USA ES LA ÚNICA POTENCIA MUNDIAL Y LÍDER DEL NUEVO ORDEN

Written by Adalberto Sardiñas

17 de febrero de 2026

Los trascendentales eventos que, a nivel histórico global, se han desarrollado en la brevedad de los últimos seis meses – desde el bombardeo a Irán, la aniquilación de Hamas y Hezbolá y la espectacular remoción de Maduro del poder en Venezuela, son testigos irrefutables del poder hegemónico de Estados Unidos en el teatro político universal, que, de hecho, da comienzo a un Nuevo Orden Político. Entramos en una era en la cual el poder dominante lo ejerce la filosofía político-económica, y militar norteamericana como la única súper potencia del planeta.

Hasta mediados de la pasada década, la mayoría de los europeos creía que el orden de seguridad surgido después de la llamada Guerra Fría, sustentaba una aprobación universal que podría ser el modelo para el resto del mundo. Esa convicción no resultaba sorprendente, puesto que Europa ha, frecuentemente, jugado un papel central en los asuntos mundiales por infinitos años. Europa entonces dictaba un Orden Mundial a veces no compartido por Estados Unidos que sostenía que el uso de la fuerza, en ocasiones, producía resultados prácticos positivos, en vez de la proposición europea de diplomacia, flexibilidad y tolerancia que entre otras calamidades trajo la ocupación de Crimea por los rusos.

¿Funcionó la dulce flexibilidad diplomática de Europa para prevenir el atropello ruso en Crimea? ¡No! Pero sí trabajó, eficiente y prácticamente, la posición americana mantenida por Ronald Reagan, de negociación a través del poder.

De esta manera en 1989 los líderes comunistas de Europa se rinden, sin ofrecer resistencia, y el Muro de Berlín cae para júbilo mundial.

Comenzaba un nuevo capítulo en el entorno geopolítico universal con el colapso de la Unión Soviética, y crecía, en proporción mayúscula, la preeminencia  político-militar-económica de Estados Unidos como la primera potencia global.

No sólo había terminado la Guerra Fría, o incluso, en un sentido formal, la Segunda Guerra Mundial, sino el sistema político reinante por cientos de años; había caído, también, el balance de poder y la urgencia imperial.

Por su parte, Putin, gestionaba con algunos aliados que le quedaban, establecer un Nuevo Orden que le permitiera una sobrevivencia en el poder por largo tiempo. Fracasó en lo primero, porque no tenía ni la autoridad ni la fuerza. Ya Rusia no era una potencia, pero logró su objetivo de permanecer en el poder, pareciera que casi a perpetuidad.

Sorprendentemente, hasta la invasión de Ucrania por las hordas de Putin, hace cuatro años, el público, los gobiernos, y las élites europeas vivían, ilusoriamente, alentados por la esperanza de que la interdependencia económica era la fuente más viable para la seguridad de Europa, aunque, de hecho, paradójicamente, seguían buscando, afanosamente, la seguridad que le garantizaba Estados Unidos. La sombrilla atómica de América era la realidad. Lo otro era nada más que una utopía, un sueño quimérico de verano.

Todo este preámbulo nos trae al momento presente, en que, Estados Unidos, se coloca dentro de otro momento unipolar, dentro del cual un solo Superpoder domina la escena global y establece un nuevo orden. Sin embargo, ésta no es materia nueva. Había acontecido antes, a consecuencia de la Primera y Segunda Guerras que devastaron a Europa, plus la implosión del Bloque Soviético y la histórica caída del Muro de Berlín. Quizás fue ésa la última vez que EE.UU. disfrutó el role de única Superpotencia.

La última lucha de competencia entre los grandes poderes para alcanzar la cima hegemónica ha terminado, y USA es el ganador. Es la voz más alta, potente, y con mayor autoridad en la comunidad de naciones del planeta, capaz de liderar el camino en el Nuevo Orden Mundial que ya comienza.

Empero el status de Súper Power no se hereda, ni es producto fortuito de la casualidad. Depende para su fortaleza de factores económicos, sociales, políticos y militares. 

Y es, la nación americana, la única que aglutina esos factores. China, a pesar de su notable avance tecnológico y económico de los últimos 30 años, está en segundo lugar, muy atrás de Estados Unidos. China, sin duda, permanece como un enemigo formidable capaz de crear serios conflictos en Asia, especialmente en Taiwán, pero desde el Oriente Medio hasta las américas, es Estados Unidos quien comanda la agenda a seguir, mientras que China sigue envuelta en una crisis de liderazgo. 

Rusia, por otra parte, es una potencia en sólo dos sectores: reserva petrolera y armamento nuclear. ¿Es la Federación rusa, en verdad, una legítima potencia? Ucrania es la respuesta. Todavía está ahí, después de cuatro años de ser invadida.

Y en Venezuela, los radares montados para proteger militarmente al régimen, no funcionaron cuando los marines extrajeron a Maduro de su cueva. 

Resulta atractivamente fascinante, -por lo desacostumbrado- ver cómo, en la cronológica escasez de sólo un año, la administración de Donald Trump ha dominado, circularmente, el panorama global de la política mundial en escala no vista desde la década de los 90, o quizás, más allá, desde la Segunda Guerra Mundial.

La presente agenda americana es clara. Queremos ser dueños de nuestra casa. No toleraremos la presencia, injerencia e interferencia de potencias foráneas en nuestro traspatio. La política hemisférica será dictada por América bajo principios democráticos. Entra de nuevo en ejercicio la Doctrina Monroe.

Y calificamos de fascinante esta inusitada actividad porque lo es en términos de tiempo y conceptualización. En una metamorfosis vertiginosa, nueve países hispanoamericanos han echado al basurero a gobiernos radicales izquierdistas para ser substituidos por gobernantes de centro-derecha. Lo mismo acontece en Europa con promesas de expansión. Son los primeros pasos en esta suerte de ostensible rebeldía política con un pie en Europa y otra en el Continente Americano.

Precisamente, por el fracaso del radicalismo de izquierda en el manejo del aparato del Estado, – “el Estado es la solución de todo”- la universalidad de la facción política centro-derechista se ha coordinado alrededor de las aspiraciones individualistas del hombre, así en lo intelectual como en lo económico.

En fin de cuentas, y coincidentemente, 2026 promete ser el inicio del proceso catalizador que cambie, en muchos inesperados aspectos, las actuales condiciones en las que se desenvuelve el mundo presente. 

El eventual total desarrollo de la Inteligencia Artificial -ahora en su infancia- tendrá, para bien o para mal, repercusiones dramáticamente antípodas. Por un lado, enormes avances técnicos médicos, y por el otro, penosos momentos por la temida pérdida de millones de empleos en la siguiente década.

Tendremos una canasta repleta de pluralidades con América a la cabeza como máximo productor petrolero, director en jefe del Nuevo Orden que se inició el pasado enero, el uso de aranceles como empoderamiento político y posible método de ingreso para el tesoro nacional, y, sobre todo, el indiscutible status de única Superpotencia en el planeta Tierra. 

Conviene advertir, a pesar de que esto se trasluce a través de todo el artículo, que ausente una tragedia, como, por ejemplo, el desate de la Tercera Guerra Mundial, -quiera Dios que nunca ocurra- el futuro de la nación americana luce más próspero, brillante y abundante que desde el principio del siglo XX. 

El mundo seguirá girando, indefectiblemente, pero con grandes cambios.

Y el eje seguirá estando en Washington.

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