De la Redacción de LIBRE
y fuentes anexas
A 65 años de la tragedia de Bahía de Cochinos, evocamos el sacrificio de la Brigada 2506. La cobarde decisión política del presidente John F. Kennedy, al retractarse del apoyo aéreo previamente ofrecido —esencial para el éxito de la misión—, marcó el destino de la operación. Recordamos hoy, más que nunca, la agonía de los prisioneros que fueron asesinados en la “rastra de la muerte”.
La tragedia causada por este horrible crimen nunca será olvidada y formará parte de la lista de asesinatos cometidos por el régimen dictatorial de Fidel Castro.
La edad promedio de los veteranos de la Brigada 2506 ronda los 80 años. El mundo ha dado mil vueltas y la vorágine de los cambios morales y éticos resulta alucinante.
La historia de heroísmo nos recuerda que Bahía de Cochinos se concibió en la época de la Guerra Fría, que enfrentaba a Estados Unidos con la Unión Soviética. Cuba se transformaba en un peligroso régimen totalitario aliado de Moscú, donde los soviéticos podían instalar cohetes nucleares.
El 4 de abril de 1961, Kennedy autorizó el desembarco y la fecha escogida fue el 17 de abril. Días antes, ordenó reducir a la mitad los aviones del primer ataque aéreo y posteriormente canceló el resto de los ataques contra las bases aéreas de la tiranía. La derrota de la Brigada 2506 se tornó inevitable.
Sin apoyo aéreo, la Brigada 2506 combatió durante tres días en San Blas, la rotonda de Palpite, Soplillar, Girón y Playa Larga. La mitad de los aviones B-26 de la Brigada fue derribada por los cazas de la tiranía, que controlaban el espacio aéreo. Mientras tuvieron municiones, los brigadistas pelearon con ejemplar heroísmo. Allí cayeron más de 100 soldados de la libertad.
Al mediodía del 22 de abril de 1961, un grupo de brigadistas, capturados después de tres días de intenso y continuo combate contra las tropas castristas y tras quedarse sin municiones, era transportado desde Playa Girón (provincia de Matanzas) hacia La Habana en diferentes vehículos.
En Girón, alrededor de 100 brigadistas fueron obligados a subir a una rastra empleada para transportar mercancía congelada. Un oficial advirtió al comandante Osmany Cienfuegos (hermano de Camilo) que en esa rastra morirían asfixiados. A lo que Cienfuegos replicó: “Qué importa. De todas formas los vamos a matar. Tráiganme 40 cochinos más”.
Cuando cerraron la puerta, más de 160 prisioneros, incluidos numerosos heridos en combate, quedaron atrapados, sin oxígeno, en medio de la desesperación y la brutal agonía. La orden había sido confirmada por Fidel Castro.
El viaje a La Habana duró ocho horas. En la rastra, el aire comenzaba a faltar y la oscuridad era total. Algunos prisioneros lograron perforar los costados con los metales de sus cinturones, haciendo pequeñas hendiduras por donde se turnaban para respirar.
Sobre el piso se mezclaban el sudor y los desechos humanos. Cuando finalmente abrieron la puerta, nueve cadáveres evidenciaban el crimen de la tiranía. Allí fueron asesinados José Ignacio Macía del Monte, Alfredo Cervantes Lago, René Silva Soublette, José Vilarello Tabares, Hermilio Quintana Pareda, José Santos Millán, Pedro Rojas Mir, Moisés Santana González y Santos Ramos Álvarez.
El encargado de esta operación era el entonces capitán Osmany Cienfuegos, quien estuvo presente cuando los prisioneros eran introducidos en los vehículos y daba instrucciones a sus subordinados para agilizar el traslado.
Los prisioneros sobrevivientes fueron posteriormente juzgados y canjeados por alimentos y medicinas.
En LIBRE honramos la memoria de los héroes caídos en la desigual batalla y recordamos, a los mártires asesinados en la rastra de la muerte.







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