Ante el reciente DÍa del Médico Cubano Libre. El doctor Jorge Beato, un médico que atiende a todos sus pacientes con gran corazón y aprecio

Written by Germán Acero

6 de diciembre de 2022

Desde niño soñó con ser médico. Y Jorge Rafael Beato tuvo la gran satisfacción y suerte de que su padre, el doctor Virgilio Beato, fuese un destacado profesional de la medicina tanto en Cuba como en los Estados Unidos, para lograr hacer realidad ese adormecido sueño.

Ahora el doctor Jorge Rafael Beato atiende su consulta en una oficina en Coral Gables. Hasta allí llegan los pacientes, algunos, que fueron también atendidos por el padre del doctor Jorge, quien goza de gran aprecio, admiración y respeto en las huestes del exilio cubano.

Con supremo orgullo el doctor Jorge ha colgado en las paredes de su consultorio todos los diplomas que a lo largo de su brillante carrera profesional ha logrado obtener en prestantes universidades e instituciones médicas fuera y dentro de los Estados Unidos.

El doctor Jorge nació en La Habana. Estudió en el colegio Lafayette en La Habana. Después vino para los EE.UU. a la edad de 13 años. Su padre el Dr. Virgilio Beato sacó las visas de turistas para la familia antes de que se cerrara la embajada norteamericana en La Habana.

Hizo el High School en Thomas Jefferson High School en San Antonio, Texas. Y el college en St Mary University. 

“Pero sobre todo esto, la reacción de mi padre fue de orgullo tremendo, cuando le dije inicialmente que quería ser médico, como él. Hildio Folgar ginecólogo tuvo un problema de corazón grave y yo se lo resolví”, inquirió.

“Mi vocación como médico nació desde niño. Mi carácter personal me decía que tenía que ser médico. Yo siempre tuve tremendas ganas de ser médico. Cuando terminé en la Universidad en San Antonio, Texas, decidí irme a España”, sostuvo.

En Zaragoza—España—estudió en Medical School. “Conseguí un internado luego de cardiología.  Ha sido un orgullo para mí porque seguí con la vocación de mi padre”, agregó.

“Algunos pacientes, a los cuales no les caía bien, comenzaron a hacerme mala propaganda y decían que yo era muy joven para ejercer la medicina. Al principio algunos pacientes no querían verse conmigo. Decían que yo era muy joven para ejercer la medicina”, insistió.

Trabajó en el Jackson Memorial Hospital. Logró un postgrado en el International Hospital de Miami.

El padre, el doctor Virgilio Beato, planeó de manera perfecta todo y, en ese entonces, decidió pedir una visa de turista para asistir a un congreso de cardiología en Nueva York. Sin ninguna dificultad se la concedieron rápidamente.

Esto, le valió que se ganara la confianza de las autoridades de inmigración de Cuba teniendo, claro está en su pensamiento, la idea de volver a salir, pero esta vez del todo con su familia en vista de la situación que ya se vivía en la isla.

 Y pidió visa para ir a New Orleans, pero una semana antes había salido la esposa del doctor Virgilio, la señora Raquel María Lanz García, junto con sus hijos Jorge, Juan Virgilio, María Cristina y Marianela Beato, para Miami donde un médico amigo los ayudó a hospedarse.

“A mi padre por poquito no lo dejan salir.  Un familiar nos ayudó en este impase ya que trabajaba con el gobierno. Y ayudó a mi padre a salir por fin de la isla. Llegó el 8 de septiembre de 1961. Lo detuvieron en una oficina de Opa-Locka.  Y como no tenía antecedentes lo dejaron salir luego”, relató Jorge Rafael.  

“Se consiguió luego un internado en Pensacola en la Florida. Hasta 1963, para practicar medicina privada en la Florida en aquel entonces tenía que ser ciudadano americano. Él dijo que entonces iba a hacer un entrenamiento. Todavía no tenía la residencia, y decidió salir para San Antonio (Texas)”, comentó.

“En aquella época estaban a punto de quitarles los privilegios de enseñanza a los doctores. Pero el doctor Beato alegó que había sido profesor. Y que podía resolver todo, inclusive, porque hablaba inglés perfectamente”, relató el doctor Jorge Rafael.

“Y sacó la revalidación de su título en Texas. Además, logró la nota más alta en el examen. Otro médico también la obtuvo y pensaron las directivas, que habían copiado el examen, pero al final todo salió bien”, afirmó el doctor Jorge Rafael. “Era la nota más alta que un médico había podido conseguir en Texas.   

Trató a una mujer en un tratamiento para recobrar la vista. Y lo logró. Con todos los problemas que aquejaban a la paciente. Y de las controversias de destacados galenos”, recordó.

 “Sentó cátedra el doctor Virgilio. Y explicó todo médicamente para dejar a los demás científicos asombrados y se ganó el primer título de “maestro”. Corría el año de enero de 1967. El doctor Virgilio estuvo de director en ese hospital, a donde venían pacientes y doctores de todos lados”, explicó.

 “Trabajó también en el  Baptist Hospital. Resolvía sabiamente todos los problemas.  Cuando se le acabó su contrato lo hicieron entonces jefe de medicina. Y para orgullo de él abrió allí una escuela de medicina”, afirmó. 

 “Y luego decidió venir para Miami. Aquí también estaban los que fueron profesores de él. En 1976 finalmente se abrió camino, y puso su propia consulta.  Era retirado como médico y no tuvo problema alguno”, sostuvo.

“Y levantó una práctica muy buena. La tuvo en la calle 8 y la avenida 48. Primero fue en Flagler cerca de  Le Jeune Rd. Y luego compró el edificio y la puso allí. Su fama como médico fue algo extraordinaria. Muchos pacientes querían que él los atendiera”, reiteró.

“En Cuba comenzó a ejercer la medicina tras graduarse en la Universidad de La Habana. Estuvo en el Hospital Calixto García. Fue jefe de internos y luego de residentes. Fue ayudante de Pedro Castillo que era famoso en dicho hospital en aquel entonces y fue su profesor”, agregó.

“Pero sobre todo esto, la reacción de mi padre fue de orgullo tremendo, cuando le dije inicialmente que quería ser médico, como él. 

 “Eso fue en 1984. Estaba  en aquel entonces también empeñado en hacer otra especialización. Puedo decir que, sí hay médicos como yo que ejercen la profesión con el corazón”, aseguró y relató una historia que vivió en carne propia.

Narró que se le han presentado casos, incluso, en los que el paciente no tenía plata para pagar la consulta ni mucho menos seguro médico, pero él los atendió sin ningún problema. Y les salvó la vida. Y, luego, este paciente, vino de nuevo a su consulta cuando ya tenía Medicare para pagarle la deuda.

“Mi padre también tuvo esta clase de experiencias y nunca se negó a atender a un paciente. Hay ahora muy pocos médicos que quedan con esta clase de corazón.  Esta profesión es una de las más bellas del mundo. No hay nada como ser médico porque uno vela por la salud de los pacientes”, enfatizó.

“Tengo un hijo de 45 años que no quiso ser médico porque le fastidiaban los bípers que servían para conseguir la comunicación entre el médico y el paciente. Trabajó hasta hace algún tiempo con el Departamento de Niños y Familia”, concluyó.

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