Cuba y la Noche es la primera novela escrita por el autor Pico Iyer, en la que cuenta las experiencias de su primer viaje turístico e informativo a Cuba. El reconocido escritor es un viajero sin destino fijo, periodista entre muchas otras profesiones de la internacional revista Time. Precisamente en el ejemplar de Time fechado el 8 de julio del 2013 apareció un artículo de Iyer, con una alta dosis de objetividad, que hemos leído con interés. Queremos, pues, comentarlo con nuestros amigos lectores.
Las fotos que ilustran el artículo son realistas. No se trata, como en otros muchos casos, de los suntuosos hoteles dedicados especialmente a extranjeros, ni de las abundantes bellezas naturales que en Cuba parecen preferencias de Dios. Las doce fotos revelan crudamente la miseria cubana, y excluyen la acostumbrada exhibición de muchachas semidesnudas vendiendo sus cuerpos al mejor postor.
“Un Buick del año 1952 se arrastra por las calles con un anuncio en su cristal trasero proponiendo su venta, algo que actualmente parece ser legal. El problema consiste en que su precio es alrededor de 25,000 pesos convertibles, una impresionante suma en un país en el que un oficial de alto rango gana treinta dólares al mes”, comenta Iyer, haciendo alusión al falso proyecto de la libertad de empresa anunciada por el tirano menor.
La mayoría de los “negocios propios” en Cuba tienen que ver con los mercados culinarios que son surtidos con dinero del exilio, pues el acceso a alimentos importados está limitado al dólar, y es restringido para el solo uso de trajines oficiales. En los restaurantes de lujo, especialmente diseñados para el disfrute de turistas pueden únicamente entrar cubanos con abundante cartera rebosante de dólares, que se hacen acompañar con familiares y amigos cercanos, que por un día disfrutan de la Cuba de antes y regresan después a la depauperada Isla de hoy.
En su novela Iyer dice que “con tanta fiesta que hay en la calle y tantas oportunidades para gozar experiencias nada comunes, al cubano promedio no le hace mucha falta ir a los centros nocturnos de diversión”. Ciertamente el acceso al sexo ocasional ocurre en rincones de cualquier escalera, en la parte oscura del malecón, en hoteluchos baratos en los que se alquilan habitaciones por horas, en automóviles abandonados y en cuanto sitio sea propicio. Los turistas familiares y con valores morales, van a los lugares de retiro habilitados en cayos escénicos y a hoteles playeros abrumados con todo tipo de instalaciones recreativas. A estos sitios el cubano que soporta silenciosa indignación y sufre el dolor de ser preterido en su propia tierra carece de acceso.
La tiranía marxista de Cuba llegó a la conclusión de que no podía mantener en “nómina” a dos millones de personas, y decidió abrirles la enmohecida puerta por medio siglo de disfuncionamiento, a la “libertad de empresa”. Este tipo de “neo capitalismo” no podrá desarrollarse jamás en una sociedad de economía socialista, donde el estado sigue siendo el control absoluto de todo movimiento económico. El artículo de Time que comentamos expone este hecho con toda claridad.
“Los cubanos de hoy son libres –al menos para disfrutar de su propia versión de Craiglist”, dice Iyer. Craiglist es un negocio internacional que expone anuncios e informaciones en más de 200 países, con una clientela que se calcula en 22 millones de personas. Los cubanos tienen que contentarse con una quincalla, un kiosko de venta de emparedados y de “paladares” hogareños a título de inversiones, con el problema de que el mercado nacional no responde a las necesidades que este tipo de negocios demanda. El país no es fuente de recursos. Los mismos proceden de donaciones extranjeras, algo que beneficia al régimen, pues da a la sociedad la falsa impresión de que la “revolución va entrando en el proyecto de la evolución”, algo imposible, porque capitalismo y socialismo son conceptos antípodas. Donde no hay libertad real y total el individuo se estanca en sus aspiraciones, y eso sucede en Cuba, donde no se avizora la posibilidad de industrialización a gran nivel. Expuso un cubano, cuyo nombre desconocemos, que “en Cuba hoy se combinan los peores aspectos del socialismo con los peores aspectos del capitalismo”. Esa combinación, simplemente, no funciona.
Un hecho que a menudo olvidamos los exiliados es que en Cuba hay nuevas generaciones que no hablan nuestro propio idioma ni conocen nuestra ideología. Los hijos -y los nietos de la revolución- se han adaptado a un sistema que ha logrado perforarlos mentalmente. Los cubanos de hoy viven con una historia diferente a la de nosotros, y desde ese parámetro no se sienten, con limitadas excepciones, dispuestos a luchar por el rescate de una patria que no conocieron y a la que temen regresar dadas las concepciones que de la misma les han impuesto los ideólogos de la revolución.
Ser feliz con un destartalado taller para arreglar zapatos, coser vestidos, componer maquinarias obsoletas, vender refrescos caseros y negociar ilegalmente carne, huevos o artículos del “imperio”, no es el estilo de vida del cubano libre y emprendedor. Ha sido el peso del comunismo el que ha caído sobre el ánimo y el espíritu de progreso de nuestros compatriotas en la Isla. Para ellos es la resignación, nosotros nos hemos comprometido con la rebeldía.
Los que van a Cuba con el propósito de divertirse pervertidamente no ponen su atención en los problemas del país, sino en la ocasión que procuran de disfrutar de placeres depravados. Esta gente sin conciencia solo nos provoca repugnancia y un odio justificado.
Hay un turbio negocio en la “web” en el que se proponen jovencitas con “intenciones matrimoniales” a desconocidos dispuestos a pagar el precio. La razón es que el régimen cubano necesita fondos desesperadamente y ha convertido en mercancía a lo mejor de la juventud cubana. Cuenta Iyer que un hombre ya anciano, recién integrado a una iglesia cristiana le dijo: “la gente está buscando refugio en toda clase de religiones, porque en la fe religiosa obtiene lo que la revolución no puede darle: esperanza”.
Fidel Castro en palabras pronunciadas el 30 de noviembre de 1971 dijo: “los prejuicios sociales y la discriminación llevaron a la mujer por los peores caminos. Tuvo que trabajar en burdeles, en bares, en casinos, como callejeras …. La revolución ofrece todas las oportunidades de acuerdo con sus talentos, energía, entusiasmo, espíritu y sus más nobles sentimientos. Las revolución dignifica las mujeres … En nuestro país la prostitución se erradicó hace muchos años. En nuestro país, todas esas tristes y horribles cosas de una sociedad explotadora ya no existen”.
De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas, en el año 2025 Cuba tuvo la población de más edad de América Latina y el Caribe. Uno de cada cuatro habitantes superó los 60 años de edad y las universidades perdieron más del 30% de sus estudiantes. Con esta realidad a la vista, sin un cambio predecible en los futuros dirigentes, amarrados a una teoría política que reiteradamente ha probado su fracaso, a Cuba ciertamente no le queda esperanza.
Cuando el derrumbe de la Unión Soviética, Cuba perdió ingresos multimillonarios que provocaron en la Isla un periodo de escasez que oficialmente bautizaron como “un periodo especial” que llevó al tirano Castro a acudir el envío de divisas del exterior. Ha sido Cuba desvergonzadamente el país pordiosero más servido de América. El dictador que en 1960 anunció que todos los que al inicio revolucionario abandonaban el país habrían de lamentarlo porque la prosperidad de Cuba los deslumbraría, dejó al país, en la ya cercana hora de su muerte, convertido en miseria, crimen, abuso y esclavismo.
Tristemente hay dos Cubas, separadas por un breve tramo de mar, que viven a una distancia sidereal en los aspectos morales, económicos, ideológicos y políticos. Los que predican la tesis de que hay una sola Cuba, quizás se refieran a la geografía; pero olvidan la inquietante realidad de que hay dos clases de cubanos. No calificamos a los de intramuros como inferiores, sino que simplemente los describimos como diferentes. Ante la inquietud que nos azota cuando hacemos esta distinción, no tenemos otra alternativa que evocar las inolvidables palabras de José Martí, el Apóstol de nuestros más puros sentimientos: “Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche. ¿O son una las dos?”





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