Ramón Barco, un director de cine avileño

Written by Alvaro Alvarez

24 de marzo de 2026

Por: Álvaro J. Álvarez

Ramón Pío Barco del Río, nació el 11 de julio de 1948. Su padre Ramón Barco Arroyo era dueño de la fotografía Moderna, en la calle Independencia entre Maceo y Simón Reyes en Ciego de Ávila.  Recuerdo era una persona muy callada y buena. Su madre María Julia del Río (conocida por Manola) era la costurera de las damas aristocráticas avileñas. 

Los Barco del Río vivían frente por frente a mi casa en la calle República, en un chalecito que estaba un poco hacia adentro, o sea no guardaba la misma línea de las demás casas de la acera norte de nuestra calle. Sus vecinos del lado derecho, era la familia Viciedo- González los encargados de vigilarnos a todos nosotros porque eran los del CDR. Sus vecinos del lado izquierdo fueron muchos, porque en esa casa vivieron varias familias como: Los Drago, Conchita y Roberto Ramos, Milián Nápoles, Celina y su colegio de enseñanza elemental y finalmente Marta Bergasa, su esposo Rubén Hernández (Piti), su hijo y su hija.

Creo que Manola y su hermana Mary del Río habían nacido en España, ambas hermanas eran altas, elegantes y muy bonitas, con mucho acento español. Manola siempre la conocí con problemas acentuados de sordera al extremo que en su casa el timbre de la puerta no sonaba porque cuando alguien lo tocaba en la cocina se encendía una bombilla eléctrica.

Tenían un perro llamado Happy, el cual me tenía tremendo odio y muchas veces trató de morderme sobre todo cuando montábamos bicicleta por la calle y frente a su casa.

Una vez le tiré bisulfuro de carbono con una jeringuilla y más nunca se me acercó.

Recuerdo a Ramonín desde pequeño vestido con la ropa de su madre y con sus zapatos de tacones altos. Siempre a los muchachos del barrio aquello nos impactó.

Yo era 5 años mayor que él y estaba en el Colegio Maristas, cuando uno llevaba a un alumno nuevo al Colegio, a fin de curso te daban una medalla de Afecto al Colegio, yo me gané una por llevar a Ramonín en 1955. Como podrán ver más abajo fue muy buen alumno. 

COLEGIO CHAMPAGNAT de los Hermanos Maristas de Ciego de Ávila.

Situado en la calle República esquina a Narciso López.

Curso de Primer Grado-1955-1956, alumnos que sacaron notas de Sobresalientes: Jorge Yara, Ramón Barco, Pedro Rodríguez, Juan Hernández y Jaime Balbé.

Curso de Segundo Grado-1956-1957, alumnos que sacaron notas de Sobresalientes: Jorge Yara, Benigno Fiol, Omar Salvador, Carlos Leiva, Ramón Barco, Jaime Balbé, Carlos Viera, Pedro Rodríguez, Juan Hernández, José Luis González, Eduardo Franco, Raul Olasolo, Roberto Castellanos y Carlos Tarrau.

Realmente no recuerdo cuando se fueron, pero me imagino debe haber sido en 1960 o 1961.

Nunca volví a saber de ellos, solamente que estaban en Puerto Rico y que Ramonín había fallecido por el Sida (AIDS).

Hoy he encontrado su nombre y me ha motivado a escribir su historia como cineasta y crítico de cine. 

Ramonín, llegó a Puerto Rico en su adolescencia, como hijo único de Ramón Barco y de María Julia Del Río. Estos se establecieron con mucho sacrificio en la ciudad de Arecibo, al noroeste de Puerto Rico, donde su padre tuvo un negocio de telas y su tía Mary era florista en San Juan. Como muchos inmigrantes, tuvo que trabajar desde su temprana adolescencia, en su caso como repartidor de compras en un supermercado arecibeño.

Se inició en el cine en Puerto Rico, allí realizó el corto experimental Ángela (1967) que, según él participó en el Festival de Cine de Karlovy Vary. 

Barco, el 21 de agosto de 1978 estaba escribiendo en El Nuevo Día (de San Juan, P. R.) donde escribió un artículo sobre el cine puertorriqueño súper genial que se encuentra en la colección de libros de la Revista del Ateneo.

En 1969, hizo el documental Espectro siete (7 objetos luminosos y 5 complementarios).

En 1970, el cortometraje Ana Sánchez no tiene aventuras.

Realizó tres largometrajes de ficción: debutó con Mecanismo Interior (1971), con María Mahor, Dean Selmer, Emiliano Redondo, Gisia Paradís, Ángela Rhu, Julio Muñoz Carrascosa y Gloria Berrocal. Cinta que alcanzó a ser exhibida en el Festival de San Sebastián de ese año.

Le siguió Todos los Gritos del Silencio (1975) que contó con la actuación de Paul Naschy, Máximo Valverde, María Mahor, Mirta Miller, Blanca Estrada, Mario Pardo, Antonio Gamero y Paloma Cela, entre otros.

El avispero (1976) con la colaboración del filipino Junior (1943-2014 esposo de Rocío Dúrcal) y la sevillana Marujita Díaz (1932-2005).

Ramón Barco, también en los años setenta publicó dos libros cuyos títulos describen a la perfección su vocación cinéfila: La Historia a Través del Cine (Artedita, Madrid, 1976) y La Evolución del Cine Francés (Editorial Doncel, 1977).

Sin conexión con este cine que se hace en Nueva York, el actor, escritor y cantante Pedro Román, con sus propios recursos y la colaboración de otros amigos, consiguió llevar a la pantalla en 1980 una obra suya, Qué Caliente está Miami. 

Se trata de una comedia salpicada de números musicales (Olga Guillot interviene en ella) en la que un cubano exiliado logra una posición acomodada con el negocio de compra y venta de propiedades. El personaje está casado y tiene una hija. En una casa vecina vive otro cubano, cuyo hijo está enamorado de la joven y mantiene con ella unas relaciones que ambos intentan ocultar por la oposición empecinada de los padres, que se detestan.

Los dos hombres tienen que superar su enemistad cuando se descubre que la muchacha está embarazada. Al final, como corresponde al género, las cosas se arreglan y todo termina en una gran fiesta. La película fue dirigida por Ramón Barco.

El protagonista de ¡Qué caliente está Miami! es Raimundo Hidalgo Gato, la famosa vedette Blanquita Amaro, todavía en la plenitud de sus facultades, hizo de madre de la novia y el papel del padre del novio fue Pedro Román. 

Después de muchas dificultades provocadas principalmente por un productor asociado, la película logró estrenarse en un cine de Hialeah y otro de Nueva Jersey, pero solo por un día: nuevos obstáculos insalvables impidieron su exhibición y condenaron la película a ser engavetada.

Según el investigador cubano Eduardo G. Noguer Hostal (1946-2008), esta es la primera cinta del efecto Mariel.

En realidad, las cintas de Ramón Barco pertenecen a esa historia aún no contada del cine hecho por cubanos en el exilio.

En internet aparece esta nota de Rudi Bardot de 14 de abril de 2014: “De origen cubano, Ramón Barco encarnó como pocos el significado de director maldito. No en vano, de las tres películas que rodó en nuestro país tan solo la presente llegaría a conocer distribución comercial. Por desgracia, el final de su vida estaría en sintonía con lo que había sido su trayectoria profesional. Según se recoge tanto en Memorias de un Hombre Lobo (Alberto Santos Editor, 1997) como en La Máscara de Jacinto Molina (Scifiworld, 2009) de Paul Naschy, su cuerpo sin vida apareció en avanzado estado de descomposición en el metro de Nueva York, sin que nunca se llegara a aclarar del todo cuales fueron las causas que rodearon su muerte.

César Palomino el 19 de noviembre de 2021 en el mismo sitio escribió: “Ramón Barco, fue siempre muy especial, fuimos compañeros en el colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe en Madrid, de 1966 a 1970. Allí muchos de los universitarios hispanoamericanos que vivíamos, cada uno con sus historias, éramos un grupo muy divertido, vivimos sus comienzos como cineasta y yo participé como figurante en sus cortos y películas. Sobre todo, de la primera guardo muy buenos y gratos recuerdos. Después de años de no saber nada de él me enteré de su muerte tan trágica en NY ciudad a la que le tenía mucho afecto. Donde estes querido amigo solo tengo un recuerdo cariñoso para ti y siempre será así”.

Otro comentario dice que su cuerpo permaneció durante meses en la morgue de Nueva York esperando que alguien reclamara su cuerpo. 

Triste final para mi amigo, coterráneo y vecino de la calle República de Ciego de Ávila.

Fuentes: Ramón Barco, por Juan Antonio García Borrero. 

Temas similares…

0 comentarios

Enviar un comentario