Un muchacho de Brooklyn héroe en la Manigua Redentora (Final)

Written by Libre Online

21 de julio de 2026

A 150 años de la caída en combate del general Henry Reeve

Por Rafael Jesús de la Morena Santana

La arremetida mambisa arrolló a la columna rival, la acción fue fulminante, devastadora, el enemigo ha sido aniquilado, el propio Enrique el Americano, acostumbrado a los resultados de los macheteros cubanos, contempla asombrado el campo de batalla cubierto por decenas de cuerpos ensangrentados, el comandante Romaní, 6 oficiales y 110 soldados enemigos han muerto. Fecha: 11 de junio de 1873, era un tributo póstumo al epónimo Agramonte.

Su nuevo superior, el estratega dominicano Mayor General Máximo Gómez Báez, con su inigualable percepción bélica, apreció el calibre del joven oficial americano, y a pesar de ser muy parco en alabanzas, sentenció: “su valor a toda prueba, su infatigable constancia en el servicio de la causa le hacen un cumplido militar, con la justa consideración y respeto de jefes y subalternos”, y le colocó los grados de coronel.

El 28 de septiembre de 1873, Reeve realiza una hazaña que casi le cuesta la vida, es la figura clave de la toma de la fortificada ciudad de Santa Cruz del Sur, pero recibe una grave herida en la ingle, al respecto el Mayor General Máximo Gómez en el orden del día expresó: “especial mención al coronel Reeve que se lanzó a caballo sobre la boca de un cañón”.

El Inglesito permaneció varios meses en un hospital de la manigua, allí le entrevistó un corresponsal de prensa de New York, a quien denunció la venta de armas norteamericanas a los colonialistas y exigió a su país natal apoyo a la justa causa de la Independencia de Cuba. Durante su convalecencia el Mayor General Máximo Gómez le recomendó para un ascenso, y para su sorpresa y alegría, el Gobierno del presidente Salvador Cisneros Betancourt le envió los grados de General de Brigada el 10 de diciembre.

En el Boletín de la Guerra de Camagüey de enero de 1874 se lee: “La Cámara de Representantes por aclamación ha otorgado al coronel Henry Reeve su ascenso a Brigadier, por sus relevantes méritos, sus servicios, y por la herida que por su arrojo recibió en Santa Cruz. Celebramos este acto de justicia que premia los servicios del distinguido veterano de la Caballería”.

Reincorporado al servicio activo a pesar de su pierna lesionada, participó el 15 de marzo de 1874 en la Batalla de Las Guásimas, donde fue tanta su habilidad en la famosa Carga de El Carril, que uno de los actores de esa jornada, Ramón Roa, le dedicó el poema La Carga.

Luego de triunfar en los combates de Camujiro, El Pantano y Punta del Diamante, su escuadrón auxilió el inicio de la Invasión a Occidente efectuada por el Mayor General Gómez en 1875. Entonces Reeve solicita al dominicano su traslado a la provincia de Las Villas. A partir de noviembre, como jefe de la II División: Cienfuegos y Occidente, se convierte en la vanguardia de la Revolución, la punta de lanza que amenaza al centro del poder colonial en Cuba.

La provincia de Matanzas será el escenario de sus osadías. En las operaciones en la región de Colón, a escasas leguas de La Habana, manifiesta su experiencia guerrillera, despliega sus fuerzas móviles, golpea ferrocarriles, telégrafos, aplica la destructiva Tea Incendiaria predicada por el General Gómez, agota a los miles de enemigos que lo persiguen burlando trochas y cercos. Aguada de Pasajeros, Santa Isabel de las Lajas, La Esperanza, La Estrella, Santa Bárbara, Las Charcas, Jagüey Grande y Castillo de Jagua, son eslabones de una campaña magistral.

Pero los problemas internos que debilitan a la Revolución Emancipadora, llevan al Mayor General Máximo Gómez a perder su jefatura, sin la coordinación con el genial estratega dominicano, Reeve se queda aislado, sin abastecimientos ni refuerzos, en la peligrosa zona donde ejerce su mando, pero no se retira, con los pocos recursos a su disposición y los espartanos que comanda, mantiene irreductible la lucha. 

El infausto 4 de agosto de 1876, El Inglesito está acampado con un centenar de mambises en Cayo Inglés, cerca de Yaguaramas, llega una columna española de 500 hombres, Reeve se lanza a repetidas cargas, agotado el parque, ordena la retirada que él mismo cubre en temeraria resistencia con 15 jinetes, es alcanzado por dos balas, una en el pecho y otra en la ingle, su caballo cae muerto, no acepta el de un ayudante al que manda: “retírese que lo van a matar”, es tocado por otro proyectil, dispara tres tiros sobre sus agresores y se aplica el arma a la sien, allí terminó su camino a la gloria, caía a los 26 años de edad, la única voluntad de acero capaz en ese momento de nuestra Historia, de llevar el espíritu de la Revolución Redentora al Occidente de Cuba.

Oficiales del Alto Mando Mambí enviaron una misiva consoladora y enaltecedora a la madre del intrépido Reeve: “…Movido de sus generosos impulsos, pisó estas playas, joven y fogoso legionario de la Libertad, sin más títulos que su ardoroso entusiasmo y su firmísima resolución de luchar por la Independencia de Cuba a la que adoptó y amó como a su Patria… guardaremos siempre la memoria de su valentía, sufrimientos, sacrificios y proezas como un precioso tesoro del pueblo cubano…”

Enrique el Americano, por su bizarría, sagacidad, sangre fría, coraje y grandeza de audacia, fue un guerrero excepcional por nuestra Independencia Nacional, él constituye un símbolo de hermandad entre los pueblos de Cuba y los Estados Unidos de América, es uno de los paladines que la Unión Americana, en sus dos siglos y medio de existencia como baluarte de la Libertad, ha entregado al Mundo.

Hoy a 150 años del martirio de Yaguaramas, el recuerdo del legendario Reeve perdura en monumentos y escuelas. Su inquebrantable decisión de luchar por la Libertad constituye un ejemplo de heroísmo para las generaciones por venir. Este victorioso caballero del siglo XIX, cubierto con su armadura de mambí, quien defendió siempre nuestro honor al galope machete en ristre en más de 400 combates, nos legó su divisa inmortal: “Bendita esta tierra y estos hombres mis hermanos”.

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