Memoria constante. Relatos verídicos

Written by José A. Albertini

14 de julio de 2026

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

QUEMA DE PERIÓDICOS, REVISTAS Y LIBROS

Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen

la historia, sino al servicio de quienes la padecen.

Albert Camus.

Fue en el mes de enero. Mediados de enero de 1960. No recuerdo el día de semana escogido por el Partido Socialista Popular, (PSP). En realidad, Partido Comunista Cubano para realizar un bien organizado mitin callejero, a media cuadra de mi casa, en el Paseo de la Paz. Supongo escogieron el lugar porque, por entonces, era la avenida más ancha de Santa Clara.

 Desde aproximadamente las cuatro de la tarde, con ayuda policial, cerraron al tránsito la cuadra comprendida entre las calles Estrada Palma y callejón de la Audiencia (Palacio de Justicia). Un grupo de carpinteros erigió la tribuna y algunos camiones llegaron llenos de sillas. De ese tipo de sillas plegables que vemos en las funerarias. Los asientos fueron colocados en filas perfectas, por diligentes miembros de la organización, sobre el asfalto, de contén a contén. Al mismo tiempo, en la tribuna, personas capacitadas instalaron dos micrófonos de pie y tres potentes bocinas. 

El vecindario estaba expectante. Por años, desde los gobiernos constitucionales, primero, de Ramón Grau San Martín, Carlos Prío Socarrás y más tarde durante la dictadura del general Fulgencio Batista, (1952-59) el Partido Comunista fue prohibido por constituir una agrupación de ideario antidemocrático, al servicio de una potencia extranjera: la Unión Soviética.

Sin embargo, haciendo honor a la verdad, se impone decir que durante la campaña política que libró el general Fulgencio Batista Zaldívar, para salir victorioso en los comicios que le llevaron a la presidencia de la República, cuatrienio 1940-44, los comunistas criollos, siendo parte de la “Coalición Socialista Democrática”, en gran medida, contribuyeron al triunfo del militar devenido en político. El prominente dirigente marxista Blas Roca, por entonces, acuñó una frase que, a pesar de los años transcurridos, sigue demostrando la doble cara del otrora PSP: “¡Batista es el hombre!”. 

Fulgencio Batista agradecido y tal vez, en aquellos tiempos, acariciando ideas socialistas, les permitió penetrar el movimiento obrero cubano del cual tomó control Lázaro Peña, secundado por Ursinio Rojas, Jesús Menéndez y otros. Asimismo, lograron dos ministerios sin cartera que fueron llenados por Carlos Rafael Rodríguez y Juan Marinello. Paralelamente, entrenados agentes de penetración procedieron a influenciar a docentes y alumnos de la enseñanza media y universitaria.

 También, magos en la difusión de palabras que distorsionan el mensaje adquirieron, en 1943, una emisora radial que bautizaron con el nombre de La Mil Diez y se potenció el alcance del periódico Noticias de Hoy que desde 1938 circulaba en ediciones modestas.

Entusiasmado, el general presidente con los eficaces “compañeros de viaje”, entabló relaciones diplomáticas (1943) con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.  Maksim Litvínov, a la sazón representante de Moscú en los Estados Unidos de Norteamérica, ocupó el cargo de embajador en Cuba.

 Por cierto, tanto Litvínov como su sucesor, Andréi Gromiko, nunca, en aquella etapa, visitaron la Isla, aunque, enviados gubernamentales cubanos, cercanos al poder, fueron recibidos en el Kremlin.

Aún hoy en día, sin confirmación oficial, se comenta que el dictador soviético José Stalin y el presidente Batista, con el beneplácito cómplice de los jerarcas del PSP isleño, intercambiaron correspondencia.

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