Las Últimas Puertas de China. Por Hong Kong y Macao comerciaMao-Tse-Tung con Occidente (I)

Written by Libre Online

3 de noviembre de 2026

Nota de la redacción: Hong Kong volvió a China en 1997 y Macao en 1999.

El problema de Tachén ha traído a la actualidad dos minúsculos problemas internacionales, no tan caprichosamente olvidados en estos tiempos de “remate” del colonialismo que estamos viviendo a lo largo del último decenio. La colonia británica de Hong Kong, y su vecina colonia portuguesa de Macao, constituyen algo más que un olvido en esa amplia partitura de reivindicaciones asiáticas ante la que China lleva dos largos lustros manejando la batuta.

Hong Kong y Macao, minúsculos enclaves coloniales en el mismo corazón de la China de Mao Tse Tung, no han sido respetados como tales por la más ligera sombra de temor que pudiera abrigar este dirigente de la China comunista respecto a las represalias que hubieran de sobrevenirle de parte de la ya decaída Britania y de la hace muchos años inválida Lusitania.

El ahora potente dragón chino no teme lo más mínimo hoy al antaño terrible imperio de Victoria, y mucho menos al más lejano reino de Don Dionis. Una simple razón ha mantenido la vigencia colonial sobre estos dos minúsculos enclaves extraños, dentro del territorio nacional chino: el hecho de que sus puertos —que son del litoral chino— abanderados por las enseñas de Gran Bretaña y Portugal hayan sido, durante este largo periodo de bloqueo anticomunista llevado a cabo por la ONU, los únicos talones de Aquiles por donde tan “absoluta medida” ha encontrado posibilidades de no resultar tan drástica y absoluta.

China, Siempre Enigmática

La existencia de estos dos pequeños enclaves coloniales tiene sus antecedentes en los dos momentos históricos en que el Mundo occidental ha forzado a la enigmática China a llegar a una convivencia con él, en aras siquiera de esa universalidad que el comercio entre los hombres hace cada día más imperativa.

Los comerciantes venecianos y genoveses, que llegaron a monopolizar durante el medioevo la mayor parte del entonces pingüe negocio de las especias, fueron los primeros occidentales interesados en alcanzar los legendarios países de donde provenían aquellos ricos y valiosos, productos que, solo a través de caravanas de tártaros o turcomanos, llegaban hasta los más próximos mercados de Arabia o Anatolia.

El Pontificado, deseando por otra parte abrir más amplio campo a la Fe, contribuyó no poco a relacionar los pueblos casi míticos de Oriente con el Occidente europeo. No muy documentado, pero sí a todas luces cierto, parece ser que el primer europeo que visitó el vasto Imperio chino fue precisamente un legado pontificio: el fraile franciscano Pian de Carpino, enviado por el papa Inocencio IV, el año 1245.

De sus noticias nutrió su ambición el célebre Marco Polo, primero a su vez que habría de dar información extensa y documentada de la vida y riquezas fabulosas de la legendaria Cathay y el no menos legendario Cipango, ya que permaneció entre sus habitantes durante los dieciocho años que van de 1275 a 1292. La biografía y andanzas de este no menos fabuloso personaje ha sido divulgada quizás como pocos de la Historia, por lo que evitamos repeticiones a los lectores.

Los Europeos Fuerzan un Comercio…

Fue al principio del siglo XVI -por aquellos tiempos en que cada año sumaba una nueva nación a la Geografía- cuando los europeos aparecieron en las costas de China, ya no como curiosos visitantes, sino como posibles colonizadores. Después de la conquista de Goa fue conquistada en 1510 por Afonso de Albuquerque, los portugueses de Lorenzo de Almeida conquistaban Ceilán en 1505; y otro Alburquerque llega a Malaca, dando vista al nuevo mar que conducía hacia la fantástica China.

Uno de los colonizadores y marinos de este Jorge de Alburquerque, llamado Jorge Álvares, fue el primer europeo que llegó a la China por vía marítima. Un hijo de este Álvares que le acompañaba, al morir repentinamente en la isla de Tamou, frente al puerto de Cantón, puede catalogarse como el primer europeo enterrado en China. Esto sucedió el año 1514.

Jorge Álvares, que retornó en plan de conquistador a esta misma isleta, hubo de ser enterrado en la misma tumba de su hijo al fallecer allí cuatro años más tarde. Perestrello, otro portugués emparentado quizás con la familia de la mujer de Cristóbal Colón, fue el primer navegante lusitano que, después de hallar acogida en Cantón, pudo regresar a Malaca y contar entre sus paisanos las riquezas sin cuento que había visto en la capital del Kuang Tung, el año 1516.

En 1517, el almirante Peres de Andrade, al mando de fuerte flota, ancló frente a Cantón.

El historiador chino Ku Ying Siang, en su libro El arte de la Guerra, así describe la primera llegada de los portugueses: en 1517 reinaba el emperador Zhengde; Wanli reinó de 1573 a 1620. En el año “ting-chao” del emperador Wanli me hallaba en Kuangtung empleado como interventor interino de asuntos marítimos. De pronto llegaron dos grandes buques, que dijeron venir de la comarca “Fo-Lan-Ki” para pagar el tributo debido al Emperador. El jefe de estos barcos se llamaba “Ca-Pi-tan”. La gente de a bordo tenía todos ojos y narices muy grandes, y llevaban una tela arrollada a la cabeza como los musulmanes. En seguida se dio cuenta de su llegada al virrey, quien en vista de que aquellas gentes ignoraban las reglas de urbanidad, ordenó que les fuesen enseñadas durante tres días en la mezquita mahometana… Cuando en 1521 subió al trono el emperador Tienu-Ki, en vista del comportamiento irrespetuoso de aquellos bárbaros, su intérprete fue condenado a la pena capital y sus compañeros expulsados de las fronteras del Imperio.

El haber exigido los portugueses tributos a los habitantes de las cercanías de la isla de Tamou, donde pronto edificaron un fuerte, dio lugar a la tensión que el historiador chino relata y a su referida expulsión. El intento de forzar el comercio y la relación con Oriente no habría de tener con esto sino un precedente; prontamente lusitanos y otras naciones europeas, volverían a insistir en la empresa.

Los Portugueses en Macao

Rehechos los portugueses de este desastre, y de otros que siguieron a la boca de la bahía de las Perlas, buscaron nueva cabeza de desembarco, hallándola propicia en Ningpó, donde hacia 1540 ya se había establecido una numerosa colonia lusitana, con almacenes, fuerte y hasta dos pequeñas iglesias católicas, ya que su población europea se acercaba al millar de habitantes.

Expulsados de nuevo, en el año 1545 habían vuelto a organizar un nuevo puerto y fortaleza en Chin-Chao, cerca de Amoy; llegando esta vez a adquirir mayor población e importancia que en Ningpó. Pero los chinos, que en sus ataques a los lusitanos habían aprendido que “los diablos del río occidental -que así los llamaban- no eran inmortales”, les volvieron a atacar, arrasando la factoría y causando la muerte a más de quinientos de sus pobladores. Fernão Mendes Pinto, que fue uno de los catorce portugueses que lograron escapar con vida, señala que no pudieron llevarse “corsa que valesse un só real”.

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