El camino del Entendimiento (IV)
UN NUEVO MENSAJERO
No era Attwood el único mensajero que enviaba la Administración para facilitar un entendimiento con el gobernante cubano. En tránsito hacia La Habana, donde esperaba entrevistar a Castro, se encontraba en Washington Jean Daniel, periodista francés, muy relacionado con el círculo íntimo del presidente.
Attwood, que, como habíamos dicho, había sido editor de Look, aprovecha su antigua y estrecha relación con Daniel para convertirlo en otro conveniente vehículo en las negociaciones conciliatorias que se están celebrando con tanta prisa y sigilo. Le informa al presidente que ha facilitado una visita de Jean Daniel a la Casa Blanca antes del viaje que el periodista francés tenía programado para ver a Castro en La Habana. Kennedy no vaciló un segundo: “Hazlo llegar a mi oficina mañana a las 5:30”. Era el 23 de octubre de 1963.
Las calificaciones de Daniel, de acuerdo con las normas que regían la Casa Blanca en aquel año de 1963, eran apropiadas. El editor francés estaba estrechamente vinculado a Ben Bradlee, jefe del Buró de Newsweek en Washington, viejo amigo y vecino de Kennedy.
Hay mucho interés y gran prisa en esas conversaciones. Attwood, además de negociar con Lechuga en los salones privados de las Naciones Unidas y facilitar el contacto con el periodista francés, mantiene continuas conversaciones con el comandante René Vallejo, médico y hombre de confianza de Fidel Castro. El contacto con Vallejo se lo había propiciado la periodista Howard, que había entrevistado a Castro en mayo de aquel año.
El camino de reconciliación, pues, se recorre en las dos direcciones. El interés del dictador cubano para concretar estas conversaciones que llevarían a un acomodamiento entre los dos gobiernos iba en aumento. Al extremo que el Dr. Vallejo “enviaría un avión cubano, sin insignias, a Cayo Hueso a recoger a Attwood y trasladarlo en secreto a algunas de las pistas privadas cerca de La Habana, donde las conversaciones podrían continuar en total discreción”.
Bundy es ahora el intermediario entre Attwood y Kennedy. El asesor legal le manifiesta al diplomático, el 5 de noviembre, que el presidente quisiera conocer, antes de la reunión, lo que Castro pretende discutir, y sugiere que Attwood sostenga una entrevista preliminar, privada, en algún salón de las Naciones Unidas con Lechuga y Vallejo. Pero Castro insiste en celebrar en la isla el importante encuentro. Subraya Vallejo que sóolo Castro estaría presente en esa reunión… y “nadie más”, mencionando específicamente al Che Guevara, “estará presente”. La escisión con el guerrillero argentino era profunda.
El 18 de noviembre se produce una nueva conversación, por teléfono, entre Vallejo y Attwood. Éste, siguiendo instrucciones del presidente, propone que se celebren las negociaciones preliminares en las Naciones Unidas después de que una agenda de trabajo sea aprobada. En la reunión, de carácter confidencial, participarían Lechuga, Vallejo y Attwood y algún otro funcionario.
Estas son las palabras textuales expresadas en la audiencia senatorial a la que nos hemos referido:
“Siguiendo las instrucciones de la Casa Blanca, Attwood informó a miembros del personal de Castro que los Estados Unidos favorecían negociaciones preliminares en las Naciones Unidas (en lugar de en Cuba como proponían los cubanos), y que los Estados Unidos deseaban elaborar una agenda de trabajo para estas conversaciones”.
LAS PALABRAS DEL PRESIDENTE
El 24 de octubre se había realizado la entrevista de Daniel con Kennedy, quien le habló sobre su interés en que hiciese conocer a Castro su sincero deseo de restablecer las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. El presidente le pidió que tan pronto estuviese de regreso de su entrevista con Castro le reportara a él, en la Casa Blanca. Este comentario —el interés del presidente Kennedy de que Castro conociese su deseo de restablecer relaciones— es lo único que aparece mencionado en los distintos libros y artículos publicados sobre esta histórica conversación. Pero Kennedy habló más, mucho más.
De las decenas de libros que hacen referencia a esta trascendente petición, apenas alguno ha recogido los sorprendentes detalles de aquel diálogo Kennedy-Daniel celebrado el 24 de octubre. El presidente describe al periodista francés una Cuba miserablemente esquilmada. Coloca a la Cuba anterior al primero de enero sometida a un nivel de explotación peor que el sufrido por la más atrasada y expoliada colonia africana. Sus juicios reflejan prejuicio; ignorancia. Tal vez, por ello, no han sido nuevamente mencionados.
Estas son las palabras textuales del presidente Kennedy a Jean Daniel, publicadas en The New Republic el 14 de diciembre de 1963, a tan sólo tres semanas de su muerte:
“Yo creo que no existe un país en el mundo, incluyendo los de las regiones africanas, y todos aquellos bajo dominación colonial, donde la colonización económica, la humillación y la explotación hubieran sido peores que en Cuba, en parte debido a la política de mi país durante el régimen de Batista.
Yo creo que nosotros creamos, construimos y manufacturamos el movimiento de Castro sin siquiera percatarnos. Yo creo que la acumulación de estos errores ha dañado a toda Latinoamérica. El gran propósito de la Alianza para el Progreso es revertir esta política desafortunada.
Yo puedo asegurarle a usted que yo he entendido a los cubanos. Que yo aprobé la proclama que Fidel Castro hizo en la Sierra Maestra, cuando él, justificablemente, reclamó justicia, pedía que Cuba saliera de la corrupción.
Yo voy aún más lejos: en cierta medida es como si Batista hubiese sido la encarnación de un número de pecados de los Estados Unidos. Ahora nosotros tendremos que pagar por esos pecados. Con relación al régimen de Batista, yo estoy de acuerdo con los primeros cubanos revolucionarios. Eso está perfectamente claro”.
Con gran interés escuchará Castro estas palabras.






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