Amasan billones de dólares en GAESA, el conglomerado controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias y, directamente, por la familia Castro, única dueña de la enorme fortuna acumulada, producto de la explotación inmisericorde de su oprimida nación y el robo total de todos sus recursos; y no tienen el menor escrúpulo en pasear por el mundo disfrutando de lujosos yates y estadías en magnos hoteles, ignorando alegremente todos sus crímenes y el terrible sufrimiento infligido a su denostado pueblo. ¡Qué denigrante ejemplo y qué perversa herencia dejó Fidel Castro Ruz a sus mezquinos herederos y adláteres! ¡Qué manera tan despótica de odiar a Cuba y al pueblo cubano! ¡Qué saqueo más absoluto!
El mayor infortunio de nuestra nación, —y quizá el mayor remordimiento moral en la conciencia íntegra de la cubanía—, es que en nuestro propio suelo, en el seno mismo de nuestra patria y nuestras familias, engendramos esta ralea perniciosa de malvados y depredadores llenos de odio, venganza, envidia y resentimiento, capaces de destruir a toda una nación, con tal de ver despojados de sus bienes injustamente, empobrecidos, aplastados, angustiados, y destrozados a millones de sus compatriotas.
¡Miles se sumaron a esa infamia!
¡Miles lo siguen haciendo!
Y ese ha sido nuestro mayor infortunio.
En el porvenir de nuestra renacida nación, en el enorme mural de la Plaza Cívica, deberá colocarse únicamente el rostro ilustre del mayor de todos los cubanos, nuestro preclaro apóstol José Martí.
Allí, bajo su venerable rostro, en grandes letras de bronce incrustadas en el farallón, tiene que aparecer uno de sus más célebres y certeros pensamientos, como recordatorio perenne —y, sin duda, como un justo y necesario “Acto de Contrición” para todo el pueblo de Cuba—:
“Los hombres se dividen en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen”
Y en el farallón opuesto, en la misma plaza, otro de sus sublimes proverbios como severa advertencia a los futuros gobernantes: “La patria es ara, no pedestal”.
Entonces, Cuba volverá a soñar, volverá a reír, ¡volverá a vivir! Y atrás quedará para siempre la espeluznante página de “la baja revolución del odio”.
Felipe Lorenzo
Hialeah, Fl.
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El pavoroso prontuario de ignominias, sin embargo, no concluirá hasta que se produzca el desplome final de la siniestra satrapía Castro-comunista, una pesadilla vesánica que jamás debió ocurrir y que jamás debe repetirse. Y habrá que recordar y honrar, igualmente, el ¡cónico precepto del gran procer mejicano Benito Juárez:
«El respeto al derecho ajeno, es la paz» Así llegamos, tristemente, al arribo de otro primero de enero… ¡Qué desgracia!
En la Cuba del futuro —aunque tome décadas lograr el resurgimiento económico, social y moral—, habrá que celebrar el primero de enero, no como la bienvenida a un nuevo año, sino como una fecha de «Luto Nacional», el aniversario luctuoso del terrible día en que descendieron —sobre el desafortunado destino de su pueblo—, las tinieblas y el horror. La patria cubana no merece otra cosa.
Felipe Lorenzo Hialeah FI







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