AFGANISTÁN Y LA DERROTA DE TODOS

1 de septiembre de 2021

En La Piedra de la Paciencia, una novela escrita por Atiq Rahimi en 2008 y galardonada en Francia con el codiciado Premio Goncourt están descritas desde adentro todas las lacras y contradicciones que han convertido a Afganistán país en una ratonera para aquellos que una vez imaginaron la insensata invasión civilizadora que ahora concluye con la hecatombe que contemplamos con impotencia e indignación. Era materializar lucha anti-terrorista con la idea que se atribuye a un presidente americano de fines del Siglo XIX: «ejercer el deber de sustituir en otros países la arbitrariedad por el derecho y la justicia». Solo que del dicho y de los propósitos a los hechos hay mucho más que un trecho.

Alguien escribió una vez que no se puede mirar directamente ni al sol ni a la muerte so pena de enceguecer de manera definitiva.  Aparentemente hay una categoría de pseudo-hombres de estado que para evitar ser cegados por la verdad decidieron un día no mirarla para plegarse a intereses partidistas y al ego que portan, consustancial a tantos entre quienes intervienen en la vida pública, haciendo y deshaciendo el destino de los pueblos.

El libro antes aludido fue adaptado como guión cinematográfico con el mismo nombre. Llevado a la pantalla en 2012 ganó varios premios en Europa y en Estados Unidos pero la crítica se quedó en el drama humano que plantea sin comprender el mensaje político que vehiculizaba: en Afganistán y en parte del vecino Paquistán las tribus han creado un sistema de opresión politica y religiosa que hace la vida imposible a todo aquél que no se pliegue al diktat islamista. Es por eso que cien operaciones como la que Estados Unidos desencadenó en el año 2001 no hubieran podido voltear la situación que predomina en el país profundo afgano, el mismo que los ingleses enclavaron para la eternidad con la estúpida Línea Durand de 1893. ¡La Pérfida Albión, siempre ella!. 

En La Piedra de la Paciencia, el título está tomado de una leyenda persa, la protagonista cuenta todos sus secretos, cuitas y desgracias no a una piedra mágica sino a su marido inconsciente y postrado: como en el cuento él inválido escucha e integra todas las faltas y pecados que le escucha a su mujer.  Entonces muere – si hubiera sido la piedra de la saga hubiera estallado – y libera a la mujer de la opresión conyugal, social y religiosa que hasta entonces no la dejaban vivir.  Es por cierto una idea que en otro contexto expresó José Martí en una poesía  enraizada en el platonismo.

Lo anterior para insistir en lo que ahora se ha vuelto a verificar: el concepto de que países civilizados pueden emplear la fuerza para aportar gobiernos democráticos a naciones que carecen de ellos por razones que tienen que ver con sus tradiciones y con su historia, es ilusorio. Imaginar que organizar elecciones y crear un parlamento entre gentes, repetables pero que se ha estado rigiendo durante siglos como lo hacían y lo siguen haciendo las tribus es una quimera. Añádase a ello el oscurantismo que aporta a ese cóctel «la religión más idiota que jamás ha existido» (1) y llegamos a esta situación que hoy asume con vergüenza todo Occidente.

Mientras se cierra el ciclo de ilusiones que muchos albergaron, el de la pretendida expansión de la democracia a través del planeta gracias a pluralidad, diversidad y coincidencia de propósitos en culturas y sociedades creadas diferentemente, los dos grandes países del Oriente que son la China y la India, afilan sus cuchillos para repartirse el pastel mientras Paquistán, otro componente de lo que otrora dominaron los británicos, permanece en medio del tablero con su armamento nuclear a buen recaudo. En una gaveta del buró por así decirlo, es un secreto a voces y fueron ellos quienes le pasaron la tecnología de punta que dominan a Corea del Norte.

Con los americanos totalmente fuera del juego de ahora en adelante, habrá que ver qué consecuencias económicas habrá,  será cosa de ver quien va a domesticar a los talibanes que tienen mucho dinero proveniente de la droga pero cerrados por el momento los circuitos financieros de la banca internacional. Sus élites serán objeto de todo tipo de genuflexiones de parte de sus vecinos. Hombres, armas y tiempo es lo que les sobra.  El Emirato es una realidad y aparentemente ha llegado para quedarse, pese a enemigos internos que deberán vigilar. Mientras a sus víctimas y a quienes somos potencialmente objetivos para el terrorismo islamista solo nos queda contarle nuestras penas a la Piedra de la Paciencia.  Más difícil de encontrar que la Piedra Filosofal, en un momento que materializa la derrota de todos, el resultado de la miopía de un poder que no deseo estigmatizar una enésima vez.

(1)Así calificó el islam el novelista Michel Houellebecq en 2014: ¡desde ese día vive custodiado por policías!.

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