CAMILO Y EL PASTOR ALEMÁN ‘GUARDIÁN’…

27 de octubre de 2026

Muchos todavía simpatizan con Camilo Cienfuegos, pero pocos exigen que se esclarezca su desaparición y se encuentren sus restos. Mientras tanto, los estadounidenses nunca han dejado de investigar el paradero de Amelia Earhart, la célebre aviadora que desapareció el 2 de julio de 1937.

Fui testigo de cómo una considerable parte del pueblo cubano parecía embriagada de admiración por Camilo. Hombres y mujeres lo idolatraban. Su sonrisa cautivaba a los incautos, y aquella popularidad debió de despertar los celos del narcisista en jefe.

Fue, quizás, el primer gran error del tirano en ciernes, uno del que posiblemente se arrepintió durante el resto de su vida: encumbrar a Camilo Cienfuegos Gorriarán.

La extraordinaria acogida que el pueblo cubano dispensó a Camilo debió de desconcertar al dictador de Birán. Tanto es así que, durante décadas, los órganos de propaganda del régimen han intentado restar importancia a aquella sorpresiva e “histórica” pregunta: “¿Voy bien, Camilo?”.

Incluso han llegado a cuestionar que Fidel Castro pronunciara exactamente esas palabras. Pero yo las escuché con toda claridad. ¡Y muchos de ustedes también!

Dicen que Camilo era valiente. Desde los tiempos de la Sierra Maestra, Castro lo envió a misiones de considerable peligro. A mi juicio, aquel fue otro de sus grandes errores. ¿Acaso ya intuía que algún día tendría que deshacerse de él?

Lo mandó a Las Villas, donde debía enfrentarse a las complejas rivalidades entre los alzados del Directorio Revolucionario, la Organización Auténtica (O. A.) y los integrantes del Segundo Frente Nacional del Escambray. Al mismo tiempo, debía congraciarse con las fuerzas comunistas de Félix Torres y concederles protagonismo.

También le encomendó la peligrosa misión de tomar el cuartel de Yaguajay, donde el capitán Alfredo Abón Lee le deparó una formidable resistencia. ¡El Chino resultó ser tan guapo y valiente como el propio Camilo!

Cuando Fulgencio Batista huyó de Cuba, el 1.º de enero de 1959, Castro envió a Camilo a La Habana, exponiéndolo nuevamente a una situación de enorme riesgo. Quizás lo consideraba carne de cañón, cuando era el propio Castro quien debía asumir semejante responsabilidad.

La popularidad de Camilo continuó creciendo hasta adquirir dimensiones legendarias. El pueblo lo bautizó como el “Señor de la Vanguardia”.

A ello se sumó su nombramiento como jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, pese a sus limitaciones para desempeñar semejante responsabilidad. Según se comentaba, aquella designación provocó la indignación de Raúl Castro, quien veía amenazadas sus propias aspiraciones.

Me imagino a Fidel Castro pasando meses enteros rumiando su disgusto y preguntándose: “¿Pa’ qué diablos encumbré tanto a ese mequetrefe?”.

Cuando Camilo desapareció, el 28 de octubre de 1959, Castro participó en las labores de búsqueda, aunque siempre me ha parecido que aquellas gestiones fueron insuficientes para esclarecer lo ocurrido.

Y aquí surge una comparación que considero reveladora: ¡mucho más empeño pareció poner el tirano en encontrar a su desaparecido perro pastor alemán, “Guardián”, que en aclarar el destino de Camilo Cienfuegos!

Hay quienes sostienen que la desaparición de Camilo no fue accidental y que alguien ordenó eliminarlo. Sin embargo, las circunstancias de su muerte continúan rodeadas de interrogantes y sospechas.

Personalmente, nunca he descartado que Camilo fuera una de las primeras víctimas de las luchas por el poder dentro de la naciente dictadura.

De ser así, su desaparición constituiría uno de los primeros grandes secretos guardados en el clóset de Fidel Castro, responsable de una larga historia de represión, fusilamientos y sufrimiento para el pueblo cubano.

Han pasado casi siete décadas y la pregunta sigue sin respuesta: ¿qué ocurrió realmente con Camilo Cienfuegos y dónde están sus restos?

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