17 de diciembre: San Lázaro. Patrón de los enfermos y leprosos

Written by Libre Online

13 de diciembre de 2022

De la Redacción de LIBRE y fuentes anexas

San Lázaro 

En San Lázaro se da la confluencia de dos personajes distintos: San Lázaro, amigo de Jesús – que fue canonizado por la Iglesia Católica Romana – y Lázaro, el pobre mendigo representado como un anciano melenudo y barbudo que viste harapos y usa un par de muletas, con las piernas llenas de llagas y rodeado de perros, que siguen las masas populares:

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas”.

Origen

Lázaro es un nombre significativo en el idioma de Israel. Quiere decir: “Dios es mi auxilio”. Lázaro y sus dos hermanas, Santa María de Betania y Santa Marta, eran amigos de Jesús y le invitaban a su casa en Betania, cerca de Jerusalén, donde era amado y acogido.

Señal de su intimidad con Jesús es el hecho de que éste, aún yendo a resucitarle, luego de morir Lázaro, lloró, al contemplar el duelo de María y Marta. Uno de los milagros más grandes atribuidos a Cristo por la religión cristiana fue, precisamente el traer de nuevo a la vida a Lázaro. A estos episodios se limita la mención de Lázaro en el Nuevo Testamento. Según las tradiciones judeo – cristianas acompañó a San Pedro a Siria o que fue embarcado por los judíos en Jaffa en una nave que hacía agua y sin velas, con sus dos hermanas y otros cristianos hasta que llegó a la isla de Chipre. Lázaro fue, según esa tradición, elegido obispo de Kition y murió 30 años después.

En el siglo XI, la leyenda provenzal de Santa María Magdalena, pone a Lázaro como obispo de Provenza y muerto como mártir en Francia. Incluso el Papa Benedicto IX, al consagrar la Iglesia de San Víctor de Marsella, afirmó que sus reliquias estaban ahí (lo único cierto de todo esto es que hubo un Lázaro obispo de Marsella, pero en el siglo IV).

Su veneración

Su veneración es muy antigua. La gallega Eteria, una peregrina a Jerusalén en el siglo III, describe sobre la gran procesión que se hacía el sábado anterior al Domingo de Ramos al «Lazarium» o tumba de San Lázaro (esta procesión aún se celebra por parte de la Iglesia Ortodoxa).

En año 890, el emperador León VI construyó una iglesia y un monasterio en su honor en Constantinopla y trasladó allá una parte de las pretendidas reliquias, que se hallaban en Chipre.

La veneración a San Lázaro «de las muletas» existió y existe aún en la Iglesia (en San Nicolás de Bilbao se venera una estupenda talla). Vitrales, frescos, tallas, hablan de la veneración a este personaje, ligada junto a San Roque a los leprosorios y hospitales, pues padeció la lepra (aunque el Evangelio no lo dice). Además de las muletas y los perros, sus otros atributos son una campanilla o matraca, (instrumentos medievales que tenían que portar los leprosos para anunciar su presencia y la gente se alejara). Los cultos afrocubanos los han sincretizado a ambos, poniendo su fiesta en la del santo obispo y, desde entonces han ido juntos.

Culto en Cuba

Después de la Virgen de la Caridad, San Lázaro es el santo más venerado en Cuba.

Los devotos de San Lázaro le ofrecen grandes sacrificios, entre los cuales no está exenta la flagelación corporal. Cada día 17 de diciembre muchos de sus seguidores visten con tela de saco.

El centro del culto tenía lugar en el Santuario Nacional de San Lázaro ubicado en el poblado de Rincón. La efigie se coloca en las afueras de la iglesia, porque la institución no reconoce al San Lázaro que veneran los devotos. Delante, una sábana blanca sirve de alcancía donde se arroja el dinero. Muy cerca, una fuente emana un constante chorro de agua, supuestamente bendecida por la deidad y es llevada por los creyentes como un tesoro inapreciable.

A las 12 de la noche del 16 de diciembre, la muchedumbre hace silencio ante el advenimiento del Día de San Lázaro. A esa hora se produce la misa más importante de la jornada y el resto del tiempo, los párrocos se mantienen atendiendo a los penitentes, tratando de aliviar su dolor corporal y espiritual.

Es común que los penitentes mantengan en secreto el milagro, como parte de la mística que rodea sus acciones. Son múltiples los casos de familias que durante el año ahorran para hacerle ofrendas a San Lázaro, mientras otros van allí a rezar y meditar sus penas frente a la estatua del santo.

Orígenes

En 1781, cuando terminó de construirse el Real Hospital de San Lázaro, en la Caleta de Juan Guillén, el edificio constaba de dos plantas, con un frente monumental que servía de fachada a una iglesia ubicada al centro de la edificación en forma de cuadrilátero. Durante años este fue el templo visitado por los enfermos de lepra y devotos de San Lázaro o Babalú Ayé, en busca de ayuda espiritual y para dar cumplimiento a sus promesas, hasta que ambas instituciones fueron trasladas provisionalmente a Mariel, y luego al poblado de Rincón, en el municipio Santiago de las Vegas, como definitiva sede.

Al trasladarse el hospital para Rincón, como parte inseparable de este, a su entrada se erigió una sencilla iglesia, que en sus primeros tiempos fue de madera y tejas y contaba solo de una nave central, en la que por medio de falsos arcos se imitaba la existencia de otras dos laterales. En ese momento no tenía campanario, este se le construyó a principios de la década del 20 del siglo XX.

San Lázaro

San Lázaro 

En San Lázaro se da la confluencia de dos personajes distintos: San Lázaro, amigo de Jesús – que fue canonizado por la Iglesia Católica Romana – y Lázaro, el pobre mendigo representado como un anciano melenudo y barbudo que viste harapos y usa un par de muletas, con las piernas llenas de llagas y rodeado de perros, que siguen las masas populares:

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas”.

Origen

Lázaro es un nombre significativo en el idioma de Israel. Quiere decir: “Dios es mi auxilio”. Lázaro y sus dos hermanas, Santa María de Betania y Santa Marta, eran amigos de Jesús y le invitaban a su casa en Betania, cerca de Jerusalén, donde era amado y acogido.

Señal de su intimidad con Jesús es el hecho de que éste, aún yendo a resucitarle, luego de morir Lázaro, lloró, al contemplar el duelo de María y Marta. Uno de los milagros más grandes atribuidos a Cristo por la religión cristiana fue, precisamente el traer de nuevo a la vida a Lázaro. A estos episodios se limita la mención de Lázaro en el Nuevo Testamento. Según las tradiciones judeo – cristianas acompañó a San Pedro a Siria o que fue embarcado por los judíos en Jaffa en una nave que hacía agua y sin velas, con sus dos hermanas y otros cristianos hasta que llegó a la isla de Chipre. Lázaro fue, según esa tradición, elegido obispo de Kition y murió 30 años después.

En el siglo XI, la leyenda provenzal de Santa María Magdalena, pone a Lázaro como obispo de Provenza y muerto como mártir en Francia. Incluso el Papa Benedicto IX, al consagrar la Iglesia de San Víctor de Marsella, afirmó que sus reliquias estaban ahí (lo único cierto de todo esto es que hubo un Lázaro obispo de Marsella, pero en el siglo IV).

Su veneración

Su veneración es muy antigua. La gallega Eteria, una peregrina a Jerusalén en el siglo III, describe sobre la gran procesión que se hacía el sábado anterior al Domingo de Ramos al «Lazarium» o tumba de San Lázaro (esta procesión aún se celebra por parte de la Iglesia Ortodoxa).

En año 890, el emperador León VI construyó una iglesia y un monasterio en su honor en Constantinopla y trasladó allá una parte de las pretendidas reliquias, que se hallaban en Chipre.

La veneración a San Lázaro «de las muletas» existió y existe aún en la Iglesia (en San Nicolás de Bilbao se venera una estupenda talla). Vitrales, frescos, tallas, hablan de la veneración a este personaje, ligada junto a San Roque a los leprosorios y hospitales, pues padeció la lepra (aunque el Evangelio no lo dice). Además de las muletas y los perros, sus otros atributos son una campanilla o matraca, (instrumentos medievales que tenían que portar los leprosos para anunciar su presencia y la gente se alejara). Los cultos afrocubanos los han sincretizado a ambos, poniendo su fiesta en la del santo obispo y, desde entonces han ido juntos.

Culto en Cuba

Después de la Virgen de la Caridad, San Lázaro es el santo más venerado en Cuba.

Los devotos de San Lázaro le ofrecen grandes sacrificios, entre los cuales no está exenta la flagelación corporal. Cada día 17 de diciembre muchos de sus seguidores visten con tela de saco.

El centro del culto tenía lugar en el Santuario Nacional de San Lázaro ubicado en el poblado de Rincón. La efigie se coloca en las afueras de la iglesia, porque la institución no reconoce al San Lázaro que veneran los devotos. Delante, una sábana blanca sirve de alcancía donde se arroja el dinero. Muy cerca, una fuente emana un constante chorro de agua, supuestamente bendecida por la deidad y es llevada por los creyentes como un tesoro inapreciable.

A las 12 de la noche del 16 de diciembre, la muchedumbre hace silencio ante el advenimiento del Día de San Lázaro. A esa hora se produce la misa más importante de la jornada y el resto del tiempo, los párrocos se mantienen atendiendo a los penitentes, tratando de aliviar su dolor corporal y espiritual.

Es común que los penitentes mantengan en secreto el milagro, como parte de la mística que rodea sus acciones. Son múltiples los casos de familias que durante el año ahorran para hacerle ofrendas a San Lázaro, mientras otros van allí a rezar y meditar sus penas frente a la estatua del santo.

Orígenes

En 1781, cuando terminó de construirse el Real Hospital de San Lázaro, en la Caleta de Juan Guillén, el edificio constaba de dos plantas, con un frente monumental que servía de fachada a una iglesia ubicada al centro de la edificación en forma de cuadrilátero. Durante años este fue el templo visitado por los enfermos de lepra y devotos de San Lázaro o Babalú Ayé, en busca de ayuda espiritual y para dar cumplimiento a sus promesas, hasta que ambas instituciones fueron trasladas provisionalmente a Mariel, y luego al poblado de Rincón, en el municipio Santiago de las Vegas, como definitiva sede.

Al trasladarse el hospital para Rincón, como parte inseparable de este, a su entrada se erigió una sencilla iglesia, que en sus primeros tiempos fue de madera y tejas y contaba solo de una nave central, en la que por medio de falsos arcos se imitaba la existencia de otras dos laterales. En ese momento no tenía campanario, este se le construyó a principios de la década del 20 del siglo XX.



San Lázaro

¡Levántate y anda! – Dijo

la palabra del señor-

le resucitó su amor

y su mano te bendijo.

Por el sendero del hijo

echaste andar tu desvelo.

Y aún beben de tu consuelo

los que sangran por tu senda

para que el hombre se aprenda

las rutas que van al cielo.

Crece sol en tus raíces

de mundo resucitado…

Lavandero del pecado,

mártir de los infelices:

Boja de tus cicatrices

agua de veneración.

Y Cuba es un corazón

de azúcar que se le entrega

un corazón que te llega

por el dolor de un Rincón.

Francisco Riverón Hernández

Diciembre 1957

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