EL SALUDO “ASERE” NOS LLEGÓ DE NIGERIA

8 de septiembre de 2026

No me gusta ni utilizo el “asere” para saludar a mis amigos; sin embargo, lo prefiero mil veces al comunistoide “compañero” y “camarada” que nos quisieron endilgar.

Los apelativos “asere”, “ecobio”, “pana”, no son nuevos. Nos los trajeron los esclavos nigerianos y, después, durante el siglo pasado, se fueron prodigando dentro del sistema carcelario.

Muchísima gente cree que “asere” es un producto de la jerga castrista, pero no es cierto: las cadenas vienen de lejos.

Los “aseres” siempre han sido una minoría dentro del conglomerado cubano, pero suficientes para hacerles creer a los ignorantes de la antigua idiosincrasia cubana que “todos los nacidos en la Isla somos graduados de la Universidad del Solar del Reverbero”, cuando la verdad es que lo único que hemos hecho es recibir un curso intensivo en la materia. ¿Recuerdan al bofe “Don Francisco”, gangoso, remedándonos?

Entonces el camarero latino nos dice: “Señor Fernández, hace tiempo que no nos visita. ¿Le ha pasado algo?”. Y esperan que uno les diga: “¡Qué bolá, caballo! Estoy curralando de a butín, abacorao con tanta pincha; precisamente ahora tengo el cuerpo cortao y me voy para el gao a llamar a un babalao!”.

Si no respondo así, entonces no creen que soy cubano… De mí han creído que soy hasta iraní.

Desde luego, y en honor a la verdad, lo bueno que tenemos los cubanos es que casi todos sabemos descender al nivel del “asere”, y quizás eso incremente el mito.

En nuestra Isla, antiguamente, más que una molestia, los “aseres” —les llamábamos “chucheros”— eran motivo de entretenimiento y diversión, al mismo tiempo que de ellos aprendíamos la forma adecuada de “tirarnos para el solar” cuando la situación lo requería.

Y nos iban ilustrando cuando les preguntábamos:

—¿Qué tal es ese tipo?

—Eso es carcañal de indígena.

—¿Esa es tu novia?

—Nonitro, la andoba es un punto filipino que estoy atrabancando.

—¿Ya comiste?

—No he jamado porque no tengo astilla.

—¿Necesitas dinero?

—Cirilo Villaverde, de Guillermón Moncada, pásame tres cocos, Cachirulo Montalbán.

Y yo me pregunto: ¿cuántos libros, artículos, editoriales y discursos hemos hecho contra Fidel, y ahora contra el chicle masticado de Raúl Castro, cuando en realidad, con ese monstruo, lo único que tenemos que hacer es “tirarnos pa’ lo chapeao”? Por favor, a veces yo les llamo H.P. y algunos se molestan.

Yo tengo un cúmbila que es tremendo “asere” y allá, en el año 62, al despedirse, me dijo:

“Mi sangre, espanto la mula porque Fidel es un penco, Raúl es cherna, el Che es un cacafuaca y esta revolución es orine de canguro”.

Y eso no es todo. Fíjese si este “chuchero” está claro que el otro día me lo encontré en “La Carreta” y le pregunté:

—Oye, Candela, ¿qué tú crees que se debe hacer para solucionar la situación de nuestro país?

Y me dijo: —Ecobio, no escribas más “lo que pica el pollo”. Aquí lo que hay que hacer es: ¡darle guiso al pargo y, de carambola, tumbar al tuerto!

Temas similares…

0 comentarios

Enviar un comentario