Por J. A. Albertini
Yo evoqué la guerra.
Mi responsabilidad comienza con ella.
José Martí.
Carta a Manuel de Quesada.
Abril de 1895.
El Dr. Pedro Roig, historiador, abogado y educador (Director por 20 años del colegio Inter American Academy) con una larga trayectoria de vida, dedicada al servicio comunitario y a luchar, a lo largo de más de 66 años por rescatar, del castro-comunismo, la libertad de Cuba, con su obra más reciente: Cuba: La Guerra de Independencia, realiza, una vez más, un aporte valioso que enriquece nuestra historiografía patria.
Digno de destacar es que Pedro Roig —autor de libros anteriores como: Spanish Soldiers in Russia (Ediciones Universal 1976), The Cuban War of Independence (1895-1898), publicado en 1976, La Guerra de Martí (Ediciones Universal, 1987) y Death of Dream: History of Cuba (Rodes Printing, 2008) —no resulta ser el clásico académico e investigador de escritorio. Pedro Roig, nacido en la ciudad de Santiago de Cuba, provincia de Oriente, viene, desde muy joven, de la lucha frontal contra el castrismo. Dentro de la Isla, en las filas del Movimiento Demócrata Cristiano y Directorio Revolucionario Estudiantil (D.R.E.), conspiró activamente. En los tempranos años de la década de 1960 sale al exilio, donde prosigue su labor patriótica y forma parte de la heroica Brigada 2506. Durante siete años (2003-2010) dirigió la Oficina de Transmisiones A Cuba (Radio y Televisión Martí). Posteriormente, ocupando una posición directiva, forma parte del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanos Americanos de la Universidad de Miami. En el presente encabeza el Centro Cubano de Estudios Estratégicos. Indispensable se hace señalar la gran cantidad de ensayos, artículos de prensa y conferencias que han contribuido a enriquecer su abultada hoja de vida.
Roig, poseedor de todo ese bagaje de conocimientos empíricos y académicos, nos entrega, en el presente, Cuba: La Guerra de Independencia. El reconocido periodista y escritor Carlos Alberto Montaner (1943-2023), ya delicado de salud leyó el manuscrito. Y en el magistral prólogo que redactó, poco antes de fallecer, escribió: Este libro pertenece a un particular género de la historiografía: la historia bélica. Con estilo claro y directo el doctor Pedro Roig pasa revista a la guerra de 1895-98…
También, recordando al amigo y gran intelectual cubano Luis Aguilar León (1926-2008) el doctor Roig incorpora a Cuba: La guerra de Independencia el magnífico prefacio que el connotado profesor escribió para una de sus obras anteriores, específicamente La guerra de Martí. Allí el lúcido Aguilar León plasmó: Pedro Roig señala lo que algunos historiadores cubanos se empeñan en soslayar: el efecto devastador que las enfermedades tropicales tuvieron sobre el ejército español.
Y tomé la libertad de citar ambos prólogos porque ellos preparan al lector para adentrarse, de la mano del doctor Pedro Roig, en todas las facetas, tanto organizativas como bélicas, que cuajaron en nuestra última contienda de independencia. Por supuesto, la intervención norteamericana, causas y consecuencias, ocupa la parte final del libro.
Armado de conocimientos históricos y empleando lenguaje y redacción directa, carente de circunloquios, Pedro Roig repasa la vida personal y patriótica de José Martí: las carencias, de toda índole —incluidas las afectivas y materiales— del hombre que condujo a su pueblo a la guerra justa y necesaria. La meticulosa fase conspirativa; recolección de recursos económicos, el desastre del plan de la Fernandina. Recuperación del descalabro y el inicio — el 24 de febrero de 1895 —de la contienda, son acontecimientos que están, de forma amena y didáctica, excelentemente plasmados.
Estudioso del accionar y sólido ideario de José Martí, durante su corta existencia (42 años), Pedro Roig, para que no quepa duda sobre el compromiso del patriota, reproduce fragmentos de la carta que Martí, en febrero de 1895, le escribe al querido amigo dominicano Federico Enríquez y Carvajal: Para mí la patria no será nunca triunfo sino agonía y deber…
Luego el desembarco, en la noche del 11 de abril, de 1895, junto a Máximo Gómez, Francisco Borrero, Ángel Guerra, César Salas y Marcos del Rosario, en Playitas de Cajobabo, punto situado al sur de la provincia de Oriente. Acontece, siguiendo el texto histórico del doctor Pedro Roig, la reunión de la Mejorana con sus desavenencias y soluciones… Para mí ya es hora… y la caída, de cara al Sol, en Dos Ríos, del peleador sin odios como, en pleno siglo XX, la poeta chilena —premio Nobel de Literatura —Gabriela Mistral llamase al cubano universal.
No obstante, la simiente esparcida por Martí prende, cual llamarada incontenible, en Oriente, Camagüey y Las Villas. Se gesta la invasión y la guerra llega a la totalidad del territorio nacional.
Entonces, con minuciosidad de cronista de guerra Pedro Roig, de manera sencilla pero veraz, sin omitir detalles valiosos, describe tácticas, combates y batallas que los siempre inferiores —en número de hombres y avituallamientos —insurgentes cubanos, libraron, airosamente, contra el ejército español.
Indispensable se hace mencionar, entre otros, los combates de Peralejo, Sao del Indio, Mal Tiempo y Coliseo. Ya en tierras de Pinar del Río, Antonio Maceo libra los choques de Cacarajícara y Ceja del Negro. También, con lujo de detalles, se narra el encuentro de San Pedro y la infortunada caída del Titán de Bronce.
En Las Villas Máximo Gómez, de enero 1897 a abril de 1898, concentró alrededor de 4,000 mambises en la zona espirituana —bastante llana, cubierta de pastizales altos y pocas fuentes de agua —conocida como La Reforma. Proclamando que sus mejores generales eran los meses de junio, julio y agosto atrajo a la región, de menos de 1,000 kilómetros cuadrados a más de 40,000 soldados españoles que fueron diezmados en una combinación de hostigamiento constante, estrategias guerrilleras, aguas infestas y enfermedades tropicales.
En Oriente Calixto García, en 1896, asalta y toma el poblado de Guáimaro y en agosto de 1897 ataca y rinde, a la numerosa y bien atrincherada guarnición colonialista de Victoria de las Tunas.
El general Valeriano Weyler sustituye a Arsenio Martínez Campos. Decreta la reconcentración campesina y aumenta el número de tropas coloniales —hasta la cifra de 200.000 hombres, incluyendo a los guerrilleros (cubanos que peleaban a favor de la Metrópoli) —para tratar de sofocar la rebelión. Voladura del crucero Maine. Intervención Norteamérica. Inexplicable retirada española de la sólida línea defensiva de Las Guásimas. La toma del Caney y la Loma de San Juan. Destrucción de la Escuadra Naval del almirante Pascual Cervera, y capitulación de Santiago de Cuba, constituyen acontecimientos que, en Cuba: La Guerra de Independencia, conservan la memoria bélica que conmovió el final de nuestro siglo XIX.
Por supuesto, el desaire infligido al mayor general cubano Calixto García, por el alto mando norteamericano al impedirle entrar a Santiago de Cuba, tras la rendición de la ciudad, y otros acontecimientos vitales, inherentes a nuestra nacionalidad brotan de las páginas de La Guerra de Independencia, obra que coloca, por derecho propio, al doctor Pedro Roig en el selecto grupo de cubanos exiliados que, por lejos que estén de la tierra madre, jamás dejan de honrarla y servirle para enriquecer el patrimonio político-cultural que, en definitiva, no cree en la perpetuidad de regímenes de fuerza o dictaduras totalitarias.
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