El camino de la liquidación física (V)
El propio McCone testificó que él no había sido informado de esos intentos ni por Alien Dulles, Bissell o Helms, o persona alguna, cuando él sustituyó a Dulles como director en noviembre de 1961.
En el verano de 1962 el Grupo Especial Aumentado (SGA) celebró una importante reunión. En agosto 10 se planteó la liquidación del dictador cubano como parte de la Fase II de la Operación Mongoose que, como sabemos, tenía como objetivo crear un estado caótico en la isla que condujese a una insurrección interna. Porque era una reunión para trazar una política, asistió un numero mayor de funcionarios que los que normalmente atendían.
McCone, como hemos dicho, católico práctico, informó a Robert McNamara, Secretario de Defensa en aquel momento, que “el tema que usted ha planteado yo lo considero altamente impropio… no es una acción que puede ser aceptada. No es propio para nosotros discutirlo y yo pretendo que quede eliminado de los records”. Luego le confesó a McNamara que envolverse en la realización de este plan podría resultar en su propia excomunión.
Los planes —autorizados, concebidos o, al menos, consentidos por estos hombres— eran, peor que siniestros, ridículos.
Graduados de las más prestigiosas universidades: R. F. Kennedy (Harvard y Virginia University); Bissell (Yale, PhD. con honores); Helms (William College, Phi Beta Kappa), estos hombres, de alta capacidad intelectual, descansaron en figuras del bajo mundo para poner en práctica sus absurdos proyectos.
¿Cuáles eran estos planes, ninguno de los cuales tuvo efecto y, que se conozca, solo uno trató de realizarse?. Veamos algunos:
a) Entregarle a Castro una caja de tabacos envenenados (febrero 13, 1961).
b) Pildoras envenenadas entregadas a “un agente cubano” por Sam Giancana y Santos Trafficante.
c) Otras pildoras envenenadas, para poner en una bebida de Castro, suministradas a través de John Rosselli, en febrero de 1961 (en el Informe aparece que el “oficial cubano’ a quien le entregaron las pastillas las devolvió porque ya él no tenía acceso a Castro).
d) Otras pastillas dadas, también a través de Rosselli, a un empleado de un restaurante frecuentado por Castro, en marzo de 1961.
e) Cuatro pastillas envenenadas entregadas por William Harvey a “un cubano” en abril de 1962.
f) Una “exótica concha marina” llena de explosivos que sería detonada en el área donde Castro practicaba natación submarina, en los comienzos de 1963.
g) Un traje para natación submarina, contaminado, que James Donovan, el abogado que estaba negociando la salida de los brigadistas presos, regalaría a Castro. Donovan estaba ajeno a este plan. Jamás se entregó el equipo a Castro.
Todas estas fantásticas maquinaciones fueron conocidas y autorizadas —tal vez ideadas— por los altos funcionarios ya mencionados.





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