¡AQUEL TRICICLO ROJO!

Written by Esteban Fernández

5 de octubre de 2022

Una mañana con dificultad me escapé del corral, media hora gateando sin que nadie me viera, de pronto me levanté y di mis primeros pasos.

De pronto, un hombre con un tabaco en la boca me sorprendió y en lugar de regañarme lanzó una carcajada y gritó: “Ana, mira lo que está haciendo tu hijo”.

Y sucedió algo increíble, estupendo, fenomenal: Esteban Fernández Roig-que insistía en que se llamaba “papi”- le dijo a su esposa: “Chica, abre la puerta, ya Esteban de Jesús es un hombrecito, permite que salga al portal, déjalo que ¡descubra el mundo!”

Se me abría levemente el horizonte. Salí al portal, el cielo estaba gris, llovía a cántaros, un hombre que después me enteré que se trataba de “Joaquín Quintero, el carnicero” estaba blandiendo un enorme cuchillo intentando cortar un rabo de nube. Eso me impresionó.

Al otro día no quería salir, estaba asustado, pero “Esteban” me dijo: “Sale, Estebita, hoy hace un día precioso, mira quiero que veas un arcoiris”.

Y añadió: “Cuando salgas al portal tendrás una gran sorpresa”… Increíblemente ahí estaba esperándome un triciclo rojo.

Me sentí el ser más feliz del mundo, no necesitaba más nada, lo tenía todo: Una madre amorosa, un padre bueno, unos amiguitos incansables, un triciclo colorado, un hermano que acababa de nacer, y un portal limpio con extremada pulcritud -hasta con creolina y luz brillante- en la calle Pinillos número 463.

Años estuve encaramado en el triciclo dando vueltas en aquel portal inmaculado hasta que llegó el día glorioso en que recibí mi bicicleta Niágara y me aventuré a recorrer a Güines y sus alrededores.

Y ahora cogiendo carretera en Miami.

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