Covadonga: inicio de una epopeya (Final)

Written by Libre Online

28 de abril de 2026

Por Rafael Jesús de la Morena Santana

Sea este relato de la Batalla de Covadonga un desagravio a los asturianos, creadores de la Quinta Covadonga en La Habana, un popular Palacio de la medicina decomisado a sus dueños por los raterolucionarios, estos le apodaron con el nombre de un agente rojo latinoamericano que es mejor ni mencionar. Como todo lo que tocan, cayó en deterioro y solo ha podido recuperar en parte el esplendor de antaño, gracias a la ayuda del Principado de Asturias, cuyo escudo admiramos en el vetusto edificio principal al entrar a la insigne institución, orgullo de la Hispanidad.

Por Rafael Jesús de la Morena Santana

La milicia islámica de unos tres mil hombres se acercaba, seguían las huellas de los aldeanos en dirección a Cangas, la vanguardia algo separada del cuerpo principal y la retaguardia, los exploradores buscaban indicios de cristianos, parecía que los rebeldes se habían retirado o tal vez enviarían un emisario para rendirse e implorar la sumisión al Califato. El silencio era inquietante, Al-Qama debía ser prudente y no continuar el avance hasta saber con claridad del enemigo, pero tenía ordenes que cumplir y en su prepotencia estaba seguro de barrer a cualquier oponente.

Él desconocía que la hueste cristiana estaba lista a confrontarlo, desde lejos los defensores del baluarte de Cangas de Onis, vieron a la tropa agarena con ansiedad, los fieles de Pelayo se miran entre sí expresivamente, ha llegado la hora del desquite, son demasiados los agravios por vengar y la salvación de un pueblo, su religión y tradiciones se iba a decidir en aquel suelo sagrado.

Si Al Qama tenía alguna duda, esta se disipó al aparecer los provocadores que lo desafían en las estribaciones del Monte Auseva, tras una escaramuza con la vanguardia los asturianos huyen hacia el interior del collado y el jefe musulmán dio rienda suelta a sus soldados para perseguirlos, logran acuchillar a algunos, y ya estaban cerca de la Cueva de Covadonga cuando son frenados por una granizada de rocas y flechas que el grupo de Pelayo arroja desde su magnífica posición.

Al Qama reaccionó al instante, con su objetivo al alcance, los tambores convocaron a los rezagados, esperó por ellos y preparó la irrupción sobre los improvisados que osaban detenerlo, levantó el brazo para enviar el asalto, pero vaciló, al apreciar que su ejército al formar una larga línea de soldados no podría imponer su superioridad en hombres y armas en una maniobra frontal.

En ese momento de indecisión islámica, Alfonso, que está en la parte alta de la quebrada, y tiene cogidos a los contrarios en formidable emboscada, eleva el estandarte de la Cruz, señal de la ofensiva general para los combatientes desplegados en las alturas que flanqueaban el estrecho valle de Covadonga, la brillante estrategia planificada entró en ejecución.

Las acciones se precipitan, Fáfila con centenares de combatientes ocultos en las oquedades montañosas, surgen como por ensalmo de crestas y laderas de los riscos entre la vegetación, listos para lanzar el ataque coordinado con antelación centrado en la puntería de honderos y arqueros.

Disparan nubes de flechas y piedras, y cuando a pesar de la sorpresa los ecuánimes islámicos se cubren con sus escudos y contraatacan, las familias en delirio bélico los bombardean con troncos de árboles, lanzas, ramas encendidas y enormes peñascos que arrasan la formación enemiga. Muchos islámicos veteranos logran dirigir sus dardos hacia las vertientes, pero hieren a pocos, incluso algunas saetas que siguen su vuelo caen por gravedad sobre ellos causándoles bajas.

En su arrebato los copados africanos intentan trepar por las empinadas laderas, vano esfuerzo, son derribados por las picas asturianas y los bloques rocosos del interminable deposito lítico almacenado, la situación agarena es insoportable, el campo es un infierno, no pueden ripostar con efectividad al despiadado castigo que los diezma, están en grave desventaja táctica al fondo de un puerto de montaña constituido en escenario mortal.

Para sellar el desastre, Pelayo y los apostados en la Cueva al ver quebrantados a los islámicos, realizan una postrera descarga de proyectiles, luego dejan hondas, arcos y flechas en el suelo, y desenvainan las tizonas. Descienden a la carga cual vendaval, sincronizados con sus hermanos de los flancos del desfiladero que después de las avalanchas de rocas saltan desde los cerros sobre un ejército colapsado, que ya no actúa de forma coherente, está agotado y desangrado.

La pelea es feroz pero los soldados del Profeta no se rinden, se lucha cuerpo a cuerpo con espadas, hachas, lanzas y cuchillos, los estragos hispanos sobre lo que queda de las apretadas filas rivales son terribles, parece que no habrá sobrevivientes, Al Quama halló la muerte en ese trance, han llegado al límite se sus posibilidades, solo les resta batirse en retirada.

A pesar de haber sido masacrados tratan de retroceder peleando, pero Alfonso les tenía preparada la sorpresa final, como estaba previsto un grupo de asturianos había bloqueado el angosto paso de entrada, el repliegue se detiene, la salida está cortada por un muro de rocas con maderos cubiertos de resinas combustibles que crea una barrera incendiaria, los islámicos están atrapados a merced de un enemigo despiadado e implacable, esta vez el pánico cunde entre los que huyen, varios logran escalar la improvisada muralla, algunos caen mortalmente heridos, pero a otros les permiten escapar para que lleven la noticia a sus jefes, la victoria ha sonreído a las huestes del Apóstol Santiago, fecha 28 de mayo del 722, día glorioso en los anales del Cristianismo. 

En la épica jornada el pueblo vencedor aclama a los héroes Pelayo, Alfonso y Fáfila, quienes con inteligencia y determinación destruyeron una fuerza enemiga que parecía invencible, causándole una catástrofe político-militar a los ocupantes islámicos, estos no podían reconocer el fracaso ante los reinos europeos que pronto pensaban invadir, sabían que el objetivo de destruir al peligroso núcleo rebelde les habría dado control absoluto en Iberia, toda resistencia desaparecería y nunca existiría una entidad organizada alternativa al indetenible Islam, pero resultó lo contrario.

Pelayo, al frente de los que fueron capaces de levantarse contra la opresión en defensa de sus raíces, pasó de jefe guerrillero a Monarca. Representó la unidad cantábrica, la legitimidad, la esperanza, la identidad, la oposición, la posibilidad de un reino para enfrentar a los usurpadores. La Iglesia lo reconoció como el elegido de Dios para Hispania en el Te Deum de Covadonga. En la Capilla de la Virgen, se casaron Alfonso y Ermesinda, allí se coronarían los reyes de Asturias.

Alfonso ocupó el trono en el 739 AD, él sostuvo el pendón del fundador, terminó la Ermita de Santa Cruz en Cangas, capital del Reino de Asturias en expansión, al frente de cuyas mesnadas tomó la ciudad de Gijón, la contraofensiva cristiana salvó los valores hispanos, liberó el norte de la península y demostró a los invasores que nunca podrían consolidar su dominio ante el carácter indomable de los valientes habitantes de una comarca bajo la protección de la Madre del Salvador.

En la Santa Cueva de Covadonga se encuentra el Santuario a la Virgen María que guarda las tumbas de Pelayo y Alfonso, conectada por la Escalera de las Promesas, con la majestuosa Basílica de Santa María la Real construida en las estribaciones de la colina. Este lugar sagrado, cuna de la nación española, es frecuentado por centenares de miles de peregrinos de España y el Mundo.

Los visitantes se maravillan con la estatua de Pelayo delante de la Basílica, infalible centinela de la libertad de su Patria, imagen expresiva de la firmeza y serenidad de uno de los legendarios protagonistas de la Era Cristiana, su hazaña en la Batalla de Covadonga ha trascendido en la Historia, este monumento es el homenaje de su pueblo a la primera victoria contra el Islam en Iberia, principio de los 800 años de lucha de una epopeya: La Reconquista Española.

Temas similares…

0 comentarios

Enviar un comentario