Un muchacho de Brooklyn héroe en la Manigua Redentora (I)

Written by Libre Online

7 de julio de 2026

A 150 años de la caída en combate del general Henry Reeve

Por Rafael Jesús de la Morena Santana

A lo largo del proceso de luchas por la Independencia de Cuba, aparecen combatientes de muchos países, varios alcanzaron altos grados en las fuerzas patriotas, uno de ellos fue el norteamericano Henry Reeve, cuya trayectoria fabulosa rozó los límites de la leyenda.

En Nueva York, en el popular Brooklyn, hervidero en el siglo XIX de ideas progresistas y abolicionistas, nace Henry Reeve el 4 de abril de 1850, en un hogar de clase media, hijo del pastor presbiteriano Alexander Reeve y Maddie Carrol. Ellos le inculcaron las tradiciones y valores del cristianismo a Henry y sus dos hermanas.

Formado entre el cariño de una familia enraizada en la religión del Salvador, y educado en las escuelas del norte liberal, baluartes de la democracia y la igualdad, Henry aprendió a amar la justicia, por eso le fue fácil admirar al presidente Abraham Lincoln y seguir las ideas que él representaba. Con 14 años se incorporó al ejército federal, donde sentó plaza de tambor hasta el triunfo de las armas norteñas sobre los secesionistas del sur.

El eco de la Revolución independentista de Cuba se escuchaba en Brooklyn, Henry entra en contacto con los emigrados de la Gran Antilla y es aceptado en la expedición del vapor “Perrit”. El rubio y delgado neoyorquino de apenas 19 años, que no sabe hablar español ni nunca ha combatido, arriba el 11 de mayo de 1869 a la bahía de Nipe desembarcando en la península del Ramón, lleva en su alma el sentimiento de entrega a una causa justa, desde ese instante la vida de Henry Reeve concernió al clamor de las batallas.

En aquella costa del norte de Holguín, recibe el bautismo de fuego, desde entonces no cesará de guerrear por la noble ilusión que alberga en su pecho juvenil. Muy cerca, en Canalito, su fervor marcial le lleva a sufrir su primera herida, y en el fragor de la batalla un elogio, palabras animosas del general Thomas Jordan: “denle un fusil a ese muchacho que es más valiente que Julio César”. 

Incorporado a las fuerzas mambisas holguineras, luego de marchas y escaramuzas, es capturado en Las Calabazas por unos españoles que no respetaban las leyes de la guerra civilizada, de forma sumaria deciden fusilarlo junto a varios prisioneros, sentencia que se cumple in situ.

Parecía que el joven desaparecería en ignoto lugar, sin embargo, ocurrió uno de esos hechos en apariencia inexplicables que cambian el curso del devenir personal e histórico, el Dios de sus ancestros irlandeses velaba, aquí comienza a crecer su romance: el enemigo, apurado en su persecución de los patriotas, dejó por muerto al endeble muchacho, tendido en medio del monte con cuatro balazos en su cuerpo. Horas después, aferrado a la vida, milagrosamente se levanta de entre los demás fusilados, amparado por la oscuridad, se aleja del sitio mortal y movido por una voluntad inconmovible que supera la extrema debilidad, camina días hasta ser encontrado por una patrulla cubana, ha sobrevivido, el guerrero resucitado sería desde entonces un insustituible militar de su Patria adoptiva.

Su carrera marcial se intensificó al conocer al Mayor General Ignacio Agramonte Loynaz en octubre de 1869, bajo cuyas órdenes ejecutó muchas de sus hazañas, influido por aquel paladín del Camagüey, a quien en la Historia de Cuba se glorifica como El Mayor, Reeve desarrollaría su fecundo accionar que lo convirtió en un soldado extraordinario. A la vez aprende el castellano con un libro de El Quijote y practicando con sus compañeros mambises.

En el Estado Mayor de Agramonte es uno de los tenientes destacados, luchó como un león en la infantería, en las batallas de la Mina de Juan Rodríguez y Punta de Pilón, de él se habla en la prensa patriota de Nueva York, a través del periódico La Revolución, en marzo de 1870, donde se le ensalza como ejemplo de hermandad y valor, entre los amigos que al llamado de la Campana del Ingenio Demajagua, se unen a defender al pueblo de Cuba.

El Mayor General Ignacio Agramonte vio en él “una esperanza para el porvenir”, y lo asignó al Cuerpo de Caballería del Camagüey, donde pronto llegó a Capitán. Los escuadrones de esta unidad alcanzarían una gran efectividad, el esplendor de sus éxitos, a los cuales mucho contribuyó Reeve, le convertiría en el arma fundamental del Ejército Libertador.

Siempre bajo la égida del Mayor y sus lugartenientes, Reeve realiza indetenibles cargas en operaciones de guerrillas, Torre Óptica, Lauretania, Hato Potrero, La Entrada, El Mulato, La Redonda, son algunas de las muchas e incesantes escaramuzas con que el estoico Ejército Libertador trata de desgastar a los colonialistas españoles.

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