ARGELIA, UNA POTALA FRANCESA

7 de septiembre de 2022

Si al lector le gustó el viaje de un mensajero de Estados Unidos a Venezuela en marzo último, con liberación de par de americanos que Nicolás Maduro y sus secuaces habían encarcelado de a porque sí incluída, entonces se encantará enterándose de las lindezas  de la visita «de amistad» que acaba de efectuar la semana pasada Emmanuel Macron,  presidente de Francia a Argelia. Y para que nadie intentara aportar mala fe a las motivaciones que, precisamente ahora en plena crisis energética mundial hicieron viables estos intercambios, los comunicantes de los dos gobiernos no dejaron margen al  menor quid pro quo al afirmar con energía que no, que no fue para negociar compras de petróleo y de gas que se produjo la mini cumbre.

Para la opinión francesa el paquete resulta estar muy mal envuelto. Al mismo tiempo ese no es el punto por así decirlo y aquí somos muchos los que nos preguntamos a qué nivel va a subir el costo que habrá que afrontar este invierno para llenar el tanque del vehículo, calentar la vivienda y pagar la cuenta de la electricidad. Pero hacerle políticamente un cheque en blanco a los dirigentes argelinos es una píldora que no nos queremos tragar.  Los conflictos entre los dos países vienen de muy lejos, de la edad de oro del colonialismo europeo en el continente africano durante el Siglo XIX. Todo el mundo sabe como fue el fin de fiesta para desembocar en la independencia en 1962. Hace una semana precisamente abordamos en esta página un atentado al Presidente de Gaulle que fue una de sus su consecuencias. 

Las cuentas que tienen que arreglar las clases dirigentes de Francia y Argelia son muchas. Hay una historia que sigue pesando. Y por cierto que aludiendo a ese pasado hay que recordar que, antes de que se firmaran aquellos acuerdos que tan caro pagaron los pueblos argelino y francés a la luz de la realidad actual seis décadas después, el aventurerismo de Fidel Castro lo impulsó a enviar pertrechos, dinero, soldados y médicos cubanos al FLN que se oponía a los franceses. Fue a partir de entonces que se desarrolló bajo el ala del Gran Hermano soviético la íntima amistad entre los dirigentes cubanos y argelinos que todavía dura.  Con la particularidad de que Ahmed Ben Bella fue el iniciador de muchas gestiones que propiciaron parte de las ayudas económicas que el empresariado galo prodigó a la isla durante las décadas 1960 y 1970. Sin ir más lejos uno de los eslabones de esa cadena de solidaridad entre socialistas franceses y cubanos es la planta termoeléctrica situada en Matanzas que ahora aparentemente esta largando el piojo con averías recurrentes.

Pero volviendo a la actualidad lo cierto es que lo mismo en Argel que en París reina la perplejidad ante las contorsiones que los dos presidentes se prodigaron al reunirse y al comparecer ante la prensa.Además del dossier que tiene que ver con el petróleo y el gas hay varios asuntos geoestratégicos y de política interior que distan de estar claros entre los dos países. Por parte de los argelinos la situación interna no puede ser peor con una juventud que no logra ni trajar, ni estudiar, ni hacerse de un espacio en la sociedad de hoy que sigue dominada por los fósiles que están al frente del país desde la independencia.  Cualquier semejanza con Cuba tal vez no sea casual. Además, los islamistas constituyen una parte del problema a pesar de que el poder durante mucho tiempo ha venido como que neutralizándolos mediante sobornos y corrupción.

Todo lo que puedo hasta ahora haber comprendido de la situación interna en Argelia la he obtenido gracias a testimonios de universitarios que han venido a vivir a Francia por sentirse perseguidos y en peligro. Por su parte del lado de acá los contenciosos históricos abundan y son tema recurrente cuando vuelven como en estos momentos a la actualidad. Para complicar aún más las cosas los dirigentes argelinos han sido muy ambiguos respecto a la pérdida de influencia militar y política de Francia en los territorios africanos en los que otrora dominaba cual coto cerrado. En la práctica no han movido ficha ante la creciente penetración hegemónica  de Rusia y de China en esos y otros territorios del continente.

Es suficiente echar un vistazo a un mapa para observar que los argelinos no la tienen fácil máxime que el vecino marroquí se muestra cada vez más intransigente. Acabamos de ver como después de una crisis por la inmigración desordenada a través de Melilla, Rabat y Madrid terminaron por ponerse de acuerdo con el consiguiente cabreo de los otros factores involucrados, que en la materia y en la del siempre beligerante Frente Polisario sahaurí permanecen con el trasero entre dos sillas.

Nadie puede predecir como Francia va a seguir caminando por encima de la cuerda floja que conecta una relación mutuamente indispensable que de ninguna manera puede obviar y que tiene obligatoriamente que tomar en cuanta a los casi cuatro millones de argelinos y sus descendientes que están asentados en el Hexágono. En plena época de vacas flacas en lo económico y de incertidumbre en lo que respecta al cambio climático que ya no es posible negar, la factura del colonialismo pretérito y de la inmigración actual es y será cada día más onerosa.

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