Acciones internas y acciones comando (III)
EL JURE Y MANOLO RAY
Manolo Ray y el JURE no querían quedarse atrás. El 15 de mayo emitieron su propio “parte de guerra”, en el que anunciaban que fuerzas de esa organización habían desembarcado por dos lugares distintos de la provincia de Oriente.
Para pocos días después, el 20 de mayo, Ray tenía anunciada su “entrada en Cuba”.
El 18 de mayo, “desde un lugar del Caribe”, el presidente del JURE habló con The New York Times sobre sus planes y su estrategia “en la lucha contra el régimen castrista”.
El entrevistador era Tad Szulc, quien había sustituido a Herbert Matthews en esas labores periodísticas. Ray declaró, con espíritu beligerante, que planeaba “entrar en Cuba con unos cuantos grupos para reconstruir las fuerzas de la resistencia que sufrieron un duro golpe después de la fracasada invasión de 1961”.
Desde La Habana llegó un cable según el cual se esperaba, de un momento a otro, el anuncio de que el líder cubano exiliado Manuel Ray había llegado a su patria para hacerse cargo de las operaciones anticastristas de su Junta Revolucionaria Cubana (JURE).
El propio 20 de mayo, el JURE lanzó una proclama en la que convocaba “a todos los cubanos para una nueva guerra de independencia que se inicia en suelo cubano”.
Ray no estaba solo en aquella convocatoria bélica. Eloy Gutiérrez Menoyo anunció que su plan de guerra de guerrillas “había ya comenzado… para establecer una segunda república” que se enfrentaría al régimen comunista.
El 4 de junio se produjo una gran decepción. Los grupos con los que Ray pretendía reconstruir las fuerzas de la resistencia en Cuba no estaban en la isla, sino en Nassau.
Los supuestos “grupos de cubanos” se reducían a cinco exiliados cubanos y tres fotógrafos estadounidenses, entre ellos una mujer. Flavio González, Juan Díaz, Armando Lastra, Israel Morell y Mirta Borres, así como dos de los fotógrafos estadounidenses, habían sido detenidos en las playas de Nassau. Todo se resolvió con una multa de 14 dólares por persona por posesión ilícita de armas de fuego.
En cumplimiento de “los compromisos contraídos”, como había ocurrido durante los meses anteriores, “un avión de patrulla del Servicio Guardacostas Norteamericano ayudó a un destructor británico en la captura de los exiliados y los fotógrafos”.
Szulc calificó el incidente como una “tragedia de errores”; para otros, fue más bien una comedia.
Quienes, en ese momento, estaban luchando eran otros. Cuatro exiliados combatientes, Felipe Vidal Santiago, Ladislao González Benítez, Elías Rivera Bello y Alfredo Valdés Linares habían sido apresados, al tratar de infiltrarse en Cuba.







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