Pasado mañana abre la Universidad de Miami su temporada de football americano y los expertos le dan mucha esperanza de terminar entre los primeros lugares, incluso de ganar el campeonato.
Una travesía de cuatro años donde los Huracanes han ido de la mediocridad a la cima del rudo deporte en el plano colegial. Una etapa que comenzó con la contratación de Mario Cristóbal como director técnico.
Muchas han sido las piezas que han tenido que ser obtenidas para llegar a este momento y hoy les traigo lo que en mi opinión fue la adquisición más importante de todo este proceso.
El matrimonio de Jorge y Sally Mirabal, ambos cubanos, dio vida a seis hijos, todos varones. Para ellos, la educación católica, fe que siempre practicaron, fue primordial. Todos sus herederos estudiaron en la primaria de San Brendan y la secundaria en el High School Christopher Columbus. Los dos son colegios católicos; se encuentran en el vecindario de Westchester.
El resultado de aquel respeto y esfuerzo de la pareja ha dejado el siguiente resultado en la prole: un bombero paramédico, dos representantes de compañías farmacéuticas, un policía, un contador y otro maestro. Como pueden observar, padres de seis hombres de bien.
Alex, el segundo, escogió el magisterio por su amor a la enseñanza, tanto en el aula como en el terreno de juego. Siempre su pasión fue el football.
Durante sus años de high school fue parte del equipo y, a pesar de su pequeña estatura, era miembro de la línea ofensiva, donde fue compañero de Mario Cristóbal, siendo ahí cuando nació una gran amistad que perdura hasta estos días.
Cuando se graduó, regresó a Columbus como maestro de historia y gobierno, al tiempo que entrenaba la línea ofensiva del equipo de football. Su nombre comenzó a mencionarse por la labor que realizaba con los equipos de juego, al punto que recibió varias ofertas de trabajo en otras secundarias. Nunca aceptó, siéndole fiel a su colegio por 16 años.
Cuando Mario fue nombrado director técnico de Florida International University (FIU), le ofreció su primera oportunidad a nivel colegial. Recuerdo una conversación con Cristóbal en sus primeros días de haber sido contratado, donde me comentó: “No puedo traerlo este año porque tiene responsabilidades en su trabajo, pero sin duda alguna que lo emplearé en el futuro”.
En su segundo año, Cristóbal, fiel a su palabra y lealtad a su amigo, lo contrató como coach de los tight ends, iniciando una carrera que hasta hoy ha sido espectacular.
En su segunda temporada con la universidad, la línea ofensiva permitió solo 20 atrapadas de quarterbacks en el 2010 y 15 en el 2011, impulsando una ofensiva récord.
Cuando Mario fue despedido de FIU, Alex fue contratado por la Universidad de Marshall como coach de la línea ofensiva entre los años 2013 y 2017. Allí produjo ocho jugadores que fueron galardonados como “Estrellas de Línea”, mientras que el equipo se llevó dos títulos de conferencia.
En la temporada 2018, Cristóbal fue contratado como director técnico de la Universidad de Oregón e inmediatamente lo empleó para que desarrollara la línea ofensiva del equipo. Allí se consolidó como uno de los entrenadores más respetados del país, cultivando al mejor jugador de línea ofensiva de la nación, y su unidad fue finalista del mismo premio colectivo de esa temporada 2019.
A la llegada de Mario a Coral Gables, no se hizo esperar el arribo de su mejor amigo, que esta vez fue más fácil, puesto que para los dos el retorno a casa era la culminación de largas temporadas de exilio fuera de Miami.
Esta vez no solo le entregaron las llaves de la línea ofensiva, sino que también llegó con el título de “coach asociado”. Su labor reconstruyendo las trincheras ofensivas dio frutos desde el primer momento cuando en el 2023, Miami pasó del puesto 85 al 25 en ofensiva total. Una temporada después, en el 2024, UM tuvo la ofensiva #1 del país, con 43,9 puntos y 537,2 yardas por juego, gracias a los jóvenes de su línea. Finalmente, en la campaña pasada, la unidad estuvo reconocida como una de las mejores del país y tres de sus abridores fueron seleccionados durante el sorteo de la NFL, incluyendo al samoano Francis Mauigoa, que fue el décimo jugador escogido y que en la actualidad es propiedad de los Gigantes de Nueva York.
Si bien es cierto que su pasión por la enseñanza y la instrucción es legendaria, no se puede descartar su labor como reconocedor de talento y reclutador. En esta última faceta ha sido galardonado como uno de los mejores de la nación. Gracias a su conexión con nuestra comunidad, unida a su credibilidad, le viene fácil convencer a los atletas de que decidan venir a jugar en UM.
Mirabal nunca ha sido hombre de buscar reconocimientos propios. Su enfoque está en crear una cultura de moldear jugadores y convertir la ofensiva de Miami en una fuerza que domine desde la línea de impacto. Mientras él continúe en Coral Gables, los Huracanes seguirán construyendo sobre una base sólida, capaz de competir por un campeonato nacional año tras año.
El “Pequeño Gigante de Westchester” va más allá de ser el coordinador ofensivo y coach de la línea ofensiva de la Universidad de Miami; es la pieza silenciosa detrás de una maquinaria que ha sido clave en el resurgimiento de un programa icónico que cayó en un abismo sin salida.
Los Huracanes están de vuelta en las primeras planas del football americano colegial y esto tiene un nombre: Alejandro Mirabal.








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