Una historia más dentro del totalitarismo castrista

Written by Alvaro Alvarez

23 de junio de 2026

En Ciego de Ávila, aquella fallida madrugada del miércoles 6 de julio de 1960 estábamos Jorge Poveda Aguilar (†) y yo pintando las paredes con las letras MRR y metiendo papeles por debajo de las puertas de la calle República cuando vimos se acercaba Alfonso Server García en la misma esquina de Honorato Castillo. Esta demora hizo que un vecino de esa cuadra y simpatizante aún de la robolución que venía siguiéndolo llamara a la policía y nos denunciara. Dos cuadras adelante comenzaron a dispararnos, yo tuve la suerte de que las columnas de los portales me sirvieron de ayuda para no ser visto, pero ellos dos, que iban por la acera norte, no pudieron escapar y fueron detenidos.  

Luego en el juicio entre Alfonso que lo ayudó en su declaración y su abogado defensor, el Dr. Basilio Sariol, Jorge fue absuelto y Alfonso condenado a dos años en Isla de Pinos.  

Yo pude esconderme en un patio, pero al salir me vieron dos de los que jugaban béisbol conmigo y al contarlo se corrió en el Instituto de Segunda Enseñanza donde estábamos terminando el Quinto Año de Bachillerato. Tuve que irme para La Habana y estando allá, empezaron a caer presos otros conspiradores, a los cuales yo ni sabía que eran de nuestro grupo.

Entonces fue que conocí a Juana, la cual se ofreció a conseguirme la visa para poder salir del país, ya yo tenía el pasaje comprado en una agencia en Calzada entre L y M, frente a la Embajada Americana para viajar en PanAm ($52 ida y vuelta a Miami) y allí mismo por $2.50 me vendieron la tarjeta de salida del DIER.

El 13 de octubre a las 3 de la tarde fui al apartamento de Juana (Manuela Calvo-1920-2015) en Amenidad y Cruz del Padre y le entregué mi pasaporte y dentro estaba la tarjeta de salida del DIER. Ella quedó en ir a la embajada americana y el jefe de la CIA me pondría la Visa. Esa misma noche le registraron su apartamento, la detuvieron y la condenaron a seis años. Pude en 1979 (19 años después) localizarla en Miami y estuve muy ligado a ella hasta su fallecimiento. Me contó que escondió mi pasaporte en la tabla de planchar y allí lo encontraron. Manuela era la segunda después del santiaguero y cuarto director del MDC, José “Pepín” Fernández Badué (Lucas-1918-2007), agente de la CIA y luego ministro de la eucaristía en la iglesia de St. Kevin.

Ella hizo eso muy frecuentemente porque al visar el pasaporte, los jóvenes al llegar a Miami iban para los campamentos de Guatemala de la Brigada 2506. Por supuesto, aquello era muy secreto y yo lo supe aquí en Miami por ella. Manuela estaba muy ligada a los sacerdotes Hualde y Testé de la iglesia del Pilar. Ellos estuvieron involucrados en la fuga del Castillo del Morro el 7 de octubre de 1960 de los 12 oficiales de la Causa del Comandante Huber Matos y luego su salida del país.

Después que el asesino Raúl Castro implantara el Servicio Militar Obligatorio en noviembre de 1963 pude terminar el 5° Año de Bachillerato, me matriculé en agosto de 1964 para estudiar Medicina. Pero el dictador en Jefe determinó que no podíamos empezar en septiembre porque había tres grupos en distintos lugares estudiando un curso intensivo para poder entrar en medicina y nos tuvieron 7 meses en un curso inventado por los comunistas, Dra. Alba Sarracén y  José Rebellón (1936-2016) al que llamaron Nivelación de Medicina. 

Los casi 700 que aprobamos aquel examen en marzo de 1965 nos enteramos por el periódico El Mundo del 2 de abril en la página 5.

Como la presión política y las depuraciones (la primera en Cuba fue en nuestro curso de 1965) eran algo constante y el administrador era el abogado Menelao Mora Travieso alias Chepo (hijo de Menelao y medio hermano de Alberto), un personaje odiado por casi todos los becados debido a sus estrictas reglas como el pelado militar, la persecución a los homosexuales y lesbianas, así como el trauma de aquellos baños con una abertura por donde entraba un ventarrón de aire, no había agua caliente y a veces la temperatura bajaba hasta 1 o 2 grados. Si te quejabas, te podía llevar a juicio y suspenderte la salida por uno, dos o tres meses. 

Estábamos prácticamente presos de lunes a sábado, custodiados por los mismos que cuidaban al dictador en jefe, que dormía a unos 100 metros de nosotros

El domingo 10 de octubre de 1965 mi amigo, coterráneo y compañero de medicina, Pedro Pablo García Fuentes (Pucho) me llamó al teléfono de mi casa en La Habana para informarme que su tío Julio García estaba al frente de las salidas por la playa de Camarioca, buena oportunidad para poder irnos los dos, pero como yo desconfiaba de los comunistas, le quité la idea.

Después de aquella primera depuración donde fueron expulsados 8 varones y 1 hembra (Abilio Orosco Franco, J.M. Molleda Marsán, Héctor Brito Díaz, J.A. Goiriena-Lima, Roger T.Q., y Juan Manuel M.Q., la muchacha era de Sancti Spíritus, pero no recuerdo su nombre), yo pensaba en cualquier momento me tocaba a mí. Por eso decidí salir clandestino, pero la cosa salió mal, fuimos capturados el 15 de marzo de 1966, por Julio García, el tío de mi amigo. Que por cierto nos habló hasta de aquellos primeros días de Camarioca y yo acordándome de mi amigo. A partir de ese momento comprendí que cuando el Bandido en Jefe planteaba algo, solamente los primeros días era real, después cambiaba todo.

En el juicio el supuesto abogado defensor, que nunca me había visto y ni siquiera sabía mi nombre, me acusó más que el fiscal. Me pidieron 12 años, pero finalmente lo dejaron en 4. Al cumplir mi condena comencé a trabajar en un centro del Ministerio de la Construcción en el Central Stewart donde los jóvenes alumnos estaban para no ir al S.M. Obligatorio, solo pude estar un mes porque me sacaron sin explicaciones. Luego trabajé en dos lugares más y no me pagaron, entonces comprendí que el MININT (dígase el G2) que es quien manda en Cuba, me quería fuera del pueblo.

En esos días le llegó la salida a mi hermana, su esposo y sus dos hijos que aunque vivíamos todos en la misma casa, se fueron ellos cuatro solamente.

Me fui para La Habana y estando en la esquina de 23 y L me encontré con un coterráneo que me ofreció ayudarme porque ese era su trabajo. Me ubicó en la imprenta donde se imprimió Vanidades para pasar un curso de Corrector de Pruebas, aquello era bueno pero lo mío era esperar para poder irme del país y eso me podría complicar la salida por ser un trabajo técnico. Esperé hasta el día 29 y renuncié. Regresé y mi amigo me envió entonces a una fábrica de fósforos en Falgueras #20, en el Cerro. Ese fue el trabajo más duro que yo he hecho en mi vida, pero aguanté hasta cumplir los 27 años y cuando pedí la carta de renuncia para poder presentar mi salida, ellos no sabían qué hacer, me dijeron que jamás se había ido un trabajador, era una fábrica de supuestos simpatizantes con el castrismo. Yo mismo tuve que escribirla.

Unos días después se quemó la fábrica completa debido a un corto circuito.

Llegué a Ciego de Ávila y presenté mi salida para España en Inmigración, era el 4 de junio de 1970. Algo insospechable, el 18 de junio nos enteramos de que las salidas estaban suspendidas desde el 31 de mayo, con carácter retroactivo. 

Cuando le llegó la salida a mis padres y a mi tía, en diciembre de 1972 yo tenía que haberme ido junto con ellos tres, pero Madrazo, el maldito jefe de inmigración no permitió que yo me fuera con ellos y me quedé solo.

Entonces me fui a trabajar a una granja avícola (58,000 gallinas ponedoras Leghorn) cerca de El Centro (Gaspar) a unos 25 km al este de Ciego de Ávila, para recoger huevos por $89 mensuales. Nunca recogí huevos porque el administrador un tal Márquez me puso en la oficina que estaba vacante. Eran 32 naves, 16 a cada lado, mi trabajo lo hacía fácil y correctamente, un día (año 1975) llegó uno de los jefes de la empresa y me dijo que ese mes pusiera 200,000 huevos de más, o sea, en papeles. Como yo sabía que el average mensual de postura (índice de postura) de aquellas gallinas era de 20.3, llevé “mis gallinas” hasta un 20.1, para no apretar mucho y que me descubrieran. Como todo salió bien, me convertí en “tremendo ponedor de huevos” porque fueron muchos los miles de huevos (de mentirita) que salieron de mis informes de producción. 

Moraleja, el único oficinista en las 23 granjas de la empresa que era expreso político era yo, casi todos los demás eran de la UJC o del PCC, pero fui el escogido para engañar a Fidel Castro, que era quien finalmente recibía los informes del CAN (Combinado Avícola Nacional). Nunca he tenido la certeza de por qué yo, asumo que sabían, no los delataría o por tener la confianza en mis conocimientos matemáticos.

Me casé en 1975 con Adelita y en 1977 nació Patricia y no me aumentaban el salario y las dos veces que lo hicieron fueron falsas promesas. Yo creía que quien me estaba perjudicando era Valentín, el jefe del Partido Comunista. 

Estando en Venezuela, llegó un amigo que trabajaba bajo las órdenes de Valentín y me aclaró que quien me estuvo haciendo daño era Mario Viciedo González, que vivía frente a mi casa y era el jefe del CDR (Comité Delatores de la Revolución) que había llegado como director de transporte, por odio y envidia no permitía que yo subiera de cargo y salario y por eso me fui para la empresa de Veterinaria.

En la Cuba castrista y sobre todo en los trabajos bajo el Ministerio de la Agricultura, la mayoría de los administradores eran personas de muy bajo nivel académico pero todos miembros del Partido o desmovilizados del ejército o del Minit. Uno de ellos de apellido Morgado administraba una granja de terneros donde yo era el técnico de veterinaria, hombre malo y peligroso me preparó una encerrona de la cual pude salirme porque Dios permitió que llegara en ese momento un personaje que me salvó de otra sentencia.

Había un ternero que por un accidente había perdido mucha piel y Morgado lo recibió sin mi aprobación. No había manera de curarlo al no existir un lugar limpio donde poder colocarlo para aislarlo del polvo y la tierra. El consumo de antibióticos era enorme yo había hablado con mi jefe el médico veterinario tratando de que me autorizara eliminarlo, pero nunca lo permitió.

Una tarde cuando me iba, Morgado me llamó y me planteó que matara al ternero, yo me negué porque sabía a lo que me exponía.  

Supongo, Morgado mató al ternero después que yo me fui y cuando llegué a las 7 de la mañana del siguiente día, había todo un circo esperándome para llevarme preso. Pero luego de un fuerte careo donde le creían a él y no a mí, llegó Emilio, el único empleado que trabajaba allí, entonces yo le pregunté: “Sorí, cuando me fui ayer el ternero estaba vivo, él contestó sí”. 

Se llevaron a Morgado, le dieron dos semanas de vacaciones y yo me fui para La Habana, pude conseguir la visa de Venezuela, en la misma casa del cónsul José María Roa. Compré los tres pasajes Habana-Panamá-Venezuela y me fui para Ciego de Ávila. Luego de la invariable visita a Inmigración donde me informaron todo lo que tenía que buscar para que nos dieran el permiso de salida, como baja de Oficoda y el hago constar del Banco donde decían que no dejábamos deudas pendientes. Aquí tengo que aclarar algo que solamente en la isla de FC sucede. 

El abuelo de mi querida esposa Adelita (tristemente fallecida) tenía dos cuentas bancarias, pero por estar limitado de caminar había logrado la autorización para que Adelita pudiera sacar el dinero por él, esto me tenía preocupado porque eran más de 20,000 pesos. Entonces me dijo el funcionario de Inmigración: “hoy nos llegó un cable del MININT nacional donde se perdonaba a los expresos de tener que devolver el dinero sacado de las cuentas de ahorro”.

Pero como los del Banco no saben nada, si no te quieren dar la carta diles que me llamen. Llegué al banco y yo hasta conocía al funcionario que me atendió, pero el muy cretino no me dio la carta. Al otro día, lo mismo y al tercer día yo casi quería cogerlo por el cuello, al fin llamó y entonces me dio la carta. Por eso digo y repito en Cuba quién manda es el MINIT, ellos sabían lo que el Banco no sabía, siendo un asunto bancario. 

Patricia, mi hija con apenas dos años, comenzó con una fiebre alta por una infección en la garganta y las personas empezaron a meternos miedo, así seguro no la dejarían volar. 

La llevamos a la casa de un médico pediatra de apellido Rodríguez, con el cual no teníamos amistad y hasta creíamos era simpatizante de Satanás, pero cuando le contamos la realidad, se franqueó y nos contó que su familia estaba en Miami. Le inyectó una penicilina rusa o búlgara, que le afectó la pierna y nos dio dos bulbos más para los otros dos días que nos quedaban para irnos.

Cuando nos sacaron de nuestra casa y nos fuimos para la casa de nuestro vecino, pudimos ver a los dos de inmigración cuando se montaron en su vehículo, llevaban en sus manos nuestra batidora y la olla de presión. 

Llegamos a Guanabo para que mi gran amigo el Dr. Oscar Morffi Iglesias le pusiera la última penicilina antes de irnos. Cuando mi esposa le contó la odisea del banco, Morffi empezó a gritar de alegría, porque él siendo expreso como yo no se había decidido a presentar su salida por los miles de pesos que tenía que devolver. Pues unas pocas semanas más tarde, ya estaban en República Dominicana toda la familia reunida. 

El domingo 22 de abril de 1979 llegamos a Panamá a las 5 de la mañana y Patricia seguía febril. El aeropuerto estaba a oscuras, no había nadie y de pronto llegó el representante de Iberia, cuando le contamos que no teníamos dinero y la niña enferma, llamó un taxi y nos envió para el Motel La Siesta (luego fue destruido por la invasión americana en 1989). Conseguimos cuarto, nos pudimos bañar, desayunar, algo que nos hacía falta. Gracias a Lidia Suárez una avileña que trabajaba en el aeropuerto pudimos conseguir pasaje para Caracas ese mismo día y desde entonces nunca he extrañado a Cuba porque fueron 20 años, 3 meses y 22 días (un total de 7,416 días) en el infierno castrista.

Aunque jamás he regresado ni lo haré mientras exista un régimen que promueve el odio, la mentira, la división y no permita la libertad de sus ciudadanos, he seguido luchando para lograr que Cuba sea libre.

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