QUEMA DE PERIÓDICOS, REVISTAS Y LIBROS
Manos ávidas, con premura desenfrenada, lanzaron sobre el asfalto, formando una pira, cientos de ejemplares de los periódicos nacionales Diario de la Marina, Prensa Libre y otros. También, de las revistas norteamericanas, en español, Life, Time y Selecciones del Reader’s Digest. Por último ediciones recientes de los libros La noche quedó atrás del alemán Jan Valtin. La gran estafa del peruano Eudocio Ravines y La nueva clase de Milovan Djilas, yugoeslavo nacido en Serbia, coronaron la fogata que fue rociada de gasolina e incendiada.
El fuego, lanzando pavesas al aire, se alzó en llamarada hambrienta. Los acordes de “La internacional, volvieron a campear. En tanto, la palabra escrita era incinerada, voces saturadas de odio irracional y extremista repetían: “¡Fuera los vende patrias! ¡Paredón para los traidores…!”.
Con el logro de las cenizas el acto concluyó. Con la misma diligencia con que inflaron el tinglado lo desinflaron. Un camión cisterna, provisto de manguera, lavó el rostro del asfalto chamuscado de negro. Cerca de la medianoche el tramo de calle volvió al entorno, aunque persistía el olor a papel quemado.
Mi hermano y yo salvamos la corta distancia que nos separaba de la casa. Los abuelos aguardaban en el portal. Abuela nos miró con aprensión. Los ojos se le llenaron de lágrimas y exclamó:
— ¡Nos han traicionado y engañado! — Con la mano derecha limpió las lágrimas y tomando control ordenó. —Entren. Ya es muy tarde y mañana tienen clases.
Abuelo, que había permanecido en silencio, salió del portal. Se detuvo en medio de la acera y observó, a la luz del alumbrado público, la avenida vacía.
—Entra tú también, o prefieres esperar a que salga el Sol —abuela lo conminó.
Abuelo, sin desprender los ojos de la noche, en voz baja y presagiosa, respondió.
—Temo que aquí, en Cuba, por mucho tiempo no volverá a salir el Sol.
FIN








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