Breve revisión histórica del mural de la Ermita de la Caridad

Written by Libre Online

7 de septiembre de 2022

Por el Dr. Rafael B. Abislaimán

El 24 de septiembre de 1915 se efectuó una importante reunión en la iglesia parroquial de La Villa del Cobre en el oriente cubano.

Presidiendo la reunión estaba el mayor general de la guerra de independencia Jesús Rabí, lo acompañaban seis generales y más de 2000 veteranos de nuestras guerras. El propósito era el elevar una solicitud al papa reinante, Benedicto XV, pidiendo que la iglesia declarase patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad. La respuesta del Papa fue positiva y desde entonces, la ya popular devoción tuvo carácter oficial.

La devoción a María en Cuba data de unos años anteriores a la conquista o colonización iniciada por Velázquez en 1511. Náufragos de una previa expedición, agradecidos por los cuidados recibidos de los indios, les regalaron una imagen que aquellos aceptaron y veneraron hasta que la imagen desapareció. La más amplia devoción se inicia con la imagen aparecida cien años después en la Bahía de Nipe y encontrada por los llamados «Tres Juanes». Juan Moreno, el niño negro de 10 años, que acompañó a los hermanos Juan y Rodrigo de Hoyos en el milagroso evento, ya en su ancianidad, documentó en detalles el histórico hallazgo.

La Virgen sufrió con los indios y los mambises, nos alentó en los triunfos y en el progreso, nos fortalece en el paredón y en la cárcel y nos consuela en la escasez o el exilio. La Virgen siempre ha acompañado al pueblo de Cuba. La devoción a Nuestra Señora de la Caridad comenzó en Miami con la llegada del exilio cubano. Su pequeña imagen es un símbolo, el símbolo de un pueblo que encuentra en ella la representación de nuestros valores más preciados: Dios, Patria, Familia, Trabajo y Amor. Ella nos dice: «Yo soy la virgen de la Caridad», la caridad en el amor, es la unión y la solidaridad entre todos para el bien común.

Cada 8 de septiembre los cubanos y todo hermano que desee acompañarnos, nos reunimos en comunidad, en iglesia, en manifestación pública, para rendir tributo a la Virgen y solicitar los favores divinos para un pueblo que sufre y que reconoce la omnipotencia de Dios. Es un día especial, es el día de la Virgen, nuestra Virgen cubana y mambisa, la Virgen de nuestra ermita, la Virgen que en el centro del mural sostiene al niño Dios en sus maternos brazos, en este mural se retrata nuestra historia patria, y Él es su centro.

Alrededor de Jesús en los brazos de la Virgen se desarrolla nuestra historia. Historia india, blanca, negra, china y mestiza. Este mural llama la atención a toda persona que entra en la ermita, pero pocos lo detallan. No es posible, en el espacio de un artículo periodístico hacer una historia justa de los hechos y personajes que aparecen en el mural, pero sí debemos, en Raíces Cubanas, captar la idea y preocupación de las dos personas responsables en su logro. Uno por inspirarlo y el otro por realizarlo: Monseñor Agustín Román y Teok Carrasco respectivamente.

Nos dice el pintor Teok Carrasco que el mural tiene 747 pies cuadrados y en él aparecen 63 figuras. Lo comenzó el 16 de julio de 1974 y lo terminó un año después. Su ayudante y amigo, Orlando Cabañas trabajó a la par que él. Leyó mucha historia de Cuba y puso en el mural cerca de 400 horas de trabajo. Teok repetía: «Jesucristo es el centro del mural». «El pueblo de Cuba encuentra su salvación en los brazos de la Virgen de la Caridad». «La historia comienza con la entrada de Cristóbal Colón y con él entra la fe». Un fraile desconocido, portando la cruz símbolo de humildad y sacrificio, sigue al Gran Almirante, que tiene sobre él la escena del naufragio de Ojeda. A la derecha de la Virgen aparece el padre Bartolomé de las Casas con la tribu de Cueibá ante el primer santuario de la Virgen con la imagen del náufrago español. Continuamos con la niña Apolonia ante la imagen de la Virgen encontrada en Nipe por los «Tres Juanes». 

Al piano y rodeado de niños está nuestro primer músico y maestro, el sacerdote santiaguero y mestizo Miguel Velázquez. Ascendiendo por ese lado del mural, tenemos un nutrido grupo de 12 personajes, todos de gran importancia en nuestra historia patria, y también en la historia de la Florida, como los mártires franciscanos: Luis Sánchez Pacheco y Tibursio Osorio Martínez, ambos habaneros muertos por los indios siendo misioneros de la Florida en el siglo XVII. En el grupo, con un libro en sus manos, tenemos al padre Francisco Traconis (cubano), maestro en San Agustín a fines del siglo XVIII y capellán del primer hospital en Norteamérica. En el mismo grupo están los grandes obispos de Cuba: Diego Evelino de Compostela, Jerónimo Valdés, Juan José Espada y Landa (españoles), Dionisio (dominicano). Con ellos están el Dr. Tomás Romay (cubano), y el gobernador español don Luis de las Casas, así como el abogado y economista Francisco de Arango y Parreño (cubano). Entre éste y los mártires de la Florida están el monumento de La Plaza de Constitución e Iglesia de San Agustín, lugares donde recordamos al Padre Félix Várela y último templo donde ofició la santa misa.

En la parte central y superior del mural ya se define más el origen de la nacionalidad cubana. Ahí están el sabio padre Agustín Caballero, el maestro José de la luz, José Antonio Saco y el poeta María Heredia, el cantor del Niágara. En la parte superior, con el padre Félix Varela al centro, ofreciendo su sabiduría a cada persona, está a su derecha Rafael González Morales “moralitos”  y a su izquierda don Antonio Medina y Céspedes, poeta, educador y mentor de Juan Gualberto Gómez. Sobre ese extremo del mural, están “Perucho” Figueredo con el himno cubano y el general Narciso López de origen venezolano. En nuestro avance histórico en el mural, ya estamos de lleno en la Guerra Grande, Con Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria y su primer presidente. Francisco Vicente Aguilera, general y segundo presidente: (“nada tengo mientras no tenga patria”).  “El Bayardo Ignacio Agramonte que con frecuencia invocaba a la Virgen de la Caridad del Cobre. A su lado, el sabio doctor Carlos Juan Finlay, que salvó miles de vidas al descubrir al mosquito como agente transmisor de la fiebre amarilla. El maestro de Martí y poeta, Rafael María de Mendive. El General en Jefe del ejército libertador, Máximo Gómez de origen dominicano, junto a él, Bernarda «Manana» Gómez Toro, la compañera abnegada y fiel. Y llegamos al hombre de la rosa blanca, al apóstol de nuestra independencia, José Martí y Pérez.

Antes de mencionar las ilustres personalidades que nos faltan, es importante darnos cuenta de la variedad de nacionalidades que se reúnen en este mural «tan cubano», la moraleja debe ser que nada se logra trabajando solos, tenemos: españoles, dominicanos, genovés, venezolano, italianos, americano, judíos y cubanos. Varias razas están presentes. Las más variadas profesiones, sobre todo maestros, pero también abogados, médicos, campesinos, obreros, economistas, hombres de mar, poetas y músicos, gobernadores y presidentes, papas y generales. Soldados, sacerdotes y madres. Santos y pecadores. No falta nadie y tiene que ser así. Tenemos mar, cielo, campo y montaña. Están los botes y el caballo, la fortaleza y el templo, el caserío y los monumentos. Es un mural que denota vida, aunque muestra un solo humano vivo. Este es un párrafo que debe provocar la reflexión personal.

Cerca del manto de la Virgen está el general Jesús Rabí, que presidió la Asamblea del Cobre en 1915, a su lado entre banderas cubanas el general Calixto García y junto a él Antonio Maceo, el mayor general que dentro de su valentía y heroísmo, siempre vivió con un corazón amoroso, sobre todo para sus dos madres, la del cielo y la de la tierra, y allí está Mariana Grajales, con la cruz del sufrimiento y del perdón entre sus manos. Este grupo que se apoya en el Santuario del Cobre y en el Morro de La Habana, el pintor Teok Carrasco lo termina con las dos personas más apropiadas: Benedicto XV y don Tomás Estrada Palma. El Papa que aprueba la devoción cubana y el primer presidente de la República de Cuba respectivamente.

En el extremo inferior, entre manos amistosas y manos suplicantes están los personajes más contemporáneos. El primer cardenal cubano, Manuel Arteaga Betancourt, fallecido en 1963. s.s. Pablo VI, elegido Papa en 1963. El obispo que recibió al exilio cubano en su diócesis, Coleman F. Carroll, de él fue la idea de erigir «un monumento a la Madre de Dios y a un pueblo que busca la libertad». El Obispo Monseñor Eduardo Boza Masvidal, expulsado de Cuba con otros 132 sacerdotes, religiosos y religiosas el 17 de septiembre de 1961. Profeta del exilio y única persona viva de los representados en el mural.

No hay forma más trágica de expresar el sufrimiento del pueblo cubano que la desesperación de lanzarse al mar en frágiles botes o balsas improvisadas. Este hecho tan real como tan ignorado por un mundo indiferente, nos muestra el apocalipsis de algunas mentes y corazones, así como la solidaridad de un exilio con su pueblo. Detrás del altar está el Arzobispo misionero: San Antonio María Claret. La Eucaristía, la Virgen y la Biblia fueron sus tres grandes amores. Las provincias orientales de Cuba tuvieron en el Arzobispo de Santiago un gran evangelizador.

Hoy la Ermita de Nuestra Señora de la Caridad continúa siendo el centro de la religiosidad popular, no sólo del exilio cubano, sino también de los pueblos latinoamericanos que tanta devoción y tradición mariana poseen. Las peregrinaciones municipalistas. las romerías provinciales y las conmemoraciones marianas de los hermanos países americanos que veneran a la virgen bajo distintas advocaciones, se encuentran en la ermita como en su propia casa, porque la Ermita de la Caridad es la casa del amor de Dios y de su madre de la caridad. Lugar de encuentro espiritual y de oración de un corazón que lejos del hogar busca el refugio seguro de un Dios misericordioso y de una madre amorosa.

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