SEIS DÉCADAS Y UNA ALEGORÍA EN ESTE 3 DE ENERO

Written by Libre Online

20 de enero de 2026

Gustavo Sánchez Perdomo

Es muy pronto para concluir de manera irrefutable si con la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero se cerró un ciclo en la historia de la geopolítica contemporánea cuyo inicio pudiera situarse en fecha análoga hace 60 años en La Habana, al inaugurarse la Primera Conferencia Tricontinental.

El régimen cubano, tan proclive a glorificar el pasado y a pregonar expectativas absurdas, había convocado a un foro habanero para marcar el aniversario 60 de aquel evento. Estaba comenzando días atrás y es fácil imaginar como habrá caído en la sala de sesiones la información de lo que acaba de ocurrir en Caracas, señal inequívoca de que había caído el telón y de que la noche anterior había terminado una pieza y con ella una época.

A mediados del año 1965 Fidel Castro estaba viviendo en el acmé de su popularidad. Se aprestaba a unificar políticamente el país después de que en Estados Unidos le habían pitado fin de partido a los pocos valientes que desde el exterior intentaban organizarse para combatirlo. Al mismo tiempo en la Sierra del Escambray iban cayendo poco a poco los guerrilleros que se habían alzado contra su gobierno. En cuanto a Che Guevara él y su hermano Raúl se lo habían quitado de encima: andaba por “otras tierras del mundo”. El dictador cubano podía girarse sin riesgo hacia el escenario internacional para erigirse en conductor de los pueblos del Tercer Mundo. Secundado en su megalomanía por otros agitadores de su talante y aprovechando hábilmente la rivalidad entre la URSS y China, sonó el cornetín atrayendo a la isla a 82 delegaciones de países y movimientos como reanudación corregida y aumentada de la Conferencia de Bandung en 1955. El Sur Global estaba naciendo y nadie salvo Fidel lo captó cabalmente.

Hace tres meses, coincidiendo con el sexagésimo aniversario del secuestro y ulterior asesinato de Ben Barca, se puso en venta en Francia un libro (1) que esclarece retrospectivamente un hecho que en su momento estremeció a este país, entre otras cosas porque el conocido opositor marroquí estaba en París a petición del presidente De Gaulle con quien iba a entrevistarse.  Gracias a los autores se confirma que el dirigente independentista fue víctima de un complot urdido desde Rabat por el Rey Hassan II que ordenó su ejecución a altos oficiales de la Seguridad del Estado marroquí secundados por media docena de cómplices franceses.

A Ben Barka lo liquidaron, literalmente se esfumó, cuando casi terminaba de atar cabos por medio mundo para concretar la gran reunión en La Habana cuya comisión preparatoria presidía. Y es ahora, gracias a más de cinco años de investigaciones y a la apertura de los archivos de la policía política de la antigua Checoeslovaquia (la STB) que se ha sabido que el marroquí era desde 1960 un agente y un soplón asalariado por los comunistas checos.

El elemento más novedoso no es lo antes expuesto.  Durante más de medio siglo ni en Francia ni en Marruecos se ha podido consultar el dossier Ben Barka por estar etiquetados Secreto de Estado en ambos países. Pero al aparecer los documentos liberados en Praga se ha visto con claridad que Israel cooperó activamente con los marroquíes en el sórdido empeño.  La revelación no es tan sorprendente porque es sabido que desde la década 1950 hasta nuestros días contactos vaso comunicantes han existido a todos los niveles entre ambos países.

Cuba y su maquinaria de propaganda acusaron públicamente en 1966 a la CIA como responsable colateral de la desaparición de Ben Barca enmarcándola en un empeño anticubano. Sin embargo, otros elementos hacen pensar que rápidamente La Habana había dispuesto de elementos que iban en sentido contrario. En efecto, venido a París como testigo de la familia del secuestrado durante el juicio que se radicó en contra los cómplices franceses, Osmany Cienfuegos declaró sibilinamente ante el tribunal que “era posible pensar que el secuestro hubiera sido hecho sin la intervención de agentes americanos”. Y lo dejó así, de suerte que de manera inhabitual esa importante sugestión consta en las grabaciones del juicio, pero no en sus actas. 

Lo anterior avala que las competencias de la contrainteligencia del castrismo eran significativas y es probable que cuando el juicio tuvo lugar en Septiembre de 1966, La Habana supiera más que los propios franceses. Prueba de ello es que el mismísimo General de Gaulle recibió en Palacio al embajador Antonio Carrillo el 26 de marzo de 1966, visita solo señalada como “protocolar” en la agenda del presidente.  

Sesenta años más tarde acabamos de vivir la captura de un dirigente extranjero por parte de la primera potencia mundial. A la hora de redactar estas líneas, asociando la espectacular acción a lo que sucedió tiempo atrás entre Rabat, París y La Habana cabe preguntarse cuanto tardaremos en saber cuáles han sido los factores que coadyuvaron para que Nicolás Madura fuera a parar a una cárcel en Brooklyn a fin de ser presentado a los tribunales estadounidenses.

Otros tiempos, otros protagonistas y otras perspectivas. Pero se impone concluir que, si bien el mundo ha cambiado de 1966 a la fecha, pese a su poco peso específico Cuba continúa sobreviviendo como régimen dictatorial e intervencionista más allá de lo que no pudieron lograr y de lo que no cesan de enmascarar ante la Historia. El futuro continúa siendo cada día más comprometido para los cubanos de adentro y de afuera.

1.             L’Affaire Ben Barka, de Stephen Smith y Ronen Bergman, Editorial Grasset, París. Noviembre 2024

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