Actualidad con Humberto López y Guerra

Written by Luis De La Paz

31 de marzo de 2026

Por Luis de la Paz  

Conocí al escritor Humberto López y Guerra hace varios años, cuando viajó a Miami desde su Estocolmo de exilio para presentar su libro El traidor de Praga, una novela de intrigas, persecución y espías. Desde entonces mantenemos contacto. En cierto momento reseñé su libro, lo entrevisté, ahora volvemos a conversar sobre su literatura a propósito de su nueva novela de espionaje, El otro espía.

Humberto López y Guerra nació en Matanzas, Cuba, y se identifica como cineasta, periodista y escritor cubano-sueco. Ha dirigido más de veinte documentales y series para la televisión sueca, recibiendo reconocimientos internacionales por su trabajo. 

Entre sus galardones destacan un Prix Italia por el documental Arrabal, el premio Nordvision a la mejor serie de televisión por Ondskans år (Los años del mal) y una nominación a los Emmy por Det långa straffet (El largo castigo). Su documental Federico García Lorca: Mordet skedde i Granada (Federico García Lorca: El asesinato tuvo lugar en Granada) se ha proyectado en festivales de cine de Lille y Barcelona, entre otros. 

Comezó su carrera como cineasta en la Isla y luego continuó sus estudios en la escuela de Babelsberg, en la entonces Alemania Oriental. Años después se establece en Suecia donde ha continuado su labor fílmica y literaria. 

Con Humberto López y Guerra conversamos sobre la actualidad, el pasado y el futuro de Cuba. 

—Quisiera comenzar preguntándote por El otro espía, tu más reciente novela. Como es habitual en tu literatura, el tema es el espionaje histórico. ¿Podrías hacernos un resumen de este thriller?

El otro espía es mi quinta novela y la tercera que escribo en español. Me llevó casi tres años terminarla, tanto por la complejidad de la trama como por la escasez de información fiable. La historia de Heinz August Lüning –el único espía nazi ejecutado en Latinoamérica, fusilado en La Habana en 1942– fue manipulada por los servicios secretos de la Alemania nazi, de Estados Unidos y de Cuba, lo que distorsionó las verdaderas razones de su muerte.

La novela transcurre en La Habana de los años cuarenta, entonces un hervidero de espías donde figuras como Hemingway, Meyer Lansky y el embajador estadounidense Spruille Braden participaban activamente en la caza de agentes nazis, reales o imaginarios.

Mi propósito fue esclarecer por qué fusilaron a Lüning –o Luni, como se hacía llamar–, porque todo indica que era un agente menor, incapaz de lo que se le atribuyó. Más que un peligro, fue una víctima, y eso es lo que intento mostrar en el libro.

—Defines tu literatura policiaca como espionaje histórico, un género que aborda eventos del pasado que tú redefines. ¿Qué es espionaje histórico y cómo se maneja literariamente?

El espionaje histórico, para mí, es una forma de entrar en los pliegues de la historia: en lo que se dijo, en lo que se ocultó y en lo que nunca quedó del todo claro. Trabajo con hechos reales, pero también con los silencios y contradicciones que dejan los archivos secretos. Ahí es donde la literatura puede reconstruir lo que falta sin traicionar la época. Trabajar el espionaje histórico implica un equilibrio delicado entre rigor y libertad creativa.

—¿Se pueden considerar tus novelas anteriores, El traidor de Praga (2012) y Triángulo de espías (2016), en la categoría de thriller sustentado en episodios de la realidad?

Sí, sin duda. Tanto El traidor de Praga como Triángulo de espías parten de episodios reales, algunos conocidos y otros que nunca llegaron al dominio público. Me apoyé en entrevistas con personas que vivieron aquellos hechos y también en mis propias experiencias. Esa mezcla de realidad documentada y vivencias personales es la base sobre la que construyo la ficción en ambas novelas.

—Tu vida artística comenzó con el cine documental. Háblanos un poco de tus películas y series para la televisión sueca.

Efectivamente. Mi vida artística comenzó en el cine documental. Aunque llegué a Suecia en 1968, recién egresado de la Escuela Superior de Cinematografía de Babelsberg y después de haber trabajado en algunos documentales para el ICAIC, el único filme que logré realizar en Cuba antes de exiliarme fue Juventud 67, que terminó prohibido por la censura. Así que, en realidad, mi carrera cinematográfica se desarrolló en Suecia.

Mi primer trabajo aquí fue Choose Your Hero, un documental crítico sobre los desertores estadounidenses refugiados en Suecia. Más tarde trabajé como director de fotografía en René Char, un retrato del gran poeta francés producido por el Instituto de Cine Sueco. Pero mi primer gran éxito llegó con Federico García Lorca: el asesinato tuvo lugar en Granada, producido por la Televisión Sueca en 1977.

Después de Lorca realicé Arrabal, un documental sobre el dramaturgo y cineasta Fernando Arrabal, con el que obtuve el Prix Italia. Más tarde dirigí La larga condena, sobre Huber Matos, también para la Televisión Sueca, que fue seleccionada como la contribución de Suecia a los premios Emmy.

A comienzos de los años ochenta dejé el documental para dedicarme a las series de televisión. En 1986–87 escribí y dirigí Ondskans år (Los años del mal), una miniserie en tres partes sobre el nazismo en Suecia durante la Segunda Guerra Mundial. La serie tuvo un gran impacto y en 1989 recibió el premio Nordvision a la mejor producción televisiva de los países nórdicos.

En total he realizado más de veinte documentales y obras de ficción. Entre ellas quiero también destacar La Cuba de Castro (Castro’s Cuba), la serie más completa sobre Cuba producida en aquellos años, estrenada en 1989 en Estados Unidos, Latinoamérica y Australia. 

—Has afirmado que, con El otro espía, regresas a tu lengua materna, el castellano. Escribir en español debe resultarte más cómodo. ¿Hay diferencia entre escribir en una lengua o la otra, por ejemplo, en el manejo de la adjetivación, manera de proyectar los personajes u otras transposiciones idiomáticas? 

No necesariamente. Al principio, volver al español me resultó más difícil de lo que imaginaba. Los idiomas cambian constantemente, y aunque en sueco estaba al día, en español sentía que me faltaba actualizarme. También influye el contexto de la historia: si la trama transcurre en Suecia, escribir en sueco me resulta más natural; si ocurre en Cuba, el español fluye con más facilidad. En ese sentido, la lengua y el lugar de la narración se condicionan mutuamente.

—El tiempo no sepulta el pasado, por el contrario, lo mantiene en la memoria colectiva y en los anales. ¿Cómo visualizas 32 años después el Encuentro de Estocolmo, donde no participaste, pero por residir en Estocolmo viviste de cerca?

Aquello fue todo una farsa. Yo en aquel entonces trabajaba como productor de las emisiones en español de Radio Suecia y me inscribí como periodista de Radio Suecia para cubrir el evento. Pero se me negó acreditarme. En su lugar fue enviado un periodista chileno que trabajaba de freelance en Radio Suecia. Todo estuvo desde sus inicios manipulado por la Embajada de Cuba, con el beneplácito de los organizadores del Centro Olof Palme. Al final algunos escritores del exilio terminaron retractándose.

—De acuerdo a las declaraciones del presidente Trump el régimen cubano está por desaparecer. Todos los días se amanece con nuevas expectativas. ¿Cómo te gustaría que fuera ese día después?

La crisis en Cuba comenzó mucho antes de que el presidente estadounidense endureciera las restricciones sobre el envío de petróleo a la Isla. Pero es cierto que, en las condiciones actuales, algo tiene que ocurrir; la situación no puede prolongarse indefinidamente. Cuando llegue ese “día después”, deseo que sea un cambio sin violencia ni derramamiento de sangre. Estoy en contra del caos y de cualquier salida que pase por la fuerza.  Los responsables de violaciones de derechos humanos deberán responder ante la justicia, porque no puede haber impunidad. Pero, al mismo tiempo, habrá que reconstruir el país, y para eso harán falta todos los cubanos, sin exclusiones.

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