APRENDA A MANEJAR SUS DIFICULTADES

Written by Rev. Martin Añorga

10 de enero de 2023

El pasado domingo oí hablar a dos señoras que se me habían acercado para conversar después de un servicio religioso. Una de ellas se quejó diciéndole a su amiga que estaba muy molesta porque en la mañana estaba planchando su blusa para vestirse y en un descuido la quemó. Su compañera le contestó jovialmente: “¡Alégrate de que no era un vestido porque lo hubieras echado a perder; pero si es una blusa te queda la falda y puedes buscarle una combinación!”. 

Este incidente me hizo pensar en personas que de alguna milagrosa forma han sabido superar sus dificultades, en tanto que a otras les abruman tanto los problemas que se ahogan en los mismos de manera irremediable.

Recuerdo una historia de John Ruskin, el pintor, poeta y escritor inglés que naciera en Londres en el año 1819. En cierta ocasión el extraordinario hombre de arte se tropezó con una jovencita que lloraba desconsoladamente porque había manchado de tinta negra un precioso pañuelo de hilo y encajes que su enamorado le había regalado. El sabio pintor le pidió el pañuelo y a partir de la mancha creó un bellísimo y ensoñador paisaje. ¡Fue capaz de convertir una mancha en una obra de arte!

¿Quién no ha leído algo sobre Helen Keller?. En un libro que hace años cayó en nuestras manos leímos una antología de sus cartas. Es increíble que esta mujer que naciera sorda y ciega, amén de otros defectos físicos, pudiera haber acumulado su sabiduría. Hay una frase en una de sus cartas que siempre recuerdo: “no me tengan lástima. No puedo ver las cosas de afuera; pero desde el fondo de mi alma soy capaz de ver el cielo”. Todavía es posible adquirir el libro “The Story of my Life”. Léanlo y descubran el secreto para convertir obstáculos, problemas e incapacidades en gozo y victoria.

Pudiera hablar de muchos personajes que fueron capaces de manejar sabiamente sus dificultades. En Francia, en el año 1809, nació Louis Braille, una figura venerada en el mundo por millones de seres humanos. A los tres años Braille sufrió un accidente que le dejó totalmente ciego por el resto de su vida. Sus padres, compadecidos, le ofrecieron todo tipo de atenciones; pero el joven Braille en lugar de compadecerse a sí mismo, sintió la carga de todos los otros seres humanos que jamás podrían leer un libro e inventó el método de lectura para ciegos que abrió un universo de luz para los que estaban condenados a vivir en las tinieblas.

¿Han oído hablar ustedes de Joni Erickson Tada?.  En plena juventud, bellísima, carismática y emprendedora, Joni quedó inválida debido a un serio accidente automovilístico. Sufrió depresión, acarició la idea del suicidio, se sintió defraudada en su fe; pero reaccionó. En cierta ocasión escribió estas palabras: “A las personas inhabilitadas, minusválidas, deformes o pequeñas las discriminan. Yo no quiero vivir en un mundo donde se atropelle a los que otros crean que valemos menos. Voy a luchar porque se haga justicia”. Y lo ha hecho. Fundó la organización Joni and Friends Internacional Disability Center, donde se han ayudado a centenares de miles de seres humanos discapacitados. Joni, además, ha enseñado y predicado, ha escrito libros y folletos y aprendió a pintar con un pincel apresado entre sus dientes. Hoy día vive en Calabasas, California, con su esposo Kent, con el que ha estado casada por más de 25 años.  ¡Una mujer que permitió que su desgracia se convirtiera en bendición acogiéndose a la gracia del Señor Jesús!

Recordamos a José Enrique Rodó, un extraordinario escritor uruguayo, hijo de Montevideo, nacido en el año 1873, cuyas parábolas son como señales para el camino de la vida. Una de ellas, Mirando Jugar a un Niño, encierra una enseñanza proverbial. Se trata de un niño que con una pequeña rama le arrancaba melodías a una bella copa vacía. Un día llenó la copa con la fina arena de la pradera; pero cuando la golpeaba con su varita ya no emitía sonido. Consternado, se fue al jardín, cortó una bella rosa, la hincó en la arena que llenaba las entrañas de la copa y la convirtió en florero. ¡Cómo seríamos de felices si todos hiciéramos de nuestros fracasos y contratiempos una bella copa engalanada con los tibios colores de una flor recién cortada!.

En estos ejemplos que hemos expuesto hay un denominador común. En cada caso el fracaso o la dificultad fueron la materia prima con la que se construyó una vida de veras enriquecida.

Nosotros podemos manejar nuestras dificultades siguiendo una ruta de tres simples pasos. Lo primero es aprender que la vida no está exenta de contratiempos. Hay luces y tinieblas, aplausos y críticas, salud y enfermedad, triunfos y fracasos. El ser humano debe estar mental y espiritualmente listo para enfrentarse a la contrariedad. Hay un pensamiento poco conocido de Charles de Gaulle que creo oportuno citar: “La dificultad atrae al hombre de carácter, porque es al abrazarla cuando se realiza a sí mismo”.

Lo siguiente es descubrir el lado positivo de una experiencia dolorosa. Quizás requiera tiempo; pero si nos lo proponemos podremos ser como Ruskin, Helen Keller, Louis Braille o Joni Erickson, personas que convirtieron la dificultad en el punto de partida de una vida extraordinaria.

Lo tercero es actitud. “Las cosas no son difíciles de hacer; lo que es difícil es ponerse en disposición de hacerlas”, dijo Constantin Brancusi. Y tiene razón. Sentarse a llorar, a rezar un imaginario rosario de tristezas o a inculparse por errores cometidos es tierra árida que no produce frutos.

Demóstenes, un sabio ateniense que viviera cuatro siglos antes de Cristo, fue considerado uno de los grandes oradores de Grecia. Hasta hoy, veinticinco siglos después son famosos sus discursos conocidos como las Olintinas y las Filípicas, y sus arengas en contra de los macedonios, conquistadores de Grecia; pero según la tradición, Demóstenes poseía una voz débil, carente de sonoridad. Lo que hacía el ilustre ateniense era irse temprano cada mañana a la playa, llenarse la boca de pequeñas piedras y hablar por horas a la intemperie. Gracias a sus esfuerzos logró poseer un torrente de voz que acallaba las murmuraciones de la multitud y cautivaba a su auditorio. ¿Quién hablaría hoy de Demóstenes si éste se hubiera conformado a su inhabilidad y se hubiera pasado toda la vida llorando tal dificultad? ¡Lo que lo salvó fue su cambio de actitud!.

Por supuesto que usted también puede ser un vencedor de sus dificultades. Si se resigna a colocar sobre sus hombros, lo hunden; pero si las usa de plataforma y se levanta sobre ellas, lo liberan. La opción es suya.

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