ALLÁ, DONDE LOS ÁNGELES VUELAN

Written by Luis De La Paz

21 de julio de 2026

CAPÍTULO II

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

—¿Cómo te enteraste…? —Bartolo insiste.

—Acaban de dar los resultados.

—Pensé que no estarían hasta la noche.

—Por eso vine a avisarte. Estoy preocupado. Ganó con una mentira y eso es preocupante —repite obstinado.

—Las mentiras no resisten el paso del tiempo. Eso me has enseñado. ¿Ya no es así…?

—Así es en términos históricos. Sin embargo, la mentira puede deformar y destruir la vida física de una o muchas personas y extenderse a más de una generación.

Bartolo suelta una carcajada y el sudor tiembla en el rostro congestionado de calor.

—¡Caramba, papá!, voy a creer lo que comentan en el pueblo.

—¿Y qué comentan? —salta airado.

—Lo sabes mejor que yo —y la risa se abre en expresión cariñosa.

—Repítelo.

—Que tantas lecturas te han hecho…te hacen un poco diferente —Bartolo se torna serio y asevera—. Pero estoy orgulloso de ti; de lo que me has enseñado.

—También lo estoy de ti. Has aprendido a dar lo mejor sin formar parte de fuerzas ajenas a las tuyas. Eres individual y, quizás, un elemento molesto para los propósitos del nuevo alcalde.

Bartolo con el antebrazo derecho enjuga el sudor del rostro. Mira al padre e indica:

—Suenas a miedo. Desde que tengo uso de razón no recuerdo haberte visto como ahora.

—Es cierto. Estoy inquieto. —¿Por qué tanto temor?

—Con anterioridad, algo te había comentado, pero no todo. Porque, a pesar de que era perturbador, nunca creí, a carta cabal, que Celso Trafid Zur llegase a ocupar la alcaldía del pueblo.

Todo esto se inicia cuando muere doña Carmela y como limpiador municipal de viviendas deshabitadas y ancianos impedidos, no reclamados por heredero alguno, acomete la limpieza e inventario de los bienes que poseyó la pareja. En esos trajines encuentra el texto de “Polución Mental” y faltando a las reglas de su trabajo se apropia del mismo.

—Eso ya lo conocía —Bartolo se impacienta.

—Pero lo que no supiste, porque preferí callarlo, fue que junto al ejemplar Celso encontró el borrador de la carta que don Pascual me dirigió, pidiendo que a su muerte destruyese la teoría. También me recomendaba que tú siguieses empinando papalotes y sugería que yo desarrollara en ti el deseo de construir, sobre todo puentes.

—¿Cómo te enteraste?

—Me lo dijo él mismo.

—¿Quién…?

—Celso Trafid Zur.

—¿Pero cuándo? —Bartolo se impacienta.

—Cuando el tiempo pasó, tuvo pretensiones políticas. Ya había leído «Polución Mental» tantas veces, que podía, de memoria, repetir la teoría. A tal extremo que pienso, sin temor a equivocarme, que llegó al punto de auto engañarse.

—¿Qué te dijo o propuso…?

—Dijo que sabía que yo estaba al corriente de las ideas profundas, pero dispersas, que había desarrollado don Pascual Armenteros.

También, que conocía de ciertas notas apresuradas, a las que llamó “vírgenes, inconexas y sin propósitos”. Asimismo, aseguró que tuve acceso a los apuntes del notario. Y comentó que los mismos eran, en principio, interesantes, capaces de generar una ideología renovadora, siempre y cuando tuviesen una interpretación y redacción acorde con el propósito de los tiempos históricos que se vivían.

Entonces me planteó…

•-•-•-•

—Cándido, la idea, aunque no clara, la tuvo el notario Armenteros.

Para él fue eso, solo una idea simple, sin pretensiones filosóficas. ¡Lo sabes perfectamente!, porque fuiste su amigo.

Medité sobre los apuntes del notario. Los desarrollé y escribí esta teoría que puede y cambiará, estoy seguro, los destinos de la gente del pueblo.

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