Años Críticos: del camino de la acción al camino del entendimiento

Written by Enrique Ros

16 de junio de 2026

Enrique Ros pone al descubierto la zigzagueante política del presidente Kennedy hacia Cuba que fluctuó de “una solución no comunista en Cuba, por todos los medios necesarios” hasta “el desarrollo gradual de un acomodo con Castro”. 

Ros hace una verdadera contribución a la verdad histórica al destacar -precisando hechos y nombres- los incontables esfuerzos realizados por los cubanos anticastristas, dentro y fuera de Cuba, para derrocar al tirano.

Este libro debe ser lectura imprescindible no solo para los cubanos, víctimas directas de la bárbara tiranía de Castro, sino para todos aquellos que en este planeta se preocupan por la libertad y la dignidad del ser humano.

La muerte del presidente Kennedy (IV)

El 24 de noviembre, Hoover ya informaba a la Casa Blanca de su interés en “escribir algo que convenza al público de que Oswald es el verdadero asesino”.

Ese mismo día, Alan Belmont, asistente del director del FBI, se apresuró a informar que preparaba un memorando dirigido al fiscal general “mostrando la evidencia de que Oswald es responsable del asesinato del presidente”.

Impresiona la obstinación de Hoover, el campeón del anticomunismo, por ocultar la muy posible conexión entre la visita de Oswald al consulado cubano en México y el asesinato del presidente.

El 29 de noviembre, Hoover habló por teléfono con el presidente Johnson y le comentó que le preocupaba que “parece que Oswald recibió 6,500 dólares de la embajada cubana y regresó a este país con ese dinero”. Añadió que “nosotros no podemos probarlo”, aunque sí tenía constancia de la presencia y la visita de Oswald en México.

Unas horas después, se produjo intencionalmente una filtración de prensa:

“Un informe exhaustivo del FBI, que está próximo a ser enviado a la Casa Blanca, indicará que Lee Harvey Oswald fue el único y solitario asesino del presidente Kennedy”.

Ese mismo mes de diciembre, el subdirector del FBI afirmó en un memorando que sería presentado al presidente Johnson lo siguiente:

“No ha surgido ninguna evidencia que pudiera indicar que el asesinato del presidente, cometido por Oswald, fuese inspirado o dirigido por organizaciones procastristas o por ningún país extranjero”.

Sin embargo, ese mismo funcionario, William C. Sullivan, declaró posteriormente a un investigador del Comité Selecto del Senado exactamente lo contrario:

“El 29 de noviembre de 1963, el FBI no tenía información para respaldar la conclusión de que no existía una conspiración de una nación extranjera”.

Como vemos, el FBI no tenía razón alguna para descartar, de antemano, toda conexión de Oswald con una nación extranjera. El agregado legal del FBI en México, el más alto oficial del Buró de Investigaciones en ese país, informó a las oficinas centrales en Washington el 23 de noviembre, apenas unas horas después del asesinato, que:

“El embajador (norteamericano) está muy preocupado de que los cubanos estén involucrados en el asesinato del presidente. Considera que tanto nosotros (el FBI) como la CIA debemos hacer todo lo posible para establecer o descartar la conexión cubana”.

Al día siguiente, el mismo funcionario envió un nuevo cable informando que el embajador consideraba que “los cubanos” de Castro podrían haber participado y contratado a una persona para ejecutar el atentado. Asimismo, solicitaba que el FBI contactara a todas sus fuentes cubanas en Estados Unidos con el fin de confirmar o descartar esa posibilidad. El Buró no hizo nada. Por el contrario, en una nota manuscrita sobre ese cablegrama, un funcionario del FBI en Washington escribió:

“No es deseable. Serviría para promover rumores”.

Todos los datos indican que el Buró de Investigaciones, en la noche del 22 de noviembre, ordenó a todos sus investigadores contactar a los informantes de la institución en busca de información sobre el asesinato del presidente Kennedy. Sin embargo, apenas doce horas después redujo la pesquisa a los “contactos normales con informantes”. Comenzaba a preocuparle, en su afán de proteger su imagen, que saliera a la luz una posible conexión extranjera que anteriormente no había investigado.

En ningún momento las oficinas centrales del FBI “instruyeron a sus agentes a contactar informantes o fuentes familiarizadas con asuntos cubanos para determinar si poseían alguna información relacionada con una posible participación cubana en el asesinato”.

Si el Buró admitía los contactos de Oswald con Cuba, estaría reconociendo la ineficiencia de su propia organización al no haber investigado esas relaciones antes del asesinato. Pudo más el imperioso deseo de Hoover de preservar el prestigio de su institución.

 ENORME RESISTENCIA A 

INVESTIGAR LA CONEXIÓN 

CASTRISTA

En los últimos días de enero de 1967, Drew Pearson, columnista del Washington Post, se reunió con el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Earl Warren, para informarle que un abogado de Washington le había comunicado que uno de sus clientes sabía que Castro había decidido responder de la misma manera a los distintos intentos de la Administración estadounidense de atentar contra su vida.

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