El entierro del enterrador

Written by Libre Online

29 de octubre de 2024

Capítulo XI

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

Al fin, con estampido de voladores, vivas estentóreos y banderas tremolantes el tren se mueve. Lanza un pitazo prolongado; las pesadas ruedas de hierro ganan velocidad y difumada en humo la estación de Camajuaní queda a la zaga de una llanura tachonada de palmas reales, cercas de almacigos y yagrumas solitarias.

A la caída del sol arriban a la ciudad. Candelaria los aguarda.

-Los demás se aburrieron de esperar. Nadie supo decirnos a qué hora llegaba el tren. Generoso tenía un entierro tarde y había que preparar el motivito.

-¿Qué motivito? Estamos cansados -Felipito arguye.

-¡Nada de flojeras! -Candelaria se anima-. En mi casa Liduvina y su marido Perico están cocinando un arroz con pollo. Aquilino, tu hermano Tiburcio, Marisela, Genaro, Román el zapatero, Charito, Petrona y otros más, están embulladísimos con la llegada de ustedes. ¡El tiroteo de aguardiente empezó temprano!

-Me duele la espalda -Juana se queja-. Los asientos del tren son más tiesos que una yagua seca-. Mira a lo largo del andén que comienza a vaciarse y pregunta-. ¿En qué nos vamos para el barrio?

-En máquina de alquiler. El DeSoto de Lupina nos espera a un lado del Parquecito de los Mártires. Frente por frente a la Escuela Normal de Maestros. Y tú, Felipito agarra la maleta que ¡andando se quita el frío! -Candelaria los incita.

La celebración de bienvenida se prolonga hasta la medianoche. Se come, se bebe, se canta, se tejen planes y se habla de ocultismo.

Aquilino, que fue quien mató a los pollos para el arroz, diserta sobre la necesidad que el hombre tiene de halagar a los dioses con sacrificios de animales.

-¡Y muy importante! -acentúa, levantando su inseparable biblia -desangrar a la víctima mientras la sangre esté caliente.

-¿Y eso para qué…? -Juana denota interés.

Aquilino sonríe con aires de sabihondo. Apura el aguardiente que resta en el vaso y señala al zapatero.

-Dícelo tú, Román.

-La sangre es luz. Energía de la luz licuada. Si se cuaja pierde fuerza.

-¿Y qué coño es licuada? -Tiburcio interviene.

-Licuar es convertir las cosas duras en líquidas -Román explica.

-Pero la luz no es dura ni blanda; tampoco se puede tocar. No ha nacido el tipo que agarre un rayo de sol -Genaro discurre.

-Mejor cambiamos de conversación. El asunto es complicado y esta noche es para fiestar -el zapatero elude profundizar-. ¿Se acabó el arroz con pollo?

-En la cocina queda un poco -Candelaria responde.

Román hace ademán de incorporarse, pero Charito se adelanta.

-Deja viejo. Yo te sirvo.

-¿Y saben ustedes de dónde salen nuestros pulmones? -Aquilino reactiva el tema.

-¡De casa del carajo!, que es de donde salimos todos -Generoso afirma y ríe de su propia ocurrencia.

Aquilino mira el rostro de los presentes e insiste.

-¿A que no lo saben…?

-¡Acaba de decirlo! -Petrona, la mujer del herrero, lo conmina.

-De las alas de los ángeles.

-¡Caramba Aquilino, no me vengas con esa bobería! -Felipito salta.

-Los humanos descendemos de los ángeles -Aquilino es categórico-. Lo que pasó fue que al llegar a poblar la tierra la atmósfera del planeta no les permitía volar bien, y nutrirse de oxígeno les costaba trabajo. Entonces Dios, que es sabio, les borró la memoria anterior y de las alas hizo los pulmones. ¿No es verdad Román? -recaba apoyo.

Temas similares…

LIBRE EN LA MESA. Garbanzos Fritos

LIBRE EN LA MESA. Garbanzos Fritos

Por María C. Rodriguez Garbanzos Fritos Ingredientes 500g de garbanzos ya blandos 70g de chorizo 90g de jamón 50g de...

0 comentarios

Enviar un comentario