Enrique Ros pone al descubierto la zigzagueante política del presidente Kennedy hacia Cuba, que osciló desde “una solución no comunista, por todos los medios necesarios” hasta “el desarrollo gradual de un acomodo con Castro”.
Ros hace un valioso aporte a la verdad histórica al destacar —precisando hechos y nombres— los incontables esfuerzos realizados por los cubanos anticastristas, dentro y fuera de Cuba, para derrocar al tirano.
Este libro debe ser lectura imprescindible no solo para los cubanos, víctimas directas de la bárbara tiranía de Castro, sino para todos aquellos que en este planeta se preocupan por la libertad y la dignidad del ser humano.
Acciones internas y acciones comandos (I)
Alas pocas semanas de que los brigadistas fueran liberados, el Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció, el 16 de febrero de 1963, que los brigadistas que habían participado en la invasión de Bahía de Cochinos podrían ingresar en las Fuerzas Armadas estadounidenses.
El nuevo programa sería, en términos generales, similar al que ya funcionaba para otros refugiados cubanos, quienes podían incorporarse voluntariamente al entrenamiento militar y, posteriormente, escoger entre permanecer en el Ejército o formar parte de la reserva militar.
El proceso de calificación de los voluntarios comenzó el 25 de febrero de 1963. A partir del 11 de marzo, estos empezaron a ser enviados a los distintos centros de entrenamiento.
Doscientos siete antiguos oficiales de la Brigada de Asalto 2506 partieron hacia Fort Benning, Georgia, para iniciar un programa especial de entrenamiento. La mayoría optó por la Infantería; un grupo numeroso prefirió la Fuerza Aérea; otros eligieron la Marina y varios se decidieron por los Marines.
Entre quienes se incorporaron a la Infantería figuraban Erneido Oliva, Roberto Pérez San Román, Modesto Castañer, Tomás Cruz, José Basulto, los hermanos Luis, Héctor y René Lámar, Félix I. Rodríguez y Raúl de Varona. A la Fuerza Aérea se incorporaron José Balboa, Manuel Navarro, Gustavo Ponzoa y otros. Por la Marina optaron Tomás A. Font, Juan L. Cosculluela y algunos más. Reinaldo Blanco Navarro, Francisco J. Hernández, Sergio Abreu y otros escogieron los Marines.
Otro grupo de brigadistas se dirigió a Carolina del Sur para recibir entrenamiento. En marzo de 1963, tras inscribirse en las oficinas de reclutamiento de 4100 Aurora Street, en Coral Gables, o en Newark, Nueva Jersey, ya se encontraban en Fort Jackson Umbelino Bango, Feliciano Foyo, José Miró Torra, Enrique Oviedo y otros.
LA PEQUEÑA FUERZA AÉREA DE LOS CAMPAMENTOS
Manuel Artime, líder del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), va estructurand, paso a paso, la pequeña fuerza aérea destinada, fundamentalmente, al suministro de materiales y al traslado del personal involucrado en las operaciones en Centroamérica.
Ha visitado en Fort Benning a muchos de los hombres que reciben allí el curso de entrenamiento y que, dos años antes, habían participado en la operación que culminó en Girón.
Algunos aceptan incorporarse al plan presentado por el persuasivo dirigente, quien parece contar con respaldo oficial. Otros pilotos que no habían participado en la gesta de Girón también se suman a la incipiente fuerza aérea. Entre ellos se encuentra Antonio González Torrecilla, “uno de los mejores pilotos que ha tenido Cuba”, según le expresa al autor Jorge Navarro (El Puma), quien se lo presenta a Artime.
Pronto contarían con un DC-3 que permanecería en el aeropuerto de Califano, en Panamá, y volaría entre Panamá, San José, Costa Rica, y el aeropuerto Las Mercedes, en Managua, Nicaragua.
La tripulación del DC-3 estaba integrada por Antonio González Torrecilla y Jorge Navarro, como pilotos, junto con Manuel Castellanos y Mario Ginebra Groero, piloto de la Marina que moriría años después en África. Pablo Astudillo Ojeda se desempeñaba como jefe de mecánicos, con Junquera como colaborador.
También operaba un Cessna 180, estacionado en el aeropuerto de Sabana Norte, en Costa Rica, que transportaba personal y equipos hacia Tortuguero y desde allí.
Las cenizas del volcán Irazú, en erupción desde marzo de 1963, dificultaban las operaciones del Cessna y del DC-3 cuando este último llegaba al aeropuerto de El Coco, en San José. La situación obligaba a los hombres de las bases a mantener permanentemente cubiertos con mantas y plásticos los motores de los aviones.
La tripulación del Cessna estaba compuesta por Hernán Organville y José Pellón.
En Nicaragua, en Monkey Point, contaban con un Beaver equipado con pontones para acuatizar en aquellas aguas pantanosas. Alberto Pérez Sordo y Castillo (Propela) integraban su tripulación.
Un año después, a finales de febrero de 1964, más de 30 brigadistas que se encontraban en Fort Benning renunciaron al Ejército estadounidense. Según se les informó, en respuesta a un planteamiento presentado al Gobierno, Estados Unidos no tenía planes para Cuba, ni a corto ni a largo plazo. La respuesta les fue comunicada por Joseph Califano, el general Finch y altos oficiales.








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