Carlos Manuel de Céspedes: De Yara a San Lorenzo

Written by Enrique Ros*

31 de octubre de 2023

La Lealtad y la perfidia. 

El brigadier de Cambute. El Médico de Jiguaní

Esta obra aporta datos concretos sobre actos, algunos censurables; los más, admirables, de los hombres que participaron en aquella gloriosa gesta.

Destitución de Céspedes 

(VI de XI)

Le tranquilizan un poco su espíritu las palabras de su amigo al llegar éste al campamento el 8 de octubre:

“Pérez me ratificó lo que antes me había manifestado; esto es, que considera muy perjudicial mi separación del gobierno y que su Brigada no ha oído a nadie decir que la desea”. 

Había llovido copiosamente; al escampar se erigió una tribuna adornada con los colores nacionales “y en ella usaron la palabra aquellos que llamaba la concurrencia; entre los cuales figuraron Bravo, Barreto (Bartolomé) Masó y (José de Jesús) Pérez. Todos se explicaban en términos loables y algunos encomiaron mis servicios. Entonces me obligó el pueblo a ocupar la tribuna, a la que me acompañó un gran número de los personajes más distinguidos, vitoreándome todos al presentarme. Les hablé de las emociones que me agitaban en las vísperas del 10 de octubre de 1868 y de la resolución final que tomamos en ese gran día cuando consideramos que, a pesar de todo, de el la iba a brotar la libertad de más un millón de esclavos blancos y negros”.

El 20 estaban concentradas en el Campamento del Bijagual “numerosas fuerzas insurrectas de Oriente, unos 3000 hombres bajo el mando del Mayor General Calixto García, con los jefes a sus órdenes de divisiones, brigadas y batallones, en plan de ataque a una fuerte posición española mantenida en secreto cuidadosamente” (Ramiro Guerra. “Guerra de los 10 Años”). En el mismo lugar está reunida, en sesión, la Cámara de Representantes; “Céspedes estimó fundadamente que ésta habría de proceder a deponerlo”. Aquel día decide dar a conocer su posición y lo hace en un “Manifiesto al Pueblo y al Ejército de Cuba”. Es forzoso, anota en su diario, instruir al Pueblo y al Ejército de lo que se trata para que formen su juicio.

En sus notas autobiográficas, el General Máximo Gómez se refiere a la entrevista que el 24 de octubre de 1873 sostiene, a petición de éste, con el General Vicente García en la que el alto oficial tunero le plantea “la imperiosa necesidad en que estábamos los jefes militares de tomar la iniciativa para la deposición de Carlos M. de Céspedes como Presidente de la República”. Esta fue la respuesta del General Gómez: “Le contesté que no podía estar de acuerdo; que de cualquier modo que se hiciese aparecería como un motín militar; y que debía dejarse a la Cámara que obrase en libertad sobre ese asunto”.

El lunes 27 sabe Céspedes que la Cámara habrá de pedir renuncia. “Pero no debo hacerlo, porque me echaría la responsabilidad… estoy tranquilo”.

BIJAGUAL DESTITUCIÓN DE CÉSPEDES

El 27 de octubre (1873), se constituye la Cámara en sesión extraordinaria. Son ocho; con el marqués serían 9.

Quedaría destituido el primer presidente de la República en Armas. Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

Así describen la escena Carbonell y Santovenia:

“Rodeada de unos 2 mil soldados al mando de Calixto García celebró sesión extraordinaria en Bijagual de Jiguaní. Presidió Salvador Cisneros y asistieron los diputados Tomás Estrada Palma, Jesús Rodríguez, Juan Bautista Spotorno, Luis Victoriano Betancourt, Ramón Pérez Trujillo, Marcos García, Fernando Fornaris y Eduardo Machado. Fue depuesto Céspedes, designado Cisneros Betancourt como presidente, pasando Estrada Palma a ocupar la presidencia de la Cámara. Lo sustituyó como presidente de la Cámara Jesús Rodríguez”.

¿EXISTIÓ QUÓRUM PARA LA DEPOSICIÓN DEL PADRE DE LA PATRIA?

Seis o nueve hombres, tan sólo, asumieron ante la historia la enorme responsabilidad de deponer de su alto cargo al Presidente de la República en Armas. ¿Quiénes eran estos “diputados que ocupaban asientos de cujes en un bohío transformado en Capitolio Nacional?”. Eran “el camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt, en funciones de Presidente; Tomás Estrada Palma, Jesús  Rodríguez Aguilera y Fernando Fornaris Céspedes, por Oriente; Eduardo Machado Gómez, Juan B. Spotorno y Marcos García Castro, por Las Villas; y Ramón Pérez Trujillo y Luis Victoriano Betancourt Salgado, por Occidente. Faltaban Francisco Sánchez Bustamante, quien quería permanecer ajeno a la cuestión debatida; así como Bartolomé Masó Márquez, Antonio Hurtado del Valle y Rafael Castellanos, que no habían tomado posesión del escaño popular”.

La destitución fue acordada sin el voto de Camagüey cuyo Departamento había sido el que más se había opuesto a distintas medidas de Céspedes, en las juntas anteriores al comienzo de la insurrección, en la asamblea en que se acordó la constitución del gobierno y durante todo su período presidencial.

Presidía la reunión, convocada exclusivamente para destituir al Presidente de la República, el hombre que, de acuerdo a la Ley -convenientemente aprobada varios meses antes- ocuparía ese alto cargo. Salvador Cisneros Betancourt, Marqués de Santa Lucía.

José M. Peña y Antonio Zambrana -dos de los cuatro representantes que, en febrero, se habían opuesto al ascenso a General de Francisco Javier de Céspedes- habían marchado al extranjero sin autorización de la Cámara. Sólo nueve hombres cargarán con la histórica responsabilidad de haber depuesto al Padre de la Patria.

Muchos jefes y ciudadanos le ofrecieron sus respetos. “A todos he recomendado a la prudencia y que sigan defendiendo a Cuba como yo lo haré mientras pueda… ¡pobre Cuba! En cuanto a mí sólo diré que estreché la mano del que me trajo la deposición, diciéndole: Gracias, amigo mío.  ¡Me ha traído usted mi libertad!”. Era el martes 28 de octubre. 

Pirala describe, con precisión, a cada uno de los representantes y cita palabras textuales pronunciadas por muchos de ellos:

“Propongo, exclamó Trujillo con voz sonora, pero pálido el rostro y trémulas las manos, que la Cámara en uso de las facultades que le concede el Artículo Noveno de la Constitución, deponga a Carlos Manuel de Céspedes del cargo de Presidente de la República”. Habló después “Eduardo Machado, manifestando que se adherían a los que pedían la deposición de Céspedes, porque éste había inferido graves ofensas a la patria, atacando sistemáticamente el sagrado derecho de sufragio…”.

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