BIDEN PLANEA UN NUEVO ENTENTE CON CUBA

Written by Adalberto Sardiñas

21 de febrero de 2023

No es un impulso nuevo, sino algo que tenía en el archivo de su agenda el presidente Biden, desde el principio de su administración.   Quería ser el presidente que eliminaría la Ley Helms-Burton, y en sus sueños, olvidar los agravios y comenzar una nueva vida con la dictadura comunista. Borrón y cuenta nueva. Lo pasado es pasado. Las nuevas relaciones con Cuba, comunista, o no, serían parte de su legado. Toda esta tramoya parece estar cobrando nueva vida en la Casa Blanca, de acuerdo a los movimientos que se observan en la región. Y los auspicios no son buenos para los cubanos. 

Habrá una entente entre los dos gobiernos, pero el interés del pueblo quedará plasmado en palabras, y tal vez, en la liberación de algunos presos políticos, promesas huecas, como las anteriores, unos gestos simbólicos, y nada más. La dictadura comunista, en términos inequívocos, se lo dijo antes a Obama: “no vamos a ceder ni un milímetro en nuestros principios socialistas”. ¿Por qué habría de hacerlo ahora con Biden? Pero Biden si está dispuesto a conceder beneficios a la dictadura de La Habana, como antes lo hizo Barack Obama, mas ahora, a cambio de su cooperación en el tema de inmigración.

  El primer paso del plan Biden se dio en Nicaragua. Repentinamente, el gobierno de Ortega libera a 222 presos políticos, y los envía a Washington. Los dos gobiernos, niegan la existencia de un acuerdo para la operación. Pero ¿cómo es posible que un gobierno descargue 222 personas en otro país, sin la debida aquiescencia de éste? Algún acuerdo debe haber existido previamente. Y su negación refleja una ausencia total de honesta transparencia, de ambos, Biden y Ortega. 

  Por otro lado, un grupo de países de tendencia socialista en la región, liderado por el presidente de México López Obrador, ha montado una campaña “demandando” la eliminación del debatido “embargo” contra Cuba por parte de Estados Unidos. 

  Por supuesto que ésta es una postura demagógica. Lo que queda del llamado “embargo”, es producto de una ley promulgada por el Congreso americano, y sólo ese organismo puede eliminarla. El presidente Biden, tratará, como su sucesor, de suprimirla a través del Congreso, pero le resultará muy difícil, porque su mayoría en el Senado es exigua, y en la Cámara Baja está en la minoría, aunque, también, por escaso margen.

  No obstante, existen fuerzas de no poca influencia, que circulan alrededor del presidente, que le insisten, con no débil persistencia, en una normalización con el régimen cubano, al estilo Obama. Éstos son los mismos elementos de ayer, entre ellos John Kerry, que mantienen la agenda liberal de la administración demócrata pasada, cuyos objetivos comparte, felizmente, Joe Biden, por haber sido parte importante de la misma. 

  Existen reportes de que días después del discurso del Estado de la Unión, Joe Biden contactó al senador Bob Menéndez y le dijo: “Bob, necesito hablar contigo sobre Cuba. Es importante”.

  ¿Por qué, ese tono perentorio para hablar sobre Cuba? Podemos inferir, que, lejos de un endurecimiento hacia el régimen, Biden intenta un acercamiento, forzado por el chantaje que éste le tiene impuesto con el caótico éxodo migratorio, que ya se extiende por América Central. Biden está muy preocupado con una crisis, que ya es también humanitaria, que no ha podido controlar, y mucho menos resolver, y quiere apaciguar a la tiranía cubana para que le ayude a salir del hoyo en que su ineptitud lo ha sumido.

  Sin embargo, para que esto suceda, necesita la ayuda del Congreso, especialmente del Senado, y he aquí la urgencia que le lleva a Bob Menéndez, firmemente anticomunista, y sólido defensor de los derechos de los cubanos a ser libres. 

  Menéndez, se opuso a los planes de Obama en su fallido intento de apertura, y probablemente se opondrá a cualquier intento similar por parte de Biden.

  No debemos olvidar que, en el 2020, durante su campaña presidencial, Joe Biden dijo que, si resultaba electo, retornaría a la política de Obama respecto a Cuba, siempre que ésta, mantuviera los compromisos que había prometido.

  Pero ¿de qué compromisos habla? Porque, hasta donde se sabe, no existen récords de Cuba ofreciendo promesas o compromisos de carácter político hacia Estados Unidos. Por lo tanto, o desde entonces le empezó a patinar la mente a Biden, imaginando espejismos, o, su adicción a la mentira le resultaba irresistible.

  Biden sabe, el departamento de Estado sabe, el Congreso sabe, y la opinión pública americana sabe, que en Cuba existe un gobierno espurio, represivo y brutal, que se desenvuelve en las redes del terrorismo, y que, además, es un notorio traficante de drogas.  Está en la lista negra del terrorismo porque es ahí donde pertenece. Ése es su lugar, de donde no debe ser removida.

  Sería un pobre servicio a la justicia, a la decencia, y a los principios democráticos, que esta administración reiniciara unas relaciones normales con una nación paria, entre la comunidad internacional, por sus perennes abusos a los derechos humanos, y a la dignidad inherente al hombre, como el ser maravilloso de la Naturaleza.

BALCÓN AL MUNDO

Primero el revuelo: 1, 2, 3, 4 objetos voladores, globos inmensos, volando en violación de nuestro espacio aéreo en labores de espionaje. Eran chinos, se afirmaba, y había que derribarlos. Y derribados fueron.

  Pasado el furor inicial, comenzó el pedaleo en reversa. La Casa Blanca inició un giro imparable. Ya los globos podían, o no, ser chinos. Tal vez fueran artefactos comerciales. O gimmicks publicitarios, quizás de Coca Cola, McDonald o Tesla. Lo cierto es que ya los objetos voladores pasaron de ser peligrosos para la seguridad nacional, a benignos aparatos inofensivos que sólo llevaban a cabo investigaciones meteorológicas, o algo por el estilo. Había que calmar los ánimos.

  Para la Casa Blanca, y para el presidente Biden en particular, debido a la generosidad monetaria que China ha tenido con él y su hijo Hunter, había que rebajar las tensiones a su punto mínimo.

   Lo que pudo haber sido una crisis, se redujo a la clásica tormenta en el vaso de agua. Aquí no ha pasado nada.

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 Dentro de varias semanas EE. UU. estará enviando a Ucrania miles de armamentos, interceptados por barcos americanos que iban con destino a Yemen, procedentes de Irán. Entre las armas transportadas por barcos piratas bajo el control de Irán, que apoya militarmente a los rebeldes en Yemen, se encontraban 5,000 rifles de asalto, 1.6 millones de municiones para armas pequeñas, varios misiles antitanques y otros armamentos, que representan una enorme ayuda a los combatientes ucranianos.

  Irán, que es aliada de Rusia en su invasión criminal a Ucrania, está, involuntariamente, cooperando al armamento de ese agredido país. 

  A veces, nadie sabe para quién trabaja.

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  La senadora por el estado de California, Dianne Feinstein, demócrata, anunció que se retira al concluir su presente término que expira en el 2024. Tiene 89 años y se marchará a casa al cumplir 91.  

  Ha sido el senador o senadora de más larga duración en California.

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  Nikki Haley, ex gobernadora de Carolina del Sur y ex embajadora de Estados Unidos en la ONU, ha anunciado su aspiración a la presidencia por el Partido Republicano. Tiene méritos. Es talentosa. Pero le faltan puntos para la presidencia. Quizás, más que en la presidencia, tiene sus ojos en la vicepresidencia, que es, igualmente, un trecho muy largo para ella, y que dependería de quién, en definitiva, resulte ser el nominado.

  Otro nombre se une al grupo. El senador de Carolina del Sur, Tim Scott, con excelentes credenciales conservadoras y clara inteligencia, anunciará su candidatura en breves días, si no lo ha hecho ya cuando esta edición esté en las manos de los lectores.

  Pronto, tal vez para el final de la primavera, lo hará el Gobernador de Florida, Ron DeSantis, y le seguirán otra media docena de buenos candidatos, entre senadores y gobernadores. 

  El Partido Republicano es afortunado en tener en sus filas candidatos de primer orden, mientras que sus opositores, en el bando demócrata, están carentes de personajes de peso para la contienda presidencial. Tendrán que tropezar, otra vez, con la misma piedra, en la malgastada figura de Joe Biden para entonces arrastrando sus 82 años. 

  En un examen realista, objetivo, esta acumulación de aspirantes, al dividir, y subdividir la ecuación, fraccionaría la votación de delegados en números más reducidos, y, el máximo beneficiario sería Donald Trump por tener la base más numerosa y sólida entre todos los aspirantes. Divide y vencerás, debería ser el slogan.

  Pero ésta es sólo una hipótesis al vacío, sujeta al veredicto de la realidad final.

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