BAYAMO, 20 DE OCTUBRE DE 1868: EL DÍA EN QUE CUBA CANTÓ POR SU LIBERTAD

Written by Libre Online

20 de octubre de 2026

El 20 de octubre de 1868, en los albores de la Guerra de los Diez Años, el pueblo bayamés entonó por primera vez públicamente la letra de Himno de Bayamo, compuesta por Pedro “Perucho” Figueredo. Aquel canto de combate, convertido en símbolo de patriotismo y rebeldía, marcó para siempre la historia de la nación cubana.

Aquel día, tras la toma de Bayamo por las fuerzas independentistas, las calles de aquella ciudad oriental fueron escenario de uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia de Cuba: el pueblo entonó las estrofas del himno compuesto por Pedro “Perucho” Figueredo, cuya música y letra expresaban el espíritu de libertad que animaba a los cubanos.

Aquel canto patriótico, conocido inicialmente como “La Bayamesa” y posteriormente como Himno de Bayamo, se convirtió en el Himno Nacional de Cuba y en uno de los símbolos más representativos de sus luchas por la independencia.

En reconocimiento a su trascendencia histórica, cada 20 de octubre se conmemora, dentro y fuera de la isla, el Día de la Cultura Cubana, fecha que rinde homenaje a las raíces, tradiciones e identidad de la nación.

LA HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL

Bayamo ocupa un lugar privilegiado en la historia de Cuba. Tierra de patriotas y escenario de heroicas acciones independentistas, fue también la ciudad donde nació el himno que acompañaría a los cubanos en su lucha por la libertad.

Antes del levantamiento del 10 de octubre de 1868, Pedro Figueredo, conocido cariñosamente como Perucho, era un destacado abogado, músico y poeta bayamés, profundamente comprometido con la causa emancipadora.

Conocía las gestas independentistas y la bandera que Narciso López había enarbolado en Cárdenas en 1850. También comprendía que la revolución necesitaba un canto capaz de expresar sus ideales y despertar el entusiasmo popular.

Pedro Figueredo compuso la música el 14 de agosto de 1867, a petición del comité revolucionario de Bayamo: un himno de combate que reuniera la sensibilidad musical cubana y la fuerza revolucionaria de “La Marsellesa”, símbolo de la Revolución francesa.

Figueredo escribió entonces una marcha de carácter marcial, destinada a convertirse en expresión musical de las aspiraciones independentistas.

Sin embargo, surgía una dificultad: ¿cómo darla a conocer sin despertar las sospechas de las autoridades coloniales españolas?

La solución fue ingeniosa. Entregó la partitura al maestro Manuel Muñoz Cedeño, quien realizó su instrumentación para que pudiera interpretarse públicamente.

El 11 de junio de 1868, durante las celebraciones religiosas del Corpus Christi, la melodía resonó en la iglesia parroquial de Bayamo. Fue su primera interpretación pública instrumental, varios meses antes del inicio de la guerra.

La composición llamó la atención de los presentes, incluido el gobernador militar español, coronel Julián Udaeta, quien habría advertido su carácter marcial y las emociones patrióticas que podía despertar.

Lo que parecía una marcha ceremonial era, en realidad, el anuncio musical de una revolución que estaba próxima a estallar.

EL 20 DE OCTUBRE: EL HIMNO SE 

CONVIERTE EN VOZ DEL PUEBLO

El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes inició la primera guerra por la independencia de Cuba con el levantamiento de La Demajagua.

Pocos días después, las fuerzas insurrectas avanzaron sobre Bayamo, ciudad que cayó en manos de los patriotas el 20 de octubre de 1868, tras la rendición de la guarnición española.

Perucho Figueredo participó activamente en aquellos acontecimientos.

Según la tradición histórica,  mientras Figueredo recorría las calles de Bayamo a caballo, rodeado de combatientes y ciudadanos que celebraban la victoria, el pueblo le pidió que escribiera la letra de aquella marcha patriótica que ya conocía.

Fue entonces cuando, utilizando como apoyo una de sus piernas sobre la montura, escribió los versos que pasarían a la posteridad.

La multitud comenzó a entonarlos con entusiasmo, convirtiendo aquella composición en un verdadero grito de independencia.

Por primera vez, música y letra se unían públicamente para proclamar la voluntad de los cubanos de conquistar su libertad.

Desde entonces, el himno acompañó a los mambises en los campos de batalla y se convirtió en símbolo de sacrificio, dignidad y amor a la patria.

PERUCHO FIGUEREDO: EL PATRIOTA QUE INMORTALIZÓ A BAYAMO

Pedro Figueredo no fue solamente el creador del Himno Nacional. También participó en la lucha independentista fue mayor general del Ejército Libertador y subsecretario de Guerra de la República en Armas. Se puede añadir que ante el pelotón exclamó ¡Morir por la patria es vivir!

Su compromiso con la libertad de Cuba lo llevó a combatir contra el dominio colonial español.

Capturado por las fuerzas españolas en 1870, fue conducido a Santiago de Cuba, donde murió fusilado el 17 de agosto de ese año.

Su muerte lo convirtió en uno de los mártires de la independencia, pero su legado sobrevivió en los versos que había compuesto.

La historia de Perucho Figueredo quedó así inseparablemente vinculada a la de Bayamo, ciudad que también protagonizó uno de los episodios más conmovedores de la Guerra de los Diez Años.

El 12 de enero de 1869, ante el avance de las tropas españolas, los bayameses incendiaron su propia ciudad antes que entregarla nuevamente al dominio colonial.

Aquel sacrificio colectivo confirmó el espíritu de resistencia que había inspirado el himno.

LAS ESTROFAS QUE SE 

CONVIRTIERON EN SÍMBOLO NACIONAL

La versión oficial del Himno Nacional de Cuba conserva las dos primeras estrofas de la composición original de Perucho Figueredo:

Al combate corred, bayameses,

que la patria os contempla orgullosa;

no temáis una muerte gloriosa,

que morir por la patria es vivir.

En cadenas vivir es vivir

en afrenta y oprobio sumido.

Del clarín escuchad el sonido;

¡a las armas, valientes, corred!

Estos versos constituyen una de las expresiones más profundas del patriotismo cubano.

Su mensaje trasciende el momento histórico en que fueron escritos: proclama el valor de la libertad, la dignidad humana y la disposición al sacrificio frente a la opresión.

UN HIMNO QUE IDENTIFICA A TODA UNA NACIÓN

La historia del Himno Nacional está estrechamente relacionada con el nacimiento de la conciencia independentista cubana.

Desde su primera interpretación instrumental, en junio de 1868, hasta el momento en que el pueblo de Bayamo entonó sus versos aquel memorable 20 de octubre, la composición de Perucho Figueredo recorrió el camino que la convertiría en símbolo de la nación.

Su reconocimiento oficial quedó consagrado posteriormente en la historia constitucional cubana.

La Constitución de la República de Cuba de 1940, en su artículo 5, estableció:

“El Himno Nacional es el de Bayamo, compuesto por Pedro Figueredo, y será el único que se ejecute en todas las dependencias del Gobierno, cuarteles y actos oficiales. La República no reconocerá ni consagrará con carácter nacional otro himno”.

Más de siglo y medio después, el Himno de Bayamo conserva su extraordinaria fuerza histórica y emocional.

Para los cubanos, dentro y fuera de la isla, sus notas evocan las luchas por la independencia, el sacrificio de los patriotas y la permanente aspiración de vivir en libertad.

Cada 20 de octubre, al conmemorarse el Día de la Cultura Cubana, se recuerda también que el Himno Nacional nació de la gesta independentista y fue concebido como un llamado a combatir por la libertad.

Porque, como proclamó Perucho Figueredo en su verso inmortal, “morir por la patria es vivir”.

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