Por Luis de la Paz
Carmen Duarte es de esas escritoras minuciosas, constantes y a la vez silenciosas. Ha tenido una sólida carrera como dramaturga, narradora y ensayista, aportando mucho a la literatura cubana y latinoamericana, pues su estudio investigativo Etnia, raza y sexualidad en la dramaturgia hispano-caribeña en los Estados Unidos, trasciende fronteras y culturas.
Sus novelas se adentran en temas de la mujer y temas históricos, como la intervención militar del castrismo en Angola. De esas experiencias trata El barco que nos llevó a la guerra de Angola (2023). Su libro más reciente, Islas que ya no son (2026), la escritora lo presentará pronto en Madrid.
Esta entrevista muestra a esa mujer laboriosa, dejando un legado y le permite al lector conocer más de ella.
—En tu juventud escribes tu primera obra de teatro, Al anochecer. ¿Qué te impulsó a la dramaturgia y de qué trataba esa pieza?
Cuando tenía 18 años no poseía la agudeza para hallar esa veta de oro que se encuentra en la realidad y te inspira a escribir. Siendo estudiante del Instituto Superior de Arte, hoy Universidad de las Artes, decidí ir a la historia cubana para encontrar argumentos que, al trabajarlos desde el punto de vista dramático, me permitieran aprender el oficio. Al anochecer está centrada en un momento histórico complejo, que se conoce como El pacto del Zanjón (1878) y abordo los conflictos raciales, clasistas y morales que predominaban dentro del ejército insurrecto. Años más tarde me gradué con la pieza Paloma inspirada en la quema de Bayamo (1869).
—Fundaste el grupo Teatro Luminar en la Facultad de Arte y Letras de la Universidad de La Habana, donde se estrenan varias obras tuyas, lo que indica que entre tu primera incursión en la dramaturgia (1979), hasta 1989 que fundas el grupo, habías escrito al menos una decena de piezas. Háblanos de ese intenso impulso creativo.
Fundé Luminar dando a conocer mi obra ¿Cuánto me das marinero? Luego escribí el resto de los textos que se representaron a finales de los 80 y principios de los 90 para mantener al grupo vivo. En el volumen 45 de agosto y otras obras dramáticas publicado por la Editorial El Ateje, aparecen varios de estos textos, entre ellos: Stradivarius, El golpe y la risa y Cruzada en Puerta. Para escribirlas, me basé en el número de actores que tenía y, por supuesto, en la realidad cubana del llamado período especial en Cuba, desencadenado después de la caída del muro de Berlín. En otras palabras, tuve la oportunidad de escribir pensando en la escena y en las posibilidades de realización que teníamos en aquel momento. Quiero anunciar que María Ann Gosser Esquilín está preparando una edición bilingüe que incluye textos publicados en 1994 por Letras Cubanas.
—Sobre el mismo tema del teatro, recientemente publicaste Dramaturgas cubanas en Miami, con cuatro piezas. El libro está precedido de un ensayo sobre la dramaturgia femenina. ¿Cuál ha sido el propósito del libro?
Te voy a citar algunos pedazos del prólogo para que se comprenda el propósito del libro. “La idea de crear esta colección de piezas dramáticas escritas por cubanas que vivimos en Miami surge de la necesidad de darnos a conocer para romper con años de distanciamiento y división creados por el castrismo… En 1991, cuando llegué a Toronto para participar como ponente, en la II Conferencia Internacional de Autoras Dramáticas, auspiciada por la Universidad de York, me presentaron a María Irene Fornés y yo no sabía hasta ese instante quién era ella… En 2023, cuando coincidí con la dramaturga cubana Grethel Delgado en la Feria Internacional del Libro de Miami y me presenté, ella no conocía nada de mi trayectoria teatral. Tras esa experiencia decidí que debía iniciar un proyecto para que las dramaturgas cubanas lográramos poco a poco romper el muro de desconocimiento que nos han impuesto y nos identifiquemos, a pesar de nuestras diferencias generacionales, de estilo y temáticas”.
—Haces un minucioso estudio enfocado en las dramaturgas. ¿Qué te lleva a la sexualización del estudio, que de alguna manera desoye el resto del teatro cubano?
Si la antología, en lugar de mujeres, incluyera a cuatro dramaturgos ¿pensarías que desoye a las dramaturgas o que no existen muchas dramaturgas? Por siglos, la literatura escrita por mujeres ha tenido menos visibilidad en el panorama cultural que las obras escritas por hombres. En la medida en que las mujeres comenzaron a abrirse paso en la sociedad como escritoras (siglo XIX), algunos investigadores han tenido éxito destacando la literatura femenina porque es un campo menos explorado que el de los hombres, aunque, por supuesto, los estudios sobre la masculinidad y los escritores continúan teniendo triunfos. Sin embargo, los proyectos que incluyen solamente escritoras llaman mucho la atención porque estamos acostumbrados a ver lo opuesto, sin que nadie se lo cuestione.
—Otro trabajo investigativo de tu autoría es Etnia, raza y sexualidad en la dramaturgia hispano-caribeña en los Estados Unidos. ¿Cuál es la tesis del ensayo?
Primero, hago un recuento del teatro hispano-caribeño desde los areítos hasta finales del siglo XX. Luego entro a analizar las obras dramáticas que traen los cubanos, dominicanos y puertorriqueños a los Estados Unidos a través de los diferentes movimientos migratorios que se producen desde finales del siglo XIX. Más adelante, en la medida en que los dramaturgos emigrados comienzan a escribir en inglés, observamos cómo sus textos influyen en el panorama teatral estadounidense; así como en el teatro que se continúa realizando en las tres islas mencionadas. Finalmente, analizo el teatro escrito en inglés por mujeres hispano-caribeñas-estadounidenses, desde el siglo XX al XXI y me enfoco en la forma en que ellas reflejan la realidad de las mujeres inmigrantes, los homosexuales y los transexuales latinos.
—Aunque se te conoce más como dramaturga, eres autora de varias novelas. Resume un poco tu labor como narradora.
Los escritores cubanos exiliados no tenemos un país que nos promueva ni nos lea, y si no logramos publicar con una editorial de gran alcance de ventas, nuestra obra no se conoce prácticamente, por eso soy menos reconocida como narradora. Al llegar a Miami, sentí la necesidad de renovarme escribiendo otro género literario y como la narrativa me fascinaba desde joven porque puedes mezclar todos los géneros literarios para expresarte, comencé a escribir novelas. Desde ese entonces, he logrado publicar Hasta la vuelta (2001), La danza de los abanicos (2006), Donde empieza y acaba el mundo (2013), El inevitable rumbo de la brújula (2016), El barco que nos llevó a la guerra de Angola (2023) e Islas que ya no son (2026) la que presentaré en Madrid en mayo.
—En Miami has trabajado como periodista y productora de radio y televisión, incluso conduciendo el programa radial Transición en la desaparecida Union Radio 1450 AM. También en Radio Miami. ¿Qué experiencias sacaste de la radio?
El programa de radio Transición, transmitido durante los años 90, fue patrocinado por el Comité Cubano por la Democracia, grupo que obtenía fondos de las fundaciones estadounidenses Arca, MacArthur y Ford, entre otras. El CCD estaba formado por personalidades del mundo académico y profesionales de prestigio que, reconociendo la situación desesperada de Cuba después de la caída del muro de Berlín, propuso realizar un diálogo con el gobierno cubano para tratar de lograr una transición pacífica hacia la democracia. El gobierno de los Estados Unidos, preocupado por las olas masivas de inmigrantes cubanos, no se opuso al proyecto y el gobierno cubano, consciente de que necesitaba las remesas familiares de los emigrados se dispuso a dialogar. Esta idea fue muy controversial dentro de la comunidad cubana de Miami que aspiraba a derrocar a los Castro por la fuerza sin tener la posibilidad real de hacerlo. Como conductora de este programa radial de entrevistas traté de hacer un periodismo lo más profesional posible y aprendí que las posiciones fundamentalistas tanto de izquierda como de derecha desatan tanto odio que ahogan al pueblo de Cuba. La historia demostró que el gobierno cubano no está dispuesto a hacer una transición a la democracia desde el poder.








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