El camino del sabotaje (I)
Durante los primeros seis meses de 1963 muy pocas acciones de sabotaje se realizaron que hubieran sido planeadas en las esferas oficiales norteamericanas, ya que el Grupo Especial “había decidido… que tal actividad no valía el esfuerzo que en ella se ponía”.
Aunque Cuba continuó preocupando a la Administración en ese año, el Grupo Permanente y la Fuerza de Trabajo sobre Cuba del Departamento de Estado trataron de poner “cierto orden” en la política hacia Cuba y redujo, o trató de impedir, los ataques no autorizados a la isla.
Continúa Kennedy, en esos meses, su política conciliatoria y pacifista hacia Cuba.
En febrero se traza, en un memorándum, que temporalmente estuvo clasificado, la política norteamericana hacia la isla. Perseguía, “bajo el Tratado de Río, crear una atmósfera en la que el régimen de Castro pueda ser sustituido por un gobierno cubano libre”. Para ello el memorándum hace mención a seis objetivos, ninguno de los cuales aboga por el derrocamiento del régimen:
1) Prevenir actos de agresión o amenazas desde Cuba. Es decir, estar seguro de que Cuba no tenga una capacidad ofensiva de significación y prevenir cualquier ataque a una nación latinoamericana.
2) Reducir la subversión cubana en el hemisferio. Esto se realizaría a través de la OEA y con naciones individuales para restringir el movimiento de agentes, guerrillas, estudiantes, armas, fondos y literatura desde Cuba y a través de las embajadas cubanas.
3) Debilitar a Cuba económicamente. Lo que se lograría restringiendo el comercio con la isla, haciendo más difícil el reemplazo de maquinarias y el acceso a mercados mundiales del azúcar y otros productos.
4) Socavar políticamente a Castro. Aislarlo del resto del hemisferio.
5) Fortalecer la Alianza para el Progreso.
6) Crear con otras naciones un clima político no propicio para el comunismo.
Más inocuas o débiles no podían ser los objetivos de la Administración que, tres meses antes, se había comprometido con los soviéticos a respetar los “compromisos contraídos”.
Los mismos débiles puntos se repiten en otra comunicación de marzo 25. Fue muy tímida la Administración en ese primer semestre de 1963.
PROGRAMA DE
CUATRO PUNTOS
El Grupo de Trabajo, que tiene a su cargo el estudio y la puesta en práctica de medidas sobre Cuba, se reúne el martes 30 de abril y toma cuatro acuerdos que aparecen relacionados en el memorándum que envían dos días después a los miembros de ese Grupo Especial.
El documento estuvo clasificado como “top secret… only sensitive” por prácticamente 30 años y, cuando queda desclasificado el 28 de septiembre de 1990, aparece aún censurado el primero de los cuatro puntos. Los otros tres hablan del uso de contingencias para lograr objetivos políticos más amplios; estudiar la posibilidad de interferir la economía de Cuba por sabotaje y otros medios, y el posible empleo del mercado azucarero como medio de complicar la vida al régimen de Castro. Nada, hasta ahora, de planes concretos. Sólo estudios.
Sin embargo, las operaciones de sabotaje realizadas por grupos de exiliados continuaban, junto con la recolección de inteligencia que siempre alentó la Agencia. Es decir, fue una etapa en la que el respaldo se recibía para Trabajo de Inteligencia pero no para acciones dentro de Cuba. Éstas, se hacían por la libre.
Esta posición cambia cuando el propio presidente Kennedy aprueba, el 19 de junio de 1963, un programa de sabotaje dirigido a cuatro importantes segmentos de la economía cubana:
1) el sistema eléctrico,
2) las refinerías de petróleo y sus tanques de almacenamiento,
3) el transporte por carretera y ferroviario, y 4) las fábricas.
No obstante, el FBI continuó hostigando campamentos de exiliados combatientes, “pero, tal vez, eran campamentos que no se encontraban bajo el control de la CIA”, admite, (¿cándidamente?), Arthur Schlesinger.
Las operaciones relacionadas con este programa serían “realizadas por agentes cubanos controlados por la CIA” desde una isla de Estados Unidos cerca de la costa de la Florida (Palabras textuales que aparecen en las actas de la reunión de junio 19). Participan en este mitin Robert McNamara, Secretario de Defensa; McGeorge Bundy, Asesor Legal del Presidente Kennedy; el General McKee, de la CIA, adscrito a la Secretaría de Defensa; Averell Harriman, Asesor en Política Internacional del Presidente Kennedy; John McCone, Director General de la Agencia Central de Inteligencia y otros.
IRRITAR, PERO NO DERROCAR
Pero la Administración Kennedy al llevar a cabo este programa de sabotaje no perseguía crear un clima que condujera a una revuelta interna (a lo que antes aspiraba la Operación Mongoose), sino “alentar un espíritu de resistencia que facilitara las deserciones” Mortificar pero no derrotar. Irritar pero no derrocar.
En mayo se dan pasos más firmes. El Grupo de Trabajo se reúne el 28 de ese mes para discutir la proposición de McCone de: “fomentar las dificultades económicas en Cuba”, utilizando sabotajes “para crear una situación en la isla que haría posible facilitar la subversión de líderes militares al punto de que actúen para derrocar a Castro”.






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