Memoria constante. Relatos verídicos

Written by José A. Albertini

4 de agosto de 2026

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

QUEMA DE PERIÓDICOS, REVISTAS Y LIBROS

A pocas horas de lo manifestado por Armando Hart el periódico Revolución, órgano oficial del Movimiento 26 de julio, sintetizando la idea expresada, publicó la consigna siguiente: “Ser anticomunista es ser antirrevolucionario”.

Ulteriormente, el 26 de diciembre de 1959, Fidel Castro decretó que noticias y artículos de opinión, publicados por periódicos y revistas independientes,  que no agradasen a la “Revolución” fuesen acompañados por notas de rechazo, atribuidas a los llamados “comités de prensa” del diario en cuestión.

El muy respetado periódico “Prensa Libre”, de tirada nacional, calificó a aquellas primeras muestras de censura con el mote de “coletillas”. Por cierto, los diarios “HOY” y “Revolución”, por su claro alineamiento gubernamental, no las padecieron. 

Listas las bocinas, en tanto subían a la tribuna jefes partidistas y oradores,  se escuchó el himno nacional de Cuba y a continuación la música de “La Internacional” que fue coreada por los asistentes al mitin.

Mi hermano, yo y otros muchachos del barrio, bajo la farola que alumbraba el fin de la cuadra y la fachada, a esa hora cerrada, de la carnicería de Sinesio, a pasos del acto político, por primera vez, en nuestra juvenil existencia,  escuchamos diatribas feroces contra los Estados Unidos y los calificados como: “Cubanos lacayos del imperialismo yanqui. Traidores  nacionales que desde periódicos, revistas y otros medios de prensa, pagados por el dólar opresor, pretenden descarrilar a la genuina revolución cubana y mantener al pueblo sumido en la ignorancia y la opresión”. 

Cada orador de una u otra forma repetía el mismo guion que era acogido por aplausos y gritos de: “¡Fuera los vende patrias!”, y otros más radicales que clamaban: “¡Paredón, paredón para los traidores…!”. 

Concluidos los discursos, arengas y consignas los concurrentes, de forma obediente, plegaron las sillas y las fueron entongando al pie de las aceras. Acto seguido, dejando un amplio pedazo de calle libre, hizo aparición una camioneta cargada, excesivamente, de libros, periódicos y revistas.

(Continuará la semana próxima)

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