EL TUERTO

28 de julio de 2026

La única manera de mantener vivo al castrismo en Cuba es a través de Alejandro Castro Espín. Genéticamente abominable: es como si un chacal hubiera preñado a una hiena.

Es cierto que se escuchan toda clase de opiniones descabelladas. Unos creen que el dictador es —y, por lo tanto, debe ser extraditado— el títere desechable Miguel Díaz-Canel. Otros, más inocentes aún, consideran que la heredera del trono es la malvada Mariela.

Sin embargo, ninguno de ellos tiene la sed de sangre ni el aval para asumir ese papel. Es más, ni siquiera son lo suficientemente HP para eso; vaya, les queda grande el traje de tiranos.

La esbirrada requiere otro genocida, otro Castro, que les garantice sus pellejos, y ninguno de los mencionados tiene lo que hace falta para ser aceptado en ese rol.

Muerto o completamente incapacitado Raúl Castro, quien tome las riendas de la tiranía tendrá necesariamente que contar, además del apellido Castro, con el respaldo de las Fuerzas Armadas, del Ministerio del Interior, de los generales, de los coroneles y de los tenientes coroneles. Estamos hablando de una jauría de animales rabiosos, aferrados a sus privilegios.

Esta gentuza siempre ha bajado la cabeza ante los hermanos Castro, pero jamás aceptaría como líder máximo a una enclenque mujercita sin historial de matarife, ni a un payaso puesto a dedo, ni a ningún advenedizo.

Olvídense de los peces de colores: el escogido desde hace mucho tiempo es Alejandro Castro Espín. No existe otro Castro disponible.

Raulito, el “Cangrejo”, es un imbécil y un retardado mental desde su nacimiento. Ponerlo, supuestamente, a discutir asuntos de envergadura con Marco Rubio es como si yo me pusiera de tú a tú a hablar de periodismo y escritura con Mark Twain resucitado.

Para empezar, el “Tuerto”, sin que nadie se lo pidiera ni se lo inculcara, es un esbirro.

Mientras todos los hijos de Fidel Castro son unos chulampines y las hijas de Raúl son unas gatas igualadas, este es todavía peor que su padre y que su tío.

Fíjense si será malo que, antes de morir, el tirano Fidel Castro le dio el visto bueno. Toda la plana mayor del castrismo está consciente de que Alejandro dejará chiquito hasta al mismísimo Ramiro Valdés.

Han corrido muchísimos rumores sobre sus destituciones, sus ascensos, sus caídas y hasta sobre un supuesto “plan pijama”. Pero lo cierto es que, dondequiera que llega, junto a su compinche Senén Casas —hijo del desaparecido general Julio Casas Regueiro—, hasta el ministro o el general más encumbrado sabe que “van a rodar cabezas”.

Mientras, por poner solo dos ejemplos, Antonio Castro anda de bacanal en bacanal y Alex Castro juega a fotógrafo aficionado, ¿saben dónde está metido Alejandro? Desde hace mucho tiempo está en el Ministerio del Interior, donde ya alcanzó el grado máximo.

Este es el tipejo que, incluso por encima de Raúl, hay que poner a dormir en un camastro al lado de Nicolás Maduro, vestidos ambos de anaranjado.

Y si ustedes piensan que no hay nada peor que Fidel, Ramiro y Raúl, yo les garantizo, y les doy mi palabra, que este engendro de Vilma y Raúl volverá a ensangrentar a Cuba, de San Antonio a Maisí. Algo que ni siquiera soñaría hacer Mariela; mucho menos Díaz-Canel, y ni hablar de cualquier otro candidato que alguien proponga.

Vamos a cerrar filas, porque “el Gallo Tuerto” nació en 1965 y puede aguantar fácilmente treinta años más de genocidio si no se le cortan urgentemente las alas.

Por favor, si hablan con Marco Rubio o con Trump, díganselo de mi parte.

Temas similares…

0 comentarios

Enviar un comentario