Actualidad con Anjanette Delgado

Written by Luis De La Paz

20 de enero de 2026

Por Luis de la Paz  

La primera referencia que tuve de la periodista y escritora puertorriqueña Anjanette Delgado fue alrededor del 2014, cuando asistí a la presentación de su novela La clarividente de la Calle 8, un libro divertido, en el que una mujer tras el asesinato de su amante descubre que posee el don de la clarividencia, con todas las consecuencias que esa habilidad representa. Ese día conocí a una mujer comunicativa y simpática. 

Años después supe de su trayectoria como periodista para importantes medios de comunicación y que ha sido distinguida con reconocimientos como un Premio Emmy, así como el Latino International Book Award por la novela La píldora del mal amor. También fue nombrada como una de las “12 Mujeres que admiramos” por el medio yahoo. 

Luego he seguido su literatura y éxitos. Recientemente asistí a su presentación en la Feria del Libro de Miami 2025 y ahora se me ha brindado la oportunidad de entrevistarla. 

—Eres autora de Cómo querer a un cubano, donde ese cubano no es solo un hombre, sino también un grupo social, una identidad. ¿Qué te impulsó a escribir el libro?

Yo soy muy simple. Casi siempre me impulsa una fecha límite. Una invitación a escribir. De la invitación, surge el recuerdo. Vivo siempre pendiente de que alguien me diga “¿Escribirías algo para…?” Es la frase mágica para que mi cerebro diga, “A ver… ¿qué quiero decir?” En esta ocasión, lo que me pedían era una visión extranjera de Cuba y los cubanos para una antología de Hernán Verá con Suburbano Ediciones. Lo intenté. Pero rápidamente me di cuenta de que eso era imposible. Que eran demasiado cercanos a mí. Que mi visión extranjera de ellos no lo era tanto. 

—El libro podría percibirse como una tesis de convivencia con Daniel, el personaje central: gustos, formas de asumir la vida, diferencias políticas, entre otras. ¿Podría percibirse también “Cómo querer (o armonizar) con una puertorriqueña?”.

Si le preguntas a él, te diría que sí. Que no ha sido fácil. Que alguien le debe una estatua. (Según escribo, leo en voz alta, y salta él: “La realidad. ¿Qué te puedo decir?”) Pero yo te diría que es el libro en el que más me filtro a través de él. Creo que hay más suyo que mío ahí. 

—El poema de Lola Rodríguez de Tió expresa que Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas. En tu libro ¿cómo queda esa ave?

En mi libro, las alas se abrazan y se extienden. Hay muchas diferencias, pero las similitudes no se pueden negar. Son orgánicas. De base. 

—En la Feria del Libro de Miami presentaste ante numeroso público El sexilio. ¿Podrías poner en contexto el concepto de sexilio?

Claro que sí. Te cuento lo que creo: Recurres al sexilio cuando, por ser mujer (entiéndase cualquier sujeto feminizado), la integridad de tu cuerpo o tu salud mental (toda tú, en otras palabras) corren peligro de violencia inminente o posible muerte. (Uso la palabra integridad para significar “integral”, “básico”, “fundamental”, no con connotación moral alguna).

Con esta definición, enfatizo que el sexilio no es una elección. “No implica verdadera agencia. No se enfoca en los muchos pequeños rechazos, que son reales y duelen. No hablo de la posibilidad de tener sexo con quien quieras cuando quieras, que es algo importantísimo también. Hablo de la urgencia que implica la violencia sistémica contra tu cuerpo físico y, por lo tanto, contra tu cordura mental. En otras palabras, cuando te vas, la situación es de vida o muerte para la persona que eres, aunque solo lo sepas tú”. Hace varios años que escribí esas líneas y la definición sigue funcionando para mí. Y una parte de mí piensa que si Reinaldo (Arenas) la leyera hoy día, diría que de alguna manera fue un sexiliado, que la política de la dictadura quiso usar su cuerpo para distraer y para hacer demagogia y que por ello corría aún más peligro. 

—El libro es bastante heterogéneo en su formato, es bilingüe, hay cartas, ensayos, poemas, crítica social, posturas políticas. Es una suerte de tu mapa de lo puertorriqueño. ¿Podría ser El sexilio un desahogo emocional… un grito?  

Definitivamente. También es una explicación. La que le debía a mi pueblo. Y a personas que no entienden lo que ocurre en Puerto Rico, ni las razones por las que las jaulas de oro gold-filled nunca serán buenas. 

—Eres también parte de Miami, pues llevas muchos años en el Sur de la Florida. Como escritora te conocí leyendo La clarividente de la Calle 8, que apareció primero en inglés. ¿Cómo te sientes mejor, escribiendo en inglés o español; qué aportan los elementos de una lengua sobre la otra?

Eso ha variado con el tiempo. En esta etapa de mi vida, me hace falta el español. Pienso en español primero. Esa lengua me aporta la gasolina sintáctica que hace correr mi voz. La otra voz es más trabajada. Como un rompecabezas que sé armar. 

—Eres emigrante, que dentro de la relación Estados Unidos-Puerto Rico podría considerarse una migración interna, pero como todo movimiento a otro sitio es un rompimiento. Siendo tan puertorriqueña como se desprende de tu literatura, háblanos de la decisión de emigrar.  

Quisiera llamarla decisión. Pero no lo fue. A mí lo que me pasó es que me estaba volviendo loca. Tenía miedo de encontrar a mi padre abusador en cada esquina. Lo veía reflejado en todos los hombres que golpeaban o mataban mujeres. En los violadores. En los policías que no iban cuando llamabas. En los titulares diarios. En la complicidad de la religión, de la prensa y del gobierno de aquellos años en mi país, que me tenían en paranoia permanente, si se le puede llamar así a la posibilidad real de muerte. No veía escape mental, emocional y físico para mi cordura que no fuera irme. Entonces, no lo decidí yo. Lo decidió una serie de circunstancias anidadas entre sí a las que llamo sexilio. 

—Ganaste un Emmy, que es un importante galardón relacionado con la televisión. También el Latino International Book Awards y has escrito para el New York Times, uno de los más influyentes medios del mundo. ¿Cómo convergen todas esas realidades en tu carrera como mujer y creadora?

Son hitos que agradezco. Pero los recuerdo más en conexión con gente. El Emmy lo gané junto a Alina Mayo Azze y trabajar con ella fue una de las cosas más bonitas de mis primeros años en Miami. En esos años, fui también productora de radio para Bernadette Pardo y Agustín Acosta y eso fue muy  hermoso, aún sin Emmy. El Latino International Book Awards me recuerda a mi editora de entonces, Johanna Castillo, que me apoyó para que me lo ganara, enviando el libro al concurso sin decírmelo. Fue muy buena conmigo. Ahora es la agente literaria de Isabel Allende y Samanta Schweblin, entre muchas otras autoras que quiero y admiro. Entre las juezas de ese año estuvo Josefina López, autora de Real Women Have Curves, y su guionista, y somos amigas gracias a eso. Y para el New York Times fui reclutada gracias a un Op Ed que escribí para un portal desconocido. Mi editora allí es la cubana Isvett Verde. Ese periódico me regaló a esa excelente amiga y mentora. Entonces, esas cosas… serían sólo cosas, si no fuera por la gente que las acompañó. Nadie se acuerda de los premios que se ganan los autores (excepto tú) y la realidad es que todos los premios son suerte. Otra persona igual o más talentosa los pudo haber ganado. Pero el premio real es la gente con la que te quedas después de ganarlos. 

—¿Te sientes más puertorriqueña estando lejos de la Isla?

No. Me siento más puertorriqueña allí… que es decir, más yo. Tengo planes de regresar pronto. Creo que es el momento. 

—¿En qué proyectos trabajas para el año 2026?

Pues acabo de terminar una novela sobre Miami y el canibalismo. Se llama Los muertos de hambre en español. No tiene fecha de salida aún. La acabo de terminar hace una semana. Pero este julio sale una colección de cuentos feministas que se llamará Las bichotas (Vintage Español, 2026). Eso me tiene contenta. Que me publique el mismo sello que publicó y publica a Mario Vargas Llosa, a Gabriel García Márquez (que aparte de su horrendo gusto político, sabía escribir), a Esmeralda Santiago y a Mayra Santos Febres, me da alegría. Me parece que abre puertas para otros.

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