Actualidad con Ramiro Gómez Barrueco

Written by Luis De La Paz

20 de octubre de 2026

He asistido a varios actos patrióticos e históricos convocados por el importante Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, donde he escuchado hablar a Ramiro Gómez Barrueco, un santiaguero que luchó contra Batista y, posteriormente, contra Castro.

Cuando habla, sus palabras describen a un hombre vehemente, decidido, que encara la injusticia y lo incorrecto. Es de ese tipo de hombres que no se amilanan ante las dificultades. Fue jefe de acción y sabotaje en su enfrentamiento al castrismo. Por sus acciones estuvo preso desde 1961 hasta 1971.

Gómez Barrueco es escritor y articulista. Escribió el ensayo Nuestro destino (1987) y el libro Pandemónium (1999). Elaboró calendarios con efemérides históricas de la lucha contra Castro, editados por el Instituto, del cual es director ejecutivo.

Fue director de los programas de radio La Voz del Escambray, Proyecto Cuba y Radio General Maceo. Ha mantenido una ininterrumpida militancia activa en el exilio. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad de Oriente y salió de Cuba en 1980, durante el éxodo del Mariel.

—El Instituto está cumpliendo 27 años desde su fundación. ¿Cómo valoras el trabajo realizado por la institución?

Califico la labor realizada por nuestra institución, liderada por Pedro Corzo, como magistral. Un catálogo de 22 libros, 18 documentales y cientos de entrevistas y conferencias grabadas lo demuestra. Nosotros ejercemos, al igual que otros, el magisterio de la historia contemporánea de Cuba. Lo practicamos con maestría, de forma ejemplar. Nuestro archivo histórico es completo y confiable porque estamos compilando los datos mientras protagonizamos nuestra actual historia; además, escrita por quienes la realizamos: por nosotros, sus protagonistas.

No pretendemos ser perfectos, porque nada humano lo es. Pero sí somos “un cofre sagrado donde vive la historia de la generación del 60”. Generación sacrificada y valiente, digna, tenaz e intransigente. La generación sagrada de “¡VIVA CUBA LIBRE!”, “¡VIVA CRISTO REY!”.

—Escribiste una antología por el 50.º aniversario del cierre del presidio de Isla de Pinos. El próximo año se celebrarán 60 años de ese momento histórico. ¿A nivel personal o por parte del Instituto habrá alguna conmemoración?

A nivel personal, me corresponde anualmente planificar y presentar de manera oral la conmemoración del cierre del presidio político de Isla de Pinos. Nosotros celebramos esta fecha como una victoria: tuvieron que cerrar el presidio político por su impotencia para doblegarnos. No lograron rendirnos, rehabilitarnos ni reeducarnos; no trabajamos voluntariamente. No lograron nada: ¡perdieron!

Utilizaron toda la infinita sevicia comunista para tratar de someternos. Dormíamos sobre siete toneladas de dinamita. Con frecuencia nos envenenaban con jalapa. Comíamos casi a diario harina con gorgojos; muchas veces con intestinos o genitales de reses sin limpiar. Con una taza de agua con azúcar y un mendrugo nos enfrentábamos cada día al régimen esclavista.

Años sin visitas ni correo. Nunca periódicos ni revistas. Ni pensar en radio o televisión. Cero teléfono. Trabajábamos de sol a sol. Golpizas y torturas eran un tenebroso juego de azar. Ojos sacados, testículos en las manos, compañeros inválidos… Cincuenta y ocho fallecieron en Isla de Pinos.

—Conspiraste contra Batista y luego contra Castro. ¿Cómo diferenciarías la labor conspirativa ante cada uno de esos regímenes?

Aunque los dos regímenes se diferencian abismalmente, mi pánico conspirativo no fue cualitativamente distinto desde que comencé a gritar “¡Abajo Batista!” en los cines de Santiago de Cuba hasta el día en que llegué a EE. UU. en “la gloriosa flotilla del Mariel”.

Gloriosa porque había que tener un corazón de acero y un alma de bohemio bien templada para enfrentarse al pandemónium de las turbas que sitiaban tu casa. Ser atacados y golpeados una y otra vez por esas turbas histéricas y atravesarlas para poder embarcarte en una travesía marítima, muchas veces mortal. Como en mi caso, en el barco camaronero Miss Snugless, obligado por los militares cubanos a salir en medio de una feroz tormenta.

Creo que Dios existe.

Jamás degusté un alpiste de paz interna en el vuelo fatídico de mi adolescencia y juventud. Siempre escondido, siempre huyendo, siempre proscrito. Paradójicamente contento por lograr exiliarme en 1958 y salir vivo en mi juicio de 1961. Las dos veces, gracias a la milagrosa intervención económica ($$$$) de mi padre…

La lucha contra Batista fue una rebelión política transitoria para restaurar la Constitución de 1940. La lucha contra “la dinastía Castro” fue, a partir del fracaso y traición de Girón, el suicidio de una generación-nación que enfrentaba al totalitarismo comunista internacional. Con Batista, el rebelde clandestino capturado muchas veces sobrevivía y no siempre la pasaba tan mal en las prisiones. Con los Castro casi siempre se enfrentaba al paredón y la prisión siempre —¡siempre!— fue infernal.

Conspirar contra los comunistas se volvió cada vez más difícil y peligroso: más comités de delatores, más infiltrados y más paredón. Pero la respuesta correcta a esta pregunta requeriría una explicación mucho más intensa y extensa.

—Volviendo al Instituto, dirigiste la confección de los almanaques con efemérides de la historia de la lucha contra el castrocomunismo. ¿Cómo surgió la idea y qué importancia revisten esos calendarios?

Ante todo, una aclaración importante: no fueron dos, sino tres los almanaques cuya confección dirigí. El primero, y más importante de todos, se publicó en el año 2003. Una imagen vale más que mil palabras.

Como siempre, estábamos sin un centavo para funcionar; como siempre, recolectamos el dinero entre nosotros mismos. En ese primer almanaque se cumple cabalmente la idea que originó nuestra institución: “Divulgar la historia de nuestra lucha, en especial la lucha violenta contra la tiranía totalitaria comunista”.

Al llegar al exilio, muchos ex presos políticos nos percatamos de la creencia generalizada, entre los cubanos de adentro y de afuera, de que la historia de nuestra lucha radicaba exclusivamente en la traicionada expedición de Girón. Ignoraban, y muchos aún lo ignoran, que antes, durante ¡y después! de Girón, en Cuba se combatió en todas las montañas, llanos y ciudades del país, desde 1959 hasta 1965, de manera muy intensa. El respaldo del comunismo internacional al castrismo, sumado al abandono y la traición mundial, marcó el destino de nuestra lucha y, en consecuencia, de nuestra patria.

El primer almanaque muestra, día por día, algunas de las batallas y todo tipo de hechos heroicos que ocurrieron ese día. Los calendarios de 2006 y 2020 incluyen con detalle los horrores sufridos por nuestro pueblo durante el genocidio comunista.

—Estuviste en las cárceles castristas diez años. ¿Podrías resumir un día difícil en prisión y algún momento de camaradería con tus compañeros de lucha?

Considero que los días más difíciles para cualquier preso son aquellos en los que se espera el fusilamiento de alguno de sus hermanos de lucha. Desde el punto de vista personal, tuve varios momentos difíciles; el más notorio y “pintoresco” sucedió cuando el director de la prisión de Boniato en Santiago de Cuba —exvendedor de pescados a domicilio y aparente amigo de mi padre y de mi familia— decidió finalmente quitarme la vida (yo había tenido varios problemas, uno tras otro).

Me encerró en las celdas de castigo del hospitalito de la prisión; después de dos días sin comer, me dieron una sopa enciguatada (envenenada). Yo estaba delirando y con tremendas convulsiones. Un miliciano castigado, haciendo guardia vieja, amigo nuestro, oyó los gritos de Mayito Arrúe, allí conmigo, y le avisó al jefe del hospitalito, teniente Javier Vidal, concuño de mi tío y superanticomunista oculto. El militar a cargo de la puerta no dejaba entrar a nadie por orden especial de García. Javier lo enfrentó, le dijo que se cuadrara y entró; él y Mayito me tiraron en un catre, Javier me puso a toda velocidad dos inyecciones de tiosulfato y aquí estoy, escribiendo esta historia larga en tiempo corto.

El momento más intenso e increíble de camaradería que he vivido fue durante una revuelta en el bloque de trabajo 6A. El cabo “Indio” sacó a tres presos para matarlos fuera del cordón: al viejito Almaguer, al negro “Pincho” y a mí. Paró a todo el bloque en un terraplén para anunciar jactanciosamente nuestra muerte. En su soberbia, se dirigió a todos y retó a ver quién estaba dispuesto a morir junto a nosotros tres.

Salieron dieciocho a morir a nuestro lado. A los veintiuno nos golpearon con bayonetas y machetes hasta que les salieron ampollas sangrantes en las manos. ¿Podía yo soslayar este hecho paradigmático? Sobran testigos vivos.

—La situación en Cuba es caótica, digamos catastrófica, mientras el pueblo resiste por el miedo y por la falta de un mensaje claro por parte de Estados Unidos para lograr el cambio esperado. El castrismo busca ganar tiempo, y lo está logrando, mientras la Administración de Trump parece no pasar de un lenguaje optimista respecto a un cambio. ¿Cómo valoras lo que está sucediendo y qué te gustaría que ocurriera?

Lo que está ocurriendo en Cuba, según mi criterio, es una negociación con presión. Lo que me gustaría que ocurriese está en la Biblia, Mateo 26:52, y lo resume el refrán: “El que a hierro mata, a hierro muere.

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