El juicio de Marcos (Marquitos) Rodríguez (VI)
EL JUICIO DE APELACIÓN
Preside el tribunal José Fernández Pilotos. Como magistrados fungirán José Gumá Barnet, José García Álvarez, Rafael Cisneros Ponteau y Nicasio Hernández Armas. Actuará como fiscal Santiago Cuba Fernández; y como abogado defensor, José Antonio Grillo Longoria. Actuará de secretario Rafael Aballí y de la Torre.
El juicio se convierte en un evento al que debe asistir todo aquel que se considere alguien en el Gobierno Revolucionario. Las crónicas sobre el juicio sustituyen a las ya desusadas reseñas sociales:
Todo el ámbito de la sala estaba colmado de público y gran cantidad de personas aguardaba afuera la oportunidad de entrar en el recinto. Entre las personas que presenciaban la vista se encontraban el presidente del Tribunal Supremo, Dr. Enrique Hart Ramírez; el ministro de Justicia, Alfredo Yabur; el comandante Efigenio Amejeiras y otros oficiales del Ejército Rebelde.
Marquitos Rodríguez, que lleva meses aislado y sometido a prolongadas torturas sicológicas, está físicamente destruido aún antes de iniciarse la primera sesión. Preguntado por el presidente si desea prestar declaración, el procesado, con voz apenas audible, responde: “No deseo”. Ningún caso le hacen. El fiscal, ignorando lo expresado por el acusado, da inicio a la farsa, interrogando una y otra vez al joven, que yace desplomado en la silla. Apenas se le oye la voz.
“Presidente —dice el fiscal—, es muy difícil escuchar al acusado”.
Lo quieren forzar a admitir responsabilidades.
FISCAL: “¿A qué hora, el 13 de marzo, usted se enteró de que iba a ser atacado el Palacio Presidencial?”.
ACUSADO: “Yo no me enteré de que iba a ser atacado el Palacio Presidencial”.
Más adelante:
FISCAL: “Marcos, en su confesión, escrita de su puño y letra, usted manifiesta que conocía que se iba a atacar el Palacio Presidencial el 13 de marzo”.
ACUSADO: “No, eso no es verdad”.
Poco después vuelven al mismo punto:
FISCAL: “Después de tener conocimiento del ataque, ¿qué hizo usted?”.
ACUSADO: “No, yo no tuve conocimiento”.
Ya todos se habían aprendido el libreto. Aunque había manifestado su deseo de no prestar declaración, el fiscal lo fuerza a responder. El interés era obvio y apareció en una de las primeras afirmaciones del fiscal, que le hace repetir que no fue la Juventud Socialista la que lo mandó a infiltrarse en el Directorio Revolucionario. Comienza el juicio tratando de expurgar de cualquier contaminación delatora al Partido Socialista Popular.
En esta sesión del lunes 23, Faure Chomón afirma, una y otra vez, que “Marcos Rodríguez no podía ser un joven socialista, porque un joven socialista era aquel que había luchado defendiendo su causa, defendiendo sus ideas en una forma ardiente, desinteresada, desprendida”, y afirmaba que, en el primer juicio, había “señalado, como símbolo de la Juventud Socialista, a un compañero inolvidable en la lucha de la Universidad, en la lucha contra la tiranía, al compañero Mirabal, que muriera asesinado combatiendo a la tiranía”.
Decía, ahora, en marzo 23, que en la sesión del lunes 17 él había mencionado “el ejemplo de la lucha revolucionaria del entonces único movimiento marxista de nuestro pueblo, el Partido Socialista Popular, la actitud de Aracelio Iglesias, que había muerto luchando frente a sus enemigos”.
Y puntualizaba en esta autocrítica pública “que con estos ejemplos yo establecía con claridad que el atacar y el criticar al sectarismo no era ir en contra de los viejos militantes comunistas, era ir en contra de los farsantes, de los simuladores”.
Y lo que hacía aquella tarde, en aquel juicio, afirmaba el acomodaticio dirigente del Directorio Revolucionario, era responder “a mi conciencia de comunista”:
“Y con ese deber de conciencia, de luchador, de combatiente, con esa conciencia de comunista, yo entendía que no podía dejar eso a un lado”.
En su deseo de congraciarse con Castro y liberarse de las culpas por la circulación de “la versión taquigráfica muy deficiente” de su anterior testimonio, lamenta Chomón que “el hecho desgraciado de que no pudiera publicarse inmediatamente fue utilizado por los enemigos, por los que quieren confundir y adoptan posiciones falsas que los conducen también a la traición. El reguero de confusión creció; hicieron aparecer por ahí, falsamente, responsabilidades que no existían…; que sirva esto de explicación a este tribunal para establecer la verdad revolucionaria y para, nuevamente, cumpliendo con ese deber, defender nuestra Revolución, defender la causa de nuestro partido, la causa del marxismo-leninismo”.
Con este nuevo testimonio, que toda la prensa publicó íntegramente, exoneraba a la militancia y dirigencia del PSP de “la traición de Marcos Rodríguez”, a quien, en su largo testimonio, jamás identificó como miembro de la Juventud Socialista o del Directorio Revolucionario. Ambas organizaciones quedaban limpias de pecado. El malo, el único malo, era Marcos Rodríguez.
Quedaba preparado el escenario para la comparecencia ante el Tribunal Supremo, días después, del “Primer Ministro, Jefe de la Revolución, Comandante Fidel Castro”.







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