Pulsando el temple de Johnson (II)
Kennedy había expresado, por medio del periodista francés, que coincidía con los planteamientos contenidos en el Documento de la Sierra y que estaba dispuesto a explorar un entendimiento con Castro. Al republicar ahora ese documento, sin una razón aparente, el órgano oficial del régimen parecía enviar un mensaje a la Administración del presidente Lyndon B. Johnson: sobre esas mismas bases aún era posible alcanzar el entendimiento al que, según sugería La Habana, ambas partes se habían estado acercando hasta el 22 de noviembre.
Sin embargo, una cosa era el discurso y otra muy distinta los hechos.
Apenas se había secado la tinta de aquella reimpresión cuando Castro emprendía, una vez más y discretamente, viaje hacia Moscú. Lo acompañaban Nikolái Podgorni, miembro del Presídium y secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, y Dolores Ibárruri (la Pasionaria), quienes se encontraban entonces de visita en Cuba.
Durante ese primer mes de 1964, Castro prodigó mensajes optimistas que contrastaban con la dura realidad, especialmente en materia de transporte.
Así, los días 7 y 8 de enero, el periódico Revolución destacó la compra de 400 ómnibus Leyland a Inglaterra. Sin embargo, aquello no pasaba de ser un convenio: los vehículos tardarían en llegar. La realidad inmediata era muy distinta.
Diez días después, el 16 de enero, el régimen privó a los trabajadores del transporte de las últimas garantías laborales heredadas de la Cuba prerrevolucionaria. El IV Consejo Nacional del Sindicato de Trabajadores del Transporte Terrestre:
“Aceptó, por justas, las críticas formuladas recientemente por el Primer Ministro Fidel Castro y adoptó las medidas necesarias para eliminar los males señalados por él, erradicando todos los vicios sindicalistas y liquidando otros hábitos y cuestiones negativas que todavía subsisten en los centros de trabajo del sector, así como eliminando… todo lo que signifique freno u obstáculo para el mejor desarrollo de la economía de las empresas y su rentabilidad”.
Llegarían nuevos ómnibus, pero desaparecerían conquistas laborales. El sindicalismo “revolucionario” renunciaba a todos sus derechos.
Y no fue el transporte el único sector despojado de sus conquistas. Los obreros y empleados del comercio y de las tiendas por departamentos también perdieron un beneficio obtenido tras largos años de lucha: la llamada jornada de verano, que les concedía dos tardes libres por semana durante esa temporada.
Tampoco escaparon los trabajadores bancarios. En su Asamblea Nacional acordaron aplicar la llamada racionalización del trabajo, que implicaba “aumentar en hora y media la jornada laboral diaria, trabajar los sábados y aplicar las normas y la nueva escala salarial”.
La llamada “revolución del pueblo” iba eliminando, una tras otra, las conquistas laborales alcanzadas por los trabajadores antes de 1959. Se cumplían así las directrices expuestas por Castro en su discurso del 21 de diciembre de 1963, cuando atacó a los Comités de Quejas de los sindicatos por su supuesto “ilusionismo” e “infantilismo revolucionario”. Durante las semanas siguientes, como quedó demostrado, los sindicatos fueron renunciando “voluntariamente” a los derechos y beneficios que tanto esfuerzo les había costado conquistar.
1964: UN AÑO QUE MAL
COMIENZA
1964 había comenzado con el repentino, breve e inesperado viaje de Fidel Castro a Moscú el 10 de enero. En su ausencia, se celebraba en La Habana, sin mucha publicidad, el juicio de Marcos Rodríguez Alfonso (Marquitos), acusado de haber delatado el 20 de abril de 1957 a sus compañeros del Directorio Revolucionario. Dentro de pocas semanas, en su momento oportuno, el juicio acaparará la atención nacional.
Pero Castro, en estos primeros días del año, se siente preocupado por diversos incidentes que pueden revelar un endurecimiento de la posición norteamericana hacia Cuba luego del asesinato, apenas dos meses antes, del Presidente Kennedy. Mantiene Castro, en enero, las mismas inquietudes expresadas al periodista Jean Daniel al conocer del atentado al joven presidente norteamericano. ¿Quién, realmente, es Lyndon B. Johnson? ¿Qué control tiene sobre la CIA? ¿Cuál es su posición hacia Cuba?







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