figueredo no le perdonará a Carlos Manuel de Céspedes la omisión de su nombre en esa relación que es un timbre de gloria para todos los que en ella aparecen.

Sobre Félix Figueredo dice Gerardo Castellanos: “Será hasta el final el perseguidor de Céspedes más encarnizado, más cruel, sistemático e injusto. Utilizará su cargo como el más inflexible fiscal contra un procesado. Sus oficios al Padre de la Patria serán duros y malévolos. Porque Figueredo era, además de culto, sumamente astuto y maquiavélico. Figueredo abusaba de su poder”.

Su amable biógrafo, Rodríguez Expósito, arguye que no se puede considerar al Dr. Félix Figueredo como “responsable único de la persecución injustificada que se siguió contra Céspedes, inmediatamente después de su deposición”.

Pero Céspedes ha elevado distintas instancias al presidente Cisneros que son ignoradas y, alguna, respondida no por el presidente a quien va dirigida sino por el Secretario de Guerra, Félix Figueredo.

Escribe Céspedes, una vez más, el 9 de noviembre, expresando que ya no es funcionario público y que no tiene carácter militar alguno y que, como simple ciudadano “al abogar por el libre ejercicio de sus derechos, aboga por el derecho de todos los ciudadanos”. Pide, tan solo, este insigne cubano, que se le dé un pasaporte con el cual pueda salir -con toda dignidad- al extranjero. Petición inútil.

Al fin, el Dr. Figueredo se digna responderle al Padre de la Patria. La respuesta es otro agravio: Será necesario que “el ciudadano Carlos Manuel de Céspedes” devuelva al gobierno una caja de pinturas y un estuche de matemáticas… “a reserva de hacerle todas las demás reclamaciones que se presenten”. Ignora su petición de un pasaporte.

Dejemos a Herminio Portell-Vilá quien califique una de las últimas comunicaciones que el médico de Jiguaní envía a Céspedes:

El Dr. Figueredo, extremando la persecución a aquella maltratada figura, con cuya vida jugaban las pasiones y las rencillas, le escribió la más insultante de sus cartas, cuya primera cláusula tenía esta prevención:

“Queda usted libremente autorizado a hacer uso de los derechos que puedan asistirle donde más convenga, cuya medida, si usted la toma, llenará completamente los deseos del gobierno, porque con ella la Historia lo colocará a usted en el lugar que debe corresponderle”.

Con la misma severa firmeza enjuicia a Figueredo otro historiador:

“Figueredo -apunta Gerardo Castellanos- abusaba de su poder. Redoblaba despiadadamente las solicitudes. Pediía más aclaraciones… Figueredo escondía su ira bajo el palio del gobierno”.

Céspedes se mantiene digno, sereno, Firme.

El 27 de diciembre le notifica Félix Figueredo que “el gobierno no puede facilitarle una escolta…. y si desea acompañarnos, puede verificarlo…”.

Pretende que Céspedes marche con ellos, con el gobierno, como un prisionero, para exhibirlo como un trofeo de guerra.

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