Actualidad con Juan Roca

Written by Luis De La Paz

7 de julio de 2026

Por Luis de la Paz

Públicamente ha expresado el director Juan Roca que se ha propuesto llevar a escena este año tres obras de Héctor Santiago, dramaturgo cubano radicado en Nueva York. Ya ha cumplido su promesa, presentando Balada de un verano, La Diva en la Octava Casa y quedaba El milagro de Madame Kirovska, que llega finalmente a la sala de Artefactus. 

Juan Roca ha sentido siempre una gran afinidad con el teatro de Santiago y lo ha manifestado a través de puestas en escena y lecturas dramatizadas. De hecho, Madame Kirovska estuvo en cartelera en el 2011. Tres lustros después vuelve con la misma actriz protagónica, la exquisita Julie De Grandy. 

En la obra, una abuela, sintiendo que se aproxima el final de su vida, no quiere dejar solo a su nieto Abilio, por lo que idea un fantástico plan para procurarle un amor a su nieto. 

Juan Roca, uno de los directores de teatro de autor más significativos de Miami, habla de la obra y otros temas para Libre. 

—Definitivamente, en este año 2026 has enfocado tu trabajo como director en llevar a escena obras de Héctor Santiago. ¿Qué te ha motivado a ello?

Este año decidí dedicar una parte importante de mi trabajo a rendir homenaje a la obra de Héctor Santiago, motivado por múltiples razones. Ante todo, porque considero que su dramaturgia posee una belleza extraordinaria y una profunda riqueza poética que siempre me ha brindado un amplio universo de posibilidades creativas como director. Su teatro penetra en los rincones más íntimos del alma humana, explora nuestras heridas, nuestras esperanzas y nuestros anhelos más profundos, y esa capacidad de conmover lo convierte en una voz única.

Además, estoy convencido de que Héctor Santiago ocupa un lugar fundamental dentro de la dramaturgia del exilio cubano. Su obra merece ser conocida, estudiada y llevada a escena por las nuevas generaciones, porque en ella habita una memoria colectiva que no debemos perder.

—Las lecturas dramatizadas de obras han perdido su impulso en Miami. ¿Qué opinas sobre ellas y cuánto pueden motivar a los directores?

Es cierto que las lecturas dramatizadas ya no despiertan el mismo interés que en otros tiempos; sin embargo, continúan siendo una herramienta invaluable para el teatro. Son el primer encuentro entre la palabra escrita y el público; un espacio donde autores, directores y espectadores pueden descubrir la fuerza, la musicalidad y el potencial escénico de un texto.

En mi experiencia, muchas de las producciones más significativas de Havanafama nacieron primero como lecturas dramatizadas. Obras como La Diva en la Octava Casa, Bernarda, Fresa y chocolate, Marchita y Balada de un verano comenzaron su viaje de esa manera antes de llegar al escenario. Lo mismo ocurrió con Las verdes palmas de Hialeah, que muy pronto verá la luz en una puesta en escena y formará parte del tributo que este año dedicamos a Héctor Santiago.

Las lecturas son semillas. Algunas permanecen dormidas durante años, y otras terminan floreciendo en espectáculos que encuentran su lugar en la memoria del público.

—Una de las obras de Héctor Santiago a estrenar es Madame Kirovska, que ya habías hecho en 2011 con Julie De Grandy. ¿Cómo la asumes quince años después?

Madame Kirovska forma parte del repertorio histórico de Havanafama y ocupa un lugar muy especial en mi trayectoria. Es una de esas obras que disfruté profundamente cuando la llevé a escena por primera vez y que continúo disfrutando hoy. Su refinamiento, su elegancia y la belleza de su universo dramático la convierten en una de mis piezas favoritas.

Quince años después, regreso a ella con la misma emoción, pero también con la experiencia acumulada por el tiempo. Volver a sumergirme en el mundo mágico de Madame Kirovska es reencontrarme con la sensibilidad y la exquisita escritura de Héctor Santiago, descubriendo matices que quizás antes permanecían ocultos.

Aunque esta nueva producción incorpora actrices que se acercan por primera vez al proyecto, Julie De Grandy continúa siendo, para mí, la esencia misma de Madame Kirovska. No solo por su extraordinario talento artístico y por el profundo cariño que nos une, sino porque siempre he sentido que existe una conexión especial entre Julie y el personaje, como si ambos hubieran nacido el uno para el otro. Su presencia aporta una verdad escénica difícil de imaginar en otra intérprete.

—La obra literaria de Héctor es muy testimonial, muy cubana. ¿Cuáles son tus puntos de conexión con su literatura?

Héctor Santiago escribe para aquellos que muchas veces quedan al margen de la historia: los derrotados, los enamorados, los incomprendidos, los que cargan con el peso de la soledad o la exclusión. Y precisamente ahí encuentro una de las conexiones más profundas con mi propio teatro.

Desde sus inicios, Havanafama ha dado espacio a personajes, conflictos y realidades que otros prefieren evitar. Temas complejos, incómodos o dolorosos que, lejos de ser ocultados, encuentran en nuestro escenario un lugar para florecer y dialogar con el público.

Compartimos también una misma preocupación por la justicia social y por la dignidad humana. Esa mirada compasiva hacia quienes luchan por ser escuchados constituye uno de los puentes más sólidos entre la dramaturgia de Héctor Santiago y mi visión artística. Quizás por eso sus obras me resultan tan cercanas: porque hablan de seres humanos reales, con sus luces y sus sombras, y porque defienden el derecho de todos a ser vistos y comprendidos.

—Has participado en festivales en Nueva York, Mérida y Manizales. Háblanos de la respuesta a tu trabajo.

Hemos tenido la fortuna de presentar nuestro trabajo en diversas ciudades y países, y la respuesta del público ha sido siempre generosa y profundamente estimulante.

Nuestra historia con Mérida comenzó cuando obtuvimos el primer lugar en el Festival de Teatro de Pequeño Formato dirigido por Yosvany Medina. A partir de entonces nació una relación entrañable con esa ciudad y con su público. Allí hemos presentado numerosas obras como Bernarda, La Chunga, Calígula, La orgía y muchas otras, encontrando siempre una acogida cálida y apasionada.

Nueva York ocupa igualmente un lugar privilegiado en nuestra trayectoria. Allí hemos recibido importantes reconocimientos, entre ellos premios HOLA, ATI, ACE y Talía. Este último año fue especialmente significativo para mí, al recibir el Premio Talía como director y, sobre todo, el reconocimiento al Mejor Elenco por Marchita, del dramaturgo Erom Jimmy Cuesta, un galardón que considero uno de los más valiosos porque celebra el trabajo colectivo.

La experiencia en Manizales, en Colombia, con Balada de un verano de Héctor Santiago fue igualmente inolvidable. El público recibió la obra con enorme sensibilidad y quedó profundamente conmovido por la historia y por las interpretaciones de Verónica Abruza y David Ponce.

Este año regresaremos a Mérida con Balada de un verano y Madame Kirovska. Casa Tanicho se ha convertido para nosotros en un hogar artístico en México, una extensión natural de la familia teatral de Havanafama.

—Siempre has estado al frente de tu propia sala y ahora Havanafama es una compañía itinerante. ¿Cómo ha sido esta nueva etapa para ti?

Ha sido una etapa difícil y desafiante. Para un director teatral, no contar con un espacio propio significa perder un lugar donde los sueños comienzan a tomar forma. Un teatro no es solo un edificio; es el territorio donde nacen las imágenes, donde se construyen los personajes y donde cada ensayo acerca un poco más la obra a su destino final.

Desde el primer día de trabajo empiezo a imaginar escenografías, luces, vestuarios y atmósferas. Cuando no se dispone de la sala donde finalmente se presentará el espectáculo, el proceso creativo se vuelve más complejo. Los actores ensayan en espacios provisionales, recorren escenarios imaginarios y deben adaptarse, muchas veces en los últimos momentos, al verdadero lugar de representación.

Sin duda, esta realidad impone limitaciones tanto para mí como para los intérpretes. Sin embargo, también nos ha enseñado a ser resilientes y a seguir adelante a pesar de las dificultades.

Ha sido una etapa dura, pero el amor por el teatro sigue siendo más fuerte que cualquier obstáculo. Porque el teatro quizá no me ha dado una forma de vivir, pero sí me ha dado algo mucho más importante: una razón para seguir viviendo.

Funciones de El milagro de Madame Kirovska, sábado 11 de julio, a las 8:30 pm, y domingo 12, a las 5 pm, en la sala Artefactus, 12302 SW 133 Ct., Miami, 33186. Presentaciones adicionales los días 17, 18 y 19 de julio. Reservaciones en el 786-262-4014.

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